Juan Pablo Russo
21/11/2013 17:04

El programa de cortos argentinos dentro de la competencia presentó doce trabajos que jugaron con la comedia, el drama y la experimentación. Entre ellos se vieron films de reconocidos cortometrajistas como Natural Arpajou, Nicolás Léon Tannchen, Mariano Luque, Manuel Abramovich, Benjamin Naishtat y Nicolás Dolensky, entre otros.

Espacio personal, el tercer trabajo de Natural Arpajou (Ana y Mateo y Lo que haría) protagonizado por Mónica Lairana y Alberto Rojas Apel, se desarrolla en una vieja casona donde tras la muerte de un padre ausente sus hijos y ex esposa se reúnen para deshacerse de todo lo material y dividir la herencia. Un ambiente lúgubre y opresivo servirá como marco ideal para que los tres personajes saquen a la luz sus viejos rencores y deseos más anhelados. Transitando entre el drama y la ironía Arpajou, continúa con la línea impuesta en sus anteriores cortos, aunque está vez abordada de una forma mucho menos condescendiente y mucho más directa. Un notable trabajo para una directora en continuo ascenso.

En Él Piensa, Ella Piensa, una comedia de Ivan Stoessel y Federico Pozzi, se pone en relieve, a través de los pensamientos, las inseguridades que se manifiestan durante una primera cita. El humor que le imprimen sus personajes y la forma de mostrar lo que les pasa en su interior a través de la exteriorización corporal son dos aciertos que ha sabido resaltar el binomio de directores.

Pekín, de Nicolás Léon Tannchen, también es una comedia romántica sobre la conquista y los errores que se cometen cuando se inicia una relación. Chico quiere salir con chica e indaga a través de Facebook sus gustos personales. El regalo perfecto será un pato y con eso la conquistará. Pero lo que sucede después con ese animal, y como intervendrá en la crisis que se manifestará en la pareja, es lo que desencadenará esta divertida historia de amor del también director de Pies, que vuelve a trabajar con Pablo Gonzalo Pérez, a esta altura su actor fetiche.

En La Donna, Nicolás Dolensky, homenajea al cine de los años 40 y 50 con un trabajo visualmente interesante protagonizado por Erica Rivas, Claudio Tolcachir y Nicolás Mateo. Una mujer y dos hombres comenzarán un juego que los llevará a experimentar una situación de la que no habrá retorno. Filmado en primeros planos con fotografía de Fernando Lockett, la estética del corto es sin duda un punto fundamental dentro de un notable ejercicio actoral.

Sociales, del cordobés Mariano Luque (Salsipuedes), cuenta la historia de un estudiante de cine que se dedica a editar videos de fiestas familiares. El film posee un interesante trabajo visual de planos secuencias, primeros planos y la utilización permanente de la profundidad de campo en todas las escenas. Con diálogos realistas y tres personajes, el joven director construye un relato sobre el trabajo sin recurrir a temáticas y lugares comunes.

Mi marido, de Hugo Emilio Blajean, se construye desde la voz en off de una mujer, en la piel de Andrea Bonelli, que relatará a través de un compendio de imágenes todo lo que le molesta de su marido, interpretado por Fabián Arenillas. Mientras que en Mesa 17 Manuel Abramovich arma la historia de una mujer a la que no dejan entrar a una fiesta por no ser judía. Las imágenes, tomadas en un evento real, son acompañadas de subtítulos falsos que construyen la trama de este ejercicio cinematográfico de tinte experimental.

Benjamin Naishtat y Chiara Ghío emplean el formato del Súper 8 para el tono experimental Colecciones, mientras que Karina Flomenbaum apuesta a la diversidad sexual en Baklava, una comedia sobre chicas que se enamoran de chicas. En Los Pálidos, Martín Kalina acude a un poético relato de tinte fantástico para abordar el tema de los accidentes cerebro vasculares (ACV), mientras que en Matar a un perro, Alejo Santos pone a prueba la seguridad de un asesino (Germán de Silva) ante una posible víctima. 

Por último, Desvío trabaja la rutina de un hombre gris que ante una serie de hechos desafortunados tomará el coraje que necesita para cambiar de vida. A través de un montaje fragmentado y una estética visual moderna, Diego Ercolano logra con síntesis y sin necesidad de explicaciones contar una historia a partir de las imágenes.

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