EscribiendoCine
15/02/2013 14:54

El director danés Bille August, ganador por partida doble de la Palma de Oro en Cannes y premiado en dos ocasiones en Berlín, ha vuelto este año a la capital alemana para presentar fuera de concurso la coproducción entre Alemania, Suiza y Portugal Tren nocturno a Lisboa, cuya acción transcurre como una sucesión de convoys, sin parada en estación alguna.

Tren nocturno a Lisboa

(2013)

El título, sin embargo, engaña: el trayecto que refiere ocurre en un abrir y cerrar de ojos y toda la acción transcurre en Lisboa. El comienzo también es traicionero: el solitario profesor Raimund Gregorius (Jeremy Irons) impide que una joven de abrigo rojo se tire de un puente de Berna y, a los pocos instantes, la ve desaparecer sin dar explicaciones. Gregorius seguirá la pista de este enigmático “Conejo Blanco” vestido de escarlata, que ha olvidado tras de sí un libro portugués y un billete de tren para Lisboa que parte inmediatamente. Más que la mujer joven y desamparada, será el autor del libro, un tal Amadeu (Jack Huston), quien suscitará la curiosidad tanto del protagonista como del espectador: la obra es una especie de incitación a viajar y a dejarse llevar por lo imprevisto y representa precisamente lo que el profesor siempre había querido escribir y vivir.

Así, Gregorius viaja a Portugal en el acto, sin equipaje, a la aventura. Una vez allí, además de vivir una experiencia parecida a la de los alumnos con beca Erasmus (August contrató para su película a todo un grupo de estrellas de múltiples nacionalidades para que se expresaran con un inglés funcional y diferentes acentos de portugués), sigue el rastro de varios misterios imbricados entre sí. Convencido de que solo entonces ha empezado a vivir la vida y de que la existencia es un recorrido marcado por una serie de accidentes (como cuando se cayó y se rompió las gafas), Raimund se deja llevar.

Su primer descubrimiento en Lisboa es que Amadeu murió al final de la dictadura (lo cual su hermana, interpretada por Charlotte Rampling, se niega a admitir sin que sepamos realmente por qué, ya que la intriga pasa pronto a otro asunto). La oftalmóloga a cuya consulta se dirigirá Raimund, es, por pura casualidad, sobrina de un antiguo camarada de Amadeu, quien resultará haber sido médico de profesión y miembro de la resistencia (si bien lo fue “por sentimiento de culpabilidad”, lo cual esconde un nuevo enigma). Este dato, a su vez, no puede comprenderse en toda su magnitud sin volver a la amistad de Amadeu y Jorge (encarnado por August Diehl en su juventud y por Bruno Ganz en la época actual), afectada de manera crucial por una mujer que también formó parte de la resistencia y a la que conocían como “la que todo lo sabe”.

En suma, la investigación de Raimund cambia de objeto a medida que avanza y cada nueva pista de la intriga abre nuevos caminos. Aunque esta forma de entregarse al azar de los descubrimientos significa una nueva forma de vida para el profesor, se echa en falta perder de vista a la joven del vestido rojo que con tanta habilidad había abierto el camino.

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