EscribiendoCine
13/03/2015 12:13

Desde mediados de marzo de 2015, se desarrollará el rodaje de la nueva película de Gustavo Fontán (El rostro, La casa, El árbol, entre otras). El limonero real será filmada íntegramente en el barrio santafesino de Colastiné (provincia de Santa Fé) cerca de donde el autor del libro tenía su casa y donde efectivamente sucede el relato en la novela.

El limonero real

(2016)

La película está protagonizada por Germán de Silva en la piel de Wenceslao, el director y guionista cordobés Rosendo Ruíz en el rol de Rogelio, la actriz Patricia Sánchez (Ella) y la actriz Eva Bianco (Rosa); y está co producida por Insomnia Films, Tercera Orilla y el INCAA. OBRACine compañía boutique que distribuyó El rostro, tiene a su cargo las ventas internacionales y su distribución nacional.

La adaptación del guión ha sido realizada por el mismo Fontán y al igual que en sus films anteriores, el director nos sumerge en un entramado, conformado por la memoria y la percepción y todo, en la medida que se vuelve ceremonia, se convierte en materia narrativa.

En El limonero real, una familia de pobladores del río Paraná se dispone a compartir el último día del año. Son tres hermanas, con sus maridos e hijos, que viven en tres ranchos, a la orilla del río, separados por espinillos, algarrobos y sauces. Aunque Wenceslao intenta convencerla, su mujer se niega a asistir a casa de su hermana para participar del festejo. Dice que está de luto: su único hijo, murió hace seis años. También sus hermanas y sus sobrinas se desplazan para convencerla. Pero Ella sigue firme en su negativa: está de luto.

El río omnipresente, las variaciones de la luz, el baile festivo, el sacrificio del cordero y la comida, el vino y los cuerpos, todo es atravesado, desde la percepción de Wenceslao, por las dos ausencias: la de su mujer y la de su hijo muerto, cuya figura emerge cada tanto, otorgándole al relato una densidad creciente.

Desde el alba –“Amanece. Y ya está con los ojos abiertos”- hasta el regreso de Wenceslao al rancho después de la medianoche, cada acción cotidiana se vuelve ceremonia y el tiempo una espiral de sensaciones y recuerdos.

"La historia, en la novela de Juan José Saer, es apenas un conjunto de pequeños sucesos. Lo que entendemos por trama en este caso no tiene que ver con el desarrollo prioritario de un argumento, sino por el entramado, que esos propios hechos conforman con la memoria y la percepción. A modo de cualidad contemplativa, el movimiento de la luz y de la sombra, el modo de descabezar un pescado o de matar al cordero, las miradas y los vínculos, el desplazamiento de las canoas, el sonido del agua y de los pájaros, los propios recuerdos, todo, en la medida que se vuelve ceremonia, se convierte en materia narrativa", dice Gustavo Fontán

Luego agrega: "Entiendo (salvando todas las distancias, incluso las de lenguaje) que a partir de mi película El árbol, ésta fue mi principal búsqueda poética. (Digo poética como toma de posición, como la afirmación de una búsqueda frente a lo real y frente al cine). En ella, la pequeña historia -un matrimonio, ya grande, discute si la acacia frente a la puerta de su casa está viva o muerta-, era recorrida con la intención de que la idea del paso del tiempo no fuese sólo tema depositado en el argumento, sino material sensible, sustancia audiovisual. A partir de ahí definí un camino que encuentra ahora un momento de suma importancia (así lo espero) en la adaptación de una novela amada, bellísima, dolorosa".

"Por eso hago mías las palabras de Saer: “Escribir (filmar) es sondear y reunir briznas o astillas de experiencia y de memoria para armar una imagen”. También hago mío el interrogante que subyace en El limonero real: ¿cómo acceder a lo real y expresarlo?", agrega para finalizar.

La escritura de Juan José Saer ha sido reconocida por la crítica especializada como una de las más valiosas y renovadoras en el ámbito de la lengua española contemporánea. El limonero real (1974) representa un punto de condensación central en su vasto proyecto narrativo. Es la novela de la luz y de la sombra, cuyos juegos y alternancias puntúan el transcurso del tiempo; es la novela de las manchas que terminan, finalmente, por componer una figura; es la novela de la descripción obsesiva de los gestos más triviales, de las sensaciones y las percepciones, de las texturas y los sabores.

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