Rolando Gallego
11/05/2016 13:43

Qué es el cine. Cómo nos atraviesa. Cuáles son las herramientas y significaciones que nos otorga para comprender el mundo. Son sólo algunas de las cuestiones que de desprenden de Los Píxeles de Cézanne, el libro que Caja Negra Editora recientemente ha editado de Wim Wenders y que incluye muchos de sus escritos sobre el cine, la cultura popular, los directores, y, el objeto que da origen al título, el arte pictórico.

Pina

(2011)
8.0

Con una manera particular de narrar y relatar, Wenders recorre el universo que lo rodea y destila información a partir de sus propias impresiones. Así, mientras en alguno de los capítulos reposa su mirada en Pina Bausch o en Michelangelo Antonioni, y las colaboraciones con ambos, en otro habla sobre la obra de Peter Lindbergh.

“La fotografía de modas es un mundo lleno de glamour, embriagador y por momentos chocante que de vez en cuando nos da de lleno en algún nervio, nos sacude en nuestros sueños y deseos más ocultos”, repasa, para luego complicar la propuesta a partir de su complejo y a la vez simple análisis de imágenes y cómo ellas nos determinan.

Bucea en la obra de Edward Hopper, analiza varios de sus cuadros, lo toma como el exponente de un momento que no volverá relacionado a la captura emotiva de un instante particular de la cultura, y en esa reflexión, hay un profundo dolor sobre aquello que se perdió y ya no se tiene.

Porque justamente aquello que impregna todo el libro es una profunda nostalgia sobre aquello que no está, que se fue, que se evaporó, y que él, como hombre que participa de la configuración de la cultura, intentará recuperar a partir de palabras, sueltas, ligeras, que van formando frases, contundentes, y a la vez bellas.

Si habla de Ingmar Bergman, es sobre su capacidad para determinarlo a él como uno de los directores contemporáneos más importantes del mundo, como así también si lo hace sobre Antonioni. Nunca juzga, sólo relaciona, su obra y las de los demás, para también posicionarse en el lugar de espectador y de director que posee una formación continua.

Toma a Anthony Mann como uno de los mejores exponentes del cine, aquel hacedor de sueños que puede a partir de imágenes, construir una película que se pueda entender sin siquiera tener volumen audible.

Los pixeles de Cézanne, además rescata discursos o ponencias que el director dio a lo largo de su carrera, y en cada una, a su manera, se habla de verdades contundentes al pasar, así en uno de los que preparó para Pina Bausch dice como al pasar “a menudo pienso que las cosas más simples de la vida humana y de la comunicación son, al mismo tiempo, las menos exploradas y las más enigmáticas”, y cala hondo con su simpleza reflexiva.

Un capítulo dedicado a Yasujiro Ozu, habla de su capacidad para sorprenderse, aun siendo uno de los directores más importantes y creadores de la historia del cine, con películas, y dice de Ozu: “nunca hubiera sabido (tal vez hasta el día de hoy) que en algún momento existió algo así como el paraíso (hace tiempo perdido) de la cinematografía”.

Y si él se sorprende, nosotros aún más, con cada palabra, pensada, estudiada, que vuelca en los capítulos que componen el libro. Un viaje al cine, a su historia, al proceso creativo, a la cultura en general, desde la mirada sólida y potente de Wim Wenders.

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