EscribiendoCine
22/09/2014 14:54

Del 9 al 30 de octubre, todos los jueves a las 18.00 hs, MACBA (San Juan 328 - CABA) presenta This is just to say, un proyecto integrado por más de cien video correspondencias intercambiadas entre los artistas Andrés Denegri (Buenos Aires, Argentina), Javier Olivera (Montevideo, Uruguay), Gustavo Galuppo (Santa Fé, Argentina) y Gustavo Caprín (Barcelona, España).

Este caudaloso acervo de obras audiovisuales está compuesto por postales, cartas, confesiones, retratos, autorretratos, paisajes, registros caseros, delicadas puestas en escena, testimonios imprevistos, grabaciones espontáneas, pequeñas acciones perfomáticas y bellas imágenes que se articulan en el pulso de un íntimo diario personal narrado a un amigo.

El proyecto ha sido sostenido por más de dos años por lo cual cabe destacar que el tiempo es el quinto testigo que denota el carácter procesual de esta obra. Los dispositivos utilizados -que parecieran ser casuales: las cámaritas pocket, los celulares, el ordenador- funcionan como un medio de comunicación a la vez que se imbrican en un discurso ideológico sobre la esencia de la imagen en movimiento.

Los artistas rompen con la antigua ilusión cinematográfica del movimiento: aquel movimiento reconstruido por medio del montaje orgánico que dispone linealmente los cortes equidistantes en el tiempo; ocultando el intersticio, el espacio-tiempo real que existe entre las imágenes.

Los cuatro camaradas reunidos en This is just to say, vienen a contarnos lo que sucede cuando la imagen se dilata, se rompe, se expande, se repite, se multiplica, se detiene: evidenciando así que el movimiento recreado es una ilusión que sólo habita en nuestra conciencia; creando una serie de trabajos alejados de cualquier tipo de narración instituida.

En el devenir de su construcción, los videos de This is just to say, tejen una historia paralela al mundo, compuesta por objetos y recuerdos compartidos. Se establece un diálogo formal, un autorretrato compartido que atraviesa una serie de tópicos: el tiempo, los proyectos, los estados de la naturaleza, el trabajo, la distancia, la familia.

Y es así como aparece La Historia, ni épica, ni heroica, ni narrativa: una historia íntima, de estar en casa, trabajar en el estudio, pasear en familia y de andar solo. No hay guerras mundiales, ni fechas, ni batallas, sólo la película de súper 8 que uno encontró, los inventos estrafalarios que nunca se concretan, el paisaje tras la ventana del nuevo hogar, el mecanismo de la persiana de aquel estudio, esa arqueología ordinaria que uno comparte con los que lo acompañan.

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