EscribiendoCine
20/10/2013 16:28

El Festival Fantástico de Sitges finalizó hoy tras diez días de exhibición de producciones muy diversas entre las que destacaron algunas cintas llegadas desde Argentina, uno de los países señalados como emergentes en este género.

Diablo

(2011)

"El cine de Latinoamérica, de Argentina, estuvo marcado por la realidad, las penurias vividas en el pasado, pero ahora se atreve cada vez más a hacer cine fantástico", dijo el director del Festival de Sitges, Àngel Sala.

"Estupenda, emergente, latinoamericana", así es Diablo, una película con "espíritu de clase B, hecha con imaginación", añadió Sala al presentar el film del realizador argentino Nicanor Loreti, protagonizada con Juan Palomino.

La película generó gran expectativa porque había sido elegido especialmente para el cierre de la entrega de premios secciones no competitivas del festival, pero finalmente no puedo proyectarse por problemas de sonido, con lo que el público abandonó la sala decepcionado después de ver sus primeras e impactantes imágenes.

Las otras representantes argentinas que pasaron por el certamen catalán mostraron las diversas caras del nuevo cine latinoamericano que ya es considerado como emergente en el género fantástico y de terror, como hace unos años pasaba por las producciones españolas.

El mediometraje Las amigas, de Paulo Pécora, que participó en la sección Oficial Novas visions (Nuevas visiones), reveló las posibilidades que puede ofrecer del subgénero vampírico, uno de los más valorados por el público en este festival.

Por otro lado, en la sección "Emergente", se exhibió El desierto, ópera prima del alemán Christoph Behl, ex estudiante de la Universidad de cine de Buenos Aires y de la Pompeu Fabra de Barcelona, que llegó a Sitges con una historia de un triángulo amoroso en un mundo post apocalíptico plagado de zombis.

Por su temática zombi, abordada desde una perspectiva no convencional que evita los tópicos del género, la película encajó perfectamente en el certamen catalán.

El film, que se desarrolla en un entorno opresivo, en el que el deterioro físico y mental va minando la "normalidad" de las relaciones en un particular encierro, es una peculiar y bien elaborada pieza de género.

En tanto, Algunas chicas, de Santiago Palavecino, ofreció al público de Sitges un thriller psicológico, con ribetes oníricos, con claro sello argentino, ambientado en el particular ambiente opresivo de pueblo del interior del país.

Se trata de una película de ambiente, con toques surrealistas, que se centra en Celina, una doctora que atraviesa una crisis matrimonial y se va a pasar unos días a la casa de un antigua amiga que vive en el campo cuya hijastra intentó suicidarse. Celina intenta ayudar a la joven, pero ella también carga con un peso en sus espaldas.

En tanto, la película Mala, de Israel Adrián Caetano, se proyectó en la sección Oficial Fantàstic, la principal del certamen en la subvención no competitiva "Especiales", donde destacó su propuesta de género clásico por la puesta en escena de un relato violento con el trasfondo de una temática muy comentada en España, la violencia machista.

El cine emergente Latinoamericano tuvo en Sitges otros representantes sobresalientes, como el mexicano Sebastián Hofmann, quien obtuvo el galardón en la Sección Nuevas Visiones, con Halley, una película delirante sobre la vida de un muerto.

En tanto, el colombiano Jairo Pinilla, un consagrado en el cine fantástico y de terror, presentó 27 horas con la muerte.

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