EscribiendoCine
19/05/2013 14:40

Joel y Ethan Coen presentaron hoy en el 66 Festival de Cine de Cannes Balada de un hombre común, una película intimista, llena de música folk y melancolía en la que se destaca el actor nacido en Guatemala  Oscar Isaac (Agora), y los característicos toques de humor surrealista de los realizadores.

Balada de un hombre común

(2013)

"Nos gusta esta historia porque siempre nos ha gustado mucho el Village del 61, el renacer de esa música", explicó hoy Ethan Coen en la presentación del film que participa en la competiencia oficial de Cannes.

Como muchas de las cintas de los Coen, hay una coralidad de secundarios, atípicos y brillantes, esa "gente rara" que se ha convertido en sello de identidad para los directores de El gran salto o El gran Lebowsky. En este caso, Oscar Isaac está rodeado por Carey Mulligan, Justin Timberlake, Garret Hedlund y John Goodman, que contribuyen a crear un ambiente tan heterogéneo como era el Greenwich Village neoyorquino de finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta.

La historia de Llewyn Davis (Oscar Isaac), se inspira libremente en la del cantante Dave Van Ronk (1936-2002), que vivió en Nueva York justo antes de que surgiera el boom del folk en los primeros años de la década de los sesenta, en unos momentos en los que nadie creía que barrio neoyorquino Village se iba a convertir en la capital de ese género musical.

La película es sobre "unos personajes y su tortuosa relación con el éxito", según la definió Ethan Coen, y una "combinación de 'inoportunismo' y algunas tendencias autodestructivas, que vienen de la búsqueda de autenticidad", en palabras de Oscar Isaac.

Balada de un hombre común comenzó a tomar forma en la cabeza de los Coen cuando se imaginaron a un hombre que pega una paliza a un cantante en un callejón oscuro. Las razones de porqué lo hacía fueron el punto de partida para poner en pie esta historia que brinda un tardío reconocimiento a una música que los hermanos Coen conocen bien, explicó Ethan Coen.

Balada de un hombre común resulta entretenida, sabe recrear la atmósfera de aquellos años y fue bien recibida, pero queda por ver si pasará a la posteridad por ser una de las obras maestras de los Coen, que ya ganaron la Palma de Oro con Barton Fink en 1991 y el premio de mejor dirección conseguido por Joel Coen en tres ocasiones, por ese mismo film y por Fargo en 1996 y El hombre que nunca estuvo, en 2001.

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