EscribiendoCine
26/07/2014 14:24

Los días 14, 15 y 16 de julio de 1789, durante la toma de la Bastilla y la salida del rey Luis XVI del palacio de Versalles para unirse a los sublevados de París, marcaron el inicio de la Revolución Francesa y los primeros vestigios de la caída del Antiguo Régimen. La inexorable rueda de la Historia giraba a ritmo constante como desde su fabulosa primera secuencia lo hace Adiós a la reina, de Benoît Jacquot, película que ofició de apertura de la 62ª Berlinale y que en Argentina se edita directo al DVD. Entre su elenco se encuentra Nahuel Pérez Biscayart.

Adiós a la reina

(2012)
8.0

Apoyándose en este contexto histórico desde el punto de vista de la realeza y, en particular, de la reina María Antonieta (totalmente opuesta a la que Sofia Coppola perfiló en 2006), Benoît Jacquot ofrece una hermosa síntesis de los elementos característicos que componen su estilo: el gusto por la adaptación literaria (la décima que realiza, de un total de veinte largometrajes), la atracción por el cine de época  y la fascinación por los retratos femeninos. Léa Seydoux y Diane Kruger auténticas protagonistas del film, unen sus nombres a la lista de musas del cineasta.

La puesta en escena del fin del mundo a partir de los suntuosos decorados de Versalles es brillante. En la pantalla, la novela de Chantal Thomas ofrece un punto de vista original: la acción transcurre exclusivamente a través de la mirada de Sidonie Laborde (Léa Seydoux), joven lectora de la reina (Diane Kruger), a quien profesa una admiración ilimitada. Con ella el espectador descubre los entresijos de la corte, las góndolas en el Gran Canal, los apartamentos relucientes de los nobles de segunda, las comidas de lujo en el Pequeño Trianón y en la galería de los espejos. Aunque no deja de ir de un lado a otro, la joven vive el 14 de julio como un día cualquiera: la reina busca ideas para su fondo de armario y triunfa la etiqueta bajo la supervisión de la señora Campan. A pesar de algunos signos que señalan el preludio de la tormenta (una rata muerta flota en el canal y "parece que en París se echa cada vez más en falta el pan"), Sidonie vive en su nube “es como si estuviera atravesando un paisaje maravilloso”).

Al día siguiente, la toma de la Bastilla trae el pánico a palacio: "una lista con las 286 cabezas que cortar para llevar a cabo las reformas necesarias" circula por los abarrotados pasillos, la reina quema sus cartas, pide desengastar sus piedras preciosas y prepara el equipaje al tiempo que el odio crece contra su favorita, y amante, Gabrielle de Polignac (Virginie Ledoyen). La etiqueta persiste ("la situación es muy grave pero no lo digan a nadie: perdería la amistad de la reina"); sin embargo, todo salta por los aires el 16 de julio. Los robos están a la orden del día, los soldados y los sirvientes desertan, los nobles huyen o se suicidan. En medio del tumulto y la amenaza ("ya no se contentan con quemar nuestras efigies; ahora nos quieren en carne y hueso"), el rey (Xavier Beauvois), la reina y Sidonie tendrán que escoger entre los deseos y el deber.

Adiós a la reina, rodada con maestría y con un gran sentido del ritmo y del contraste de luz, es un repaso a la Historia deliberadamente moderno y perfectamente representado en la figura de Léa Seydoux. Benoît Jacquot se aleja de la caricatura y de la reconstrucción literal para sumergirse en el pasado de una forma tan vivaz como instructiva y ofrecer una película estética en la que el talento es el sello distintivo.

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