Benjamín Harguindey
22/09/2014 13:36

La cuarta jornada del apartado competitivo del 62 Festival Internacional de Cine de San Sebastián continúo con la proyecciones de dos nuevas esperadas producciones. Por un lado se vio Casanova Variations, una apuesta radical con John Malkovich, mientras que por el otro se presentó La entrega, la última película del fallecido James Gandolfini.

Casanova Variations

(2014)

Es problemático describir Casanova Variations. Es teatro filmado, ópera filmada, un musical, una biopic y un experimento meta-narrativo, pero la suma de sus partes ni comienza a dar cuenta del todo. Lo único cierto es que la película vive y respira la figura de Giacomo Casanova, interpretado por John Malkovich, con arias de Mozart y escenas basadas en la Histoire de ma vie autobiográfica de nuestro cuestionable héroe.

Malkovich interpreta al Chevalier de Seingalt en dos planos de una realidad que se confunde. En uno, hace de Casanova en el ocaso de su lascivia vida, sumido en la escritura de sus memorias en un recóndito castillo; en otro, Malkovich hace de Malkovich haciendo de Casanova en una producción operática situada en la era del iPhone y los rumores del internet. Hay cierta jovialidad brechtiana en la película: las transiciones entre ambos planos de realidad ocurren en escena, sin ningún intento de disfrazar el recurso, y somos conscientes de que estamos viendo varios niveles de representación al mismo tiempo, todos atravesados por la intrigante figura de John Malkovich.

Desde ¿Quieres ser John Malkovich? (Being John Malkovich, 1999), la estrella ha hecho carrera en papeles que creo podrían describirse como “intencionalmente inverosímiles”. Nunca le vemos desaparecer en un papel. Siempre es John Malkovich como John Malkovich, procedimiento que funciona porque como excelente actor de teatro, sus interpretaciones son a base de lenguaje corporal y rango vocal. Consideren su papel como F.W. Murnau en La sombra del vampiro (Shadow of the Vampire, 2000) o Gustav Klimt en Klimt (2006).

La trama de Casanova Variations, o lo más parecido a una, se inicia con la llegada de Elisa (Veronica Ferres, la co-protagonista de Klimt) al retiro de Casanova. Por motivos que reúsa revelar, desea leer sus escritos. Las interacciones entre Elisa y Casanova ordenan la estructura de la película. Casanova nos lee y vemos escenas de su vieja vida (en la que le interpreta Florian Boesch). Corteja damiselas, rompe corazones, se bate a duelo. Mientras tanto, hay una joven médica en el público (Maria João Bastos) que acecha tras bambalinas y cuya presencia nos ayuda a distinguir entre los planos de la realidad, además de proveer un diálogo muy divertido con Malkovic (como Malkovich).

Resulta difícil imaginar un público para Casanova Variations, o una sala comercial que la estrene. Es una pena. La película suena pretenciosa en papel, pero en el acto es una experiencia divertidísima, incrementada por la propia diversión que sus actores y cantantes claramente están derivando, y por el intenso retrato impresionista que John Malkovich hace de Giacomo Casanova.

Con excepción de Charlie Kaufman, no hay muchos guionistas lo que se dice “consistentes” en materia de estilo y calidad. Incluso los mejores y más exitosos producen fiascos a raíz de encontrarse en la nómina de los mejores postores de Hollywood.

Por qué no sumamos a Dennis Lehane al club de una vez por todas. ¿Se han fijado en su currículo? Es el novelista detrás de Río místico (Mystic River, 2003), Desapareció una noche (Gone Baby Gone, 2007) y La isla siniestra (Shutter Island, 2010), trabajó de guionista en The Wire y Boardwalk Empire (además de producir) y ahora se acredita La entrega ( 2014), basada en un cuento corto suyo. Segunda película presentada en la competencia oficial.

Hay que empezar hablando de Lehane porque lo mejor de La entrega es el guión: un verdadero trabajo de relojero. La construcción  de los personajes, su forma de hablar y chocar entre sí, el agudo ingenio de los diálogos, el hecho de que no hay una sola escena o pedazo de información de más son algunos de los indicios que dan cuenta del cuidado en la escritura del guión.

Ambientada en la barriada de Brooklyn, la historia se centra en Bob Saginowski (Tom Hardy), un barman de pocas luces pero con buen corazón y un temple de acero. Es leal a la mafia rusa, que utiliza el bar como uno de sus muchos puntos de entrega de dinero. El administrador del bar es Marv (James Gandolfini), huraño y resentido por cómo ha terminado sus días de crimen como un servidor de bajo nivel. “Cediste y no hay nada más que hacer,” le reitera Bob.

Dos incidentes catalizan un cambio radical en sus vidas. En el primero, Bob rescata a un malherido cachorro de un tacho de basura. El tacho pertenece a Nadia (Noomi Rapace) pero el perro pertenece a su ex novio Eric (Matthias Schoenaerts), de mirada desequilibrada. Eric vive extorsionando Nadia y ahora encuentra la oportunidad para extorsionar a Bob, so pena de terminar matar al can. De más está decir que hay tiempo para cortejar a Nadia, aunque sea tímidamente.

El segundo incidente lo enfrenta a dos ladrones enmascarados, que roban imbécilmente el bar una noche. Ahora la mafia quiere su dinero de vuelta, lo cual complica tanto a Bob como a Marv, quien tiene sus propios problemas de dinero en casa. Ésta es oficialmente la última aparición de James Gandolfini en el cine. Da una performance entrañable y típica suya, la de un tipo alegremente insincero cuya dignidad siempre se encuentra en peligro de verse ofendida. Tom Hardy es igual de bueno a su lado, contrastando las retorcidas “grandes expectativas” de James Gandolfini con una inmutable diligencia zen.

La entrega cuenta una historia sencilla, pero la forma en que la cuenta – cómica y sapiente – y el pequeño mundo de grandes personajes que construye son un placer de observar.

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