Benjamín Harguindey
26/09/2014 13:32

El actor Benicio Del Toro, premio Donostia del 62 Festival Internacional de Cine de San Sebastián, presentó dentro de la sección Perlas Escobar: Paraíso perdido, una especie de telefilm donde el personaje del narco colombiano Pablo Escobar está puesto en un segundo plano. Asi y todo se deja ver. En la Competencia Internacional se vio Tigers, lo nuevo de Danis Tanovic, con una película de denuncia.

Escobar: Paraíso perdido

(2014)

Benicio Del Toro se pone en la piel del narcotraficante colombiano Pablo Escobar en  Escobar: Paraíso perdido. Pero la historia no se centra realmente en él, sino en el gringo (“¡Soy canadiense!”) que corteja a su sobrina y sufre en carne propia el infortunio de unirse al círculo familiar el rey cocalero.

El extranjero en tierra extraña es Nick (Josh Hutcherson), un surfista que en compañía de su hermano monta negocio en la costa selvática de Colombia hacia 1991. Allí conoce a la bella María (Claudia Traisac), quien intenta aleccionarle en turismo. “Ustedes los yanquis vienen y se creen que han encontrado el paraíso,” le dice, “Mientras ignoran todos los problemas del país”. Crítica irónica, porque ella misma ignora (o elige ignorar) los negocios de su tío Pablo (Del Toro).

La primera mitad de la película nos muestra la relación entre Escobar y Nick, a quien recibe como hijo propio en su exuberante hacienda. Del Toro se roba todas las escenas en las que aparece. Escobar ama conjugar a su extensa familia en pomposas sesiones de fotografía y filmaciones que él mismo dirige. Tiene debilidad por el oro y las posesiones extravagantes. En una escena invita a Nick a sentarse en un coche agujereado a balazos. “En este auto mataron a Bonnie y Clyde,” le dice. “Tú estás sentado donde mataron a Bonnie”.

La segunda mitad de la película lidia con el dilema personal de Nick sobre si llevar a cabo o no ciertas órdenes de Escobar, quien se está preparando para entregarse voluntariamente a prisión. La tensión se mantiene constante a lo largo de una larga secuencia de escape y persecución, bastante realista en su desarrollo y conclusión. Nick no es ningún héroe de acción, aunque el miedo y la desesperación por mantenerse vivo sacan lo mejor de él.

Escobar: Paraíso perdido disfruta de la fuerte caracterización que hace Del Toro de Escobar. Nos deja con ganas de verle de protagonista, de tenerlo en el centro y no en los laterales de la película que lleva su nombre. De todas formas Hutcherson está bastante bien como contrapunto espectatorial. El estrecho foco de la película le da un gusto a telefilm, pero la historia de cómo “Nadie huye de Pablo Escobar” es una buena forma – acaso parabólica – de abordar la figura.

En el apartado competitivo se presentó Tigers, regresó al cine del bosnio Danis Tanovic – ganador del Oscar con su ópera prima En tierra de nadie (No Man’s Land, 2001) – con un drama/thriller recalcadamente basado en hechos reales. Es una película de denuncia, y la denuncia es popular, como demostró el extenso aplauso que se llevó su proyección el jueves 25. Tanovic y su séquito de productores fueron aclamados como héroes. Nada aglutina el favor del pueblo como un gran “fuck you” a una corporación multinacional.

La corporación multinacional es Nestlé. La película bromea con la corrección política y decide cambiar el nombre luego de presentarlo, “para evitar demandas”. El marco narrativo del film ocurre en una oficina de producción, en la que el protagonista de la historia, Ayan (Emraan Hashmi), relata a un grupo de productores interesados su historia de guerra personal contra la multinacional “Lasta”.

Ambientada en Pakistán en los ‘80s, la película sigue a Ayan, que entra a trabajar en “Lasta” como vendedor de una fórmula infantil que los médicos favorecen por sobre productos locales a cambio de sobornos (“impresiones” los llama el jefe de Ayan). Ayan es un tipo sociable y pronto se hace amigo de los médicos más codiciados por los vendedores de medicamentos. El trabajo le deja buen dinero, y por primera vez puede darse la buena vida a sí mismo, a su mujer y a sus padres.

Entonces uno de sus nuevos amigos, el Dr. Faiz (Satyadeep Mishra), le da las malas noticias. Los sectores pobres están diluyendo la fórmula con agua sucia, causando diarrea, deshidratación y finalmente la muerte en los bebés que la consumen. El material de archivo de infantes cadavéricos que la película muestra es real. El epílogo nos informa que un poco se filmó en los ‘80s, pero la mayoría proviene del año 2013. ¿Esperaban un final feliz?

Ayan renuncia y decide combatir la corporación a nivel internacional, no sin ciertas tribulaciones. El dinero es tentador, y no quiere poner a su familia en riesgo. Su drama personal es llevadero, pero es más relleno que otra cosa. Tigers posiblemente funcionaría mejor como el documental que pretende enmarcar en vez de como un melodrama “bollywoodense” plagado de los lugares comunes del thriller corporativo.

La parte ficcional o dramatización es menos eficaz y le resta algo de impacto a la experiencia. Pero la película nos informa. Está indignada. Eso es bueno. Sentimos la urgencia, la indignación. Salimos de la película con ganas de corregir el mundo aunque sea un poquito.

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