Juan Pablo Russo
23/06/2015 13:34

El cine brasileño también tuvo su lugar en el 25 Cine Ceará con las premieres mundiales de Real Beleza de Jorge Furtado, un melodrama contemporáneo, y Cordilheirasno Mar: a Fúria do Fogo Bárbaro, documental de Geneton Moraes Neto centrado en la figura de Glauber Rocha. Dos películas que más allá de sus buenas intenciones no son otro cosa que meros productos televisivos. En las antípodas de estas producciones pude verse la magistral Cavalo Dinheiro, del portugués Pedro Costa.

Real Beleza

(2015)

Resulta casi inexplicable como después de O Mercado de Notícias (2014), documental que ponía en crisis el rol de los medios de comunicación en Brasil, lo nuevo de Jorge Furtado sea la fallida historia de Real Beleza (2015), un melodrama de dimensiones tan forzadas que se vuelve inverosímil pese a pretender lo contrario.

Un fotógrafo recorre Brasil en busca de un rostro joven para el lanzamiento de una nueva modelo. En esa búsqueda casi imposible encuentra a una joven de 16 años que lo subyuga. Si el espectador piensa que la historia de amor va por ese lado está equivocado, porque entre autorizaciones y reuniones familiares el treintañero fotógrafo terminará involucrado con la madre de la joven, una cuarentona casada con un anciano casi ciego que habita un desolado paraje campestre.

La historia con tintes novelescos (al mejor estilo Avenida Brasil) es tan forzada que todo lo que sucede resulta increíble de creer. Desde el romance, las vueltas de tuercas, las complicidades del entorno y hasta las edades de los protagonistas. Pero lo positivo (y que en un punto justifica todo) es que Real Beleza está pensado como un producto comercial y sin ningún otro tipo de pretensiones. Además, posee la virtud de la dinámica, con un relato y montaje fluido.

En otro contexto tal vez Real Beleza hubiera aprobado el examen, pero en una competencia con obras como Jauja, Cavalo Dinheiro o El club su pasaje por el 25 Cine Ceará resulta casi inexplicable.

La segunda película brasileña en competencia resultó Cordilheirasno Mar: a Fúria do Fogo Bárbaro (2015), film de Geneton Moraes Neto centrado en la figura del cineasta Glauber Rocha. Un documental sin ningún tipo de recurso cinematográfico que apela al recurso de la trillada y monótona entrevista para hacer foco en un hecho puntual de la vida de Glauber Rocha: el apoyo al proyecto de apertura política dirigida por el general Ernesto Geisel y sus consecuencias.

El problema al que se enfrenta Geneton Moraes Neto en Cordilheirasno Mar: a Fúria do Fogo Bárbaro es al de la forma. Una sucesión de cabezas parlantes, algunas interesantes, otras que reiteran lo ya expresado, y unas últimas que no tienen ningún sentido, mezcladas con un monólogo sobreactuado de un actor que intenta representar a Glauber Rocha, dan como un resultado un producto meramente televisivo, excesivo en su duración y sin ningún tipo de vuelo poético, alejado en todo sentido del Glauber Rocha cineasta y cuya única pretensión pareciera la de abrir la polémica.

En una linea artística y estética opuesta se presentó la portuguesa Cavalo Dinheiro, una película de regresos. Del regreso de Pedro Costa a los largometrajes tras varias incursiones en el formato corto. Y es también –y sobretodo– el regreso a un actor, Ventura, el caboverdiano inmigrado en Lisboa desde hace décadas, con quien el cineasta ya colaboró en Juventud en marcha (2006) y en tres cortos.

Arrebatadora, onírica y fantasmagórica, Cavalo Dinheiro es también un regreso al pasado reciente de un país, a las memorias de la revolución de 1974, y a las vivencias de la comunidad africana en un país ex colonizador aprendiendo los retos de la democracia. Ventura surge acompañado por dos otros inmigrantes cabo verdianos, Vitalina Varela y Tito Furtado. Y los tres, como tantos otros, podrían ser marionetas de un sistema trágico de cuyo destino no pueden escapar. La canción Alto Cutelo, del grupo Os Tubarões –que suena dos veces en la película, una en su versión original, otra cantada por Ventura– no especifica ese destino, pero su letra nos deja algunas pistas sobre las vidas de la diáspora caboverdiana en la metrópoli: mano de obra barata, lejos de su país, explotada en los astilleros navales de Lisboa.

Pero todo esto –las memorias, las referencias políticas, la canción que rompe momentáneamente con la austeridad de la película–, todo esto escapa al filtro de una narración convencional y cronológicamente coherente, como si el pasado y el presente se deconstruyeran para que después se fusionaran otra vez en una serie de poderosos tableaux vivants magníficamente construidos por la cámara de Pedro Costa y de Leonardo Simões.

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