Alejandro Turdó
17/11/2015 12:40

Presagio, de Matías Salinas, la película ganadora en el Festival Nocturna de Madrid y premiada en el Latinoamérica Blood Window tuvo su presentación en el 16 Buenos Aires Rojo Sangre que se lleva a cabo en el cine Monumental de Lavalle. También se vieron las fallidas producciones argentinas Hotel infierno y Un cuento latinoamericano.

Presagio

(2015)

Con la presencia de su director Matías Salinas se pudo ver el largometraje de 89 minutos que forma parte de la Competencia Iberoamericana, y el propio Salinas relató cómo fue dando forma a una historia que empezó a filmar como pudo, con una cámara casera y conforme el proyecto adquiría forma logró elevar el nivel de la producción.

Presagio cuenta la historia de Camilo, un escritor atormentado por la muerte de su esposa y su pequeño en un accidente automovilístico, hecho que él mismo experimentó de forma premonitoria en un sueño. Un psiquiatra ayuda al escritor a intentar reconstruir su vida mientras buscan develar el misterio que se esconde tras el proceso de creación de su más reciente novela llamada “El lado oculto” y la aparición de un hombre misterioso que atormenta a Camilo.

Desde el inicio se percibe una riqueza visual y compositiva pocas veces vista es un director tan joven. Las secuencias oníricas están cargadas de simbolismo y hacen difícil discernir entre la realidad y la ensoñación. La mezcla del materiales con distintos niveles de calidad ayudan a representar las dos realidades del escritor y potencian la historia.

Desde lo narrativo es posible que el film se empantane un poco justamente en su parte media, dando la sensación de demorarse más de lo necesario la llegada del tercero acto. Y hablando precisamente del final, estamos frente a una historia con un punto de giro que se apoya justamente sobre otro punto de giro. Algunos adorarán este recurso que nos tira un gancho a la mandíbula cuando todavía nos estamos recuperando de la embestida previa, y tal vez otros lo consideren un exceso, un overkill como dicen los yanquis. Lo importante de todo esto es saber que nuestro terror de género tiene historias para contar y no sufre el dilema de la hoja en blanco...

En Un cuento latinoamericano (2015), de Juan Manuel Rampoldi (El desafío, 2015) nos enfrentamos a un film que comienza en clave Sucesos Argentinos -al igual que los recordados micros noticiosos que se solían ver en las salas argentinas en la década del ’40- y plantea una historia en la cual el general Juan Domingo Perón llevó a cabo a principios de su primer mandato presidencial el experimento de conformar una nueva sociedad ideal latinoamericana en algún lugar de nuestras fronteras. Dicho lugar estaba conformado por personas de todos los rincones de latinoamerica y un puñado de prostitutas para mantener a los hombres entretenidos. Pero cuando el gobierno del general es derrocado en 1955 el experimento es terminado abruptamente y las mujeres de la noche son las primeras en ser quemadas en la hoguera.

Lo expuesto en el párrafo anterior llega al expectador en forma de placas informativas, y es lo único medianamente concreto que podremos obtener de este film, tan experimental como esa sociedad ficticia que describe. Lo que veremos en los que resta de los 82 minutos de duración total sera un conjunto de escenas efímeras, diálogos supefluos y acciones inconexas que suponemos guardan algún tipo de simbolismo -difícil de interpretar- si no las vemos bajo la misma lupa que usaríamos para analizar films convencionales.

Las cinco prostitutas en cuestión son representantes de distintos países de nuestro cono sur según se puede discernir por sus acentos -Colombia, Venezuela, Brasil, etc- y conviven en lo que son las ruinas remanentes de su antiguo poblado idílico. Independientemente de un conflicto o trama propiamente dicho, que podríamos considerar inexistente, la pieza se percibe en realidad como un ensayo sobre el poder del feminismo, el rol de la mujer dentro de un determinado orden social y los fantasmas de una época de la historia argentina que al día de hoy siguen presentes.

La poca cohesión narrativa y la sensación de falta de dirección en una trama que no va a ningún lado son dos cuestiones de peso, dentro de un film que desde su diseño diseño de arte y entramdo visual es muy atractivo, cuestiones que a pesar de ser sumamente meritorias no alcanzan para compensar aquellos aspectos menos logrados. Una idea que tal vez hubiese funcionado mejor como cortometraje antes que como largo.

Otra de las películas de la Competencia Iberoamericana que tuvo su estreno en el 16 Buenos Aires Rojo Sangre , Hotel infierno (2015) es la ópera prima de Marcos Palmeri, una película que llega a los espectadores luego de muchos sacrificios y tres años de realización.

Todo comienza cuando una pareja se pierde con su auto en medio de la tormenta y busca refugio en un antiguo hotel alejando de todo. Su dueña llamada Remedios (interpretada por una intensísima María Alejandra Figueroa) los acoge en la posada que atiende junto a sus dos hijos mellizos, un varón y una jovencita que buscan averiguar la verdad sobre su fallecido padre, algo que su madre se niega a charlar. Un extraño jardinero completa el staff del lugar.

Cuando un hombre y una mujer se hospedan en el hotel, la ultra-religiosa Remedios comienza a actuar más extraño que de costumbre, al mismo tiempo que sus hijos comienzan a intentar contactar a su difunto padre utilizando un extraño libro que encontraron en el sótano.

Es justamente el propio hotel uno de los puntos a favor más vistosos de la producción, se lo percibe como un personaje más gracias a su arquitectura y al logrado diseño de arte. Se siente como una estrucutura de muchos años cargada de secretos y misterios. En Hotel infierno todo se apoya en el clima opresivo y ominoso sobre el cual se desarrolla el relato.

Conforme avanza la trama conocemos más y más sobre el oscuro pasado del lugar y sus dueños, pero llegamos a un punto en que las acciones parecen acumularse sin ningún otro objetivo que llevarnos hasta el inexorable deselance, y es a través de este trayecto donde ciertos puntos argumentales se sienten forzados y no tan pulidos. El final de todas formas se guarda una sorpresa más para el espectador atento que no dejó pasar por alto los detalles.

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