EscribiendoCine
11/02/2013 17:12

Uruguay, México y Cuba emergieron hoy en la 63 Edición de Berlinale con, respectivamente, Tanta agua, de Ana Guevara y Leticia Jorge; Workers, del mexicano José Luis Valle, y La Piscina, de Carlos Machado Quintela.

Tanta agua

(2012)

La situación de arranque de Tanta agua, estrenada hoy en Panorama, es un "pobre padre" -como se denomina a sí mismo el personaje, interpretado por Néstor Guzzini-, divorciado, que se lleva a sus hijos de vacaciones una semana a unas termas uruguayas.

Como el título anuncia, al trío le espera un diluvio que además de inutilizar la piscina y empapar a la familia obliga al adulto a buscar alternativas a dos poco cooperativos hijos, empeñados en aburrirse sin disimulos.

Del padre que va a buscar a los chicos a casa de su exesposa, casi de madrugada y ya bajo la lluvia, "se desplaza la atención a la adolescente, que con 14 años tiene mucho por delante pero ningunas ganar de perder el tiempo", explicó Leticia Jorge.

Tras Tanta agua, que esperan estrenar en Uruguay el próximo mayo, el dúo de realizadoras prepara ya el paso a la macro en el que será su segundo largometraje a dos manos, esta vez centrado en una estructura familiar mayor y los cambios que genera en ella la muerte del abuelo.

La película Workers, del mexicano José Luis Valle, plasmó hoy en la Berlinale la rebelión silenciosa de los trabajadores sumisos que un buen día dicen que no pueden más, desde la realidad de la Tijuana fronteriza, ampliable a otras latitudes.

"Es una rebelión sutil, no expresada en gritos, sino en pequeños gestos, de quienes durante años se esmeraron en hacerlo todo bien y que se ven desposeídos del mínimo reconocimiento", explicó a EFE Valle, nacido en El Salvador y desde hace año y medio "mexicano legalizado".

Ese es el caso de Rafael, servidor fiel durante 30 años de una fábrica de bombillas, que se compra zapatos nuevos para presentarse al patrono en su teórico último día de trabajo y se le recuerda que no tiene los papeles en regla y, por tanto, tampoco acceso al retiro.

También es el caso del colectivo de sirvientes de una tiránica patrona, atada a una silla de ruedas y con respiración asistida, que al morir convierte en heredera universal a la galgo hembra "Princesa", de la que pasan a ser lacayos de por vida.

"Son dos historias paralelas, reflejo de la brutalidad kafkiana, grotesca, que tal vez nos hace reír en el filme, pero que no es graciosa, de un mundo en que la brecha social se extiende, desde el sexto mundo mío a esta Europa que parecía ideal", prosigue.

Se trata del primer largometraje del realizador, incluido en la sección Panorama Special -la segunda sección de la Berlinale- y financiado con la ayuda del World Cinema Fund (WCF), los fondos creados por la Berlinale en 2004 para apoyar a jóvenes talentos.

Por último, la Berlinale se abrió también hoy a Cuba con La Piscina, una película que recoge un día de entreno de cuatro discapacitados bajo el cielo de La Habana, exponente de un cine de nuevo cuño de la isla, hasta ahora poco explorada por el festival.

"Cuba está cambiando. De pronto vinimos con un proyecto que hace unos pocos años habría sido impensable estrenar acá", explicó a EFE Carlos Machado Quintela, director del film, incluido en Panorama Special, segunda sección del festival.

La película lleva el sello del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y está por tanto auspiciado por el oficialismo, pero tiene factura de cine "independiente" -"dentro de lo que eso puede significar en Cuba", indica el cineasta.

La historia gira en torno a cuatro discapacitados -una muchacha con una pierna amputada, un muchacho con síndrome de Down, otro con parálisis y un cuarto que simplemente no habla- más su entrenador.

El eje es ella, Diana -"una mujer fatal chiquitita", en definición del director- que no parece sufrir la ausencia de la pierna, coquetea con todos y a todos hace ir de cabeza.

"El eje es lo que nos falta, porque nadie es un ser pleno. Al profesor, sin ningún problema físico, también vemos que le falta algo, también es un ser incompleto", explica Machado Quintela.

Rodado con muchos planos fijos, La Piscina se recrea en el cielo de La Habana tanto con densos nubarrones, como si el fin del mundo fuera inminente, como mediante un azul intenso, como "si nunca hubiera conocido la existencia de una nube".

El escenario es una vieja instalación deportiva del barrio de Miramar, en otros tiempos un club de yates de lujo, ahora abandonada, que el equipo de Machado reactivó y que ahora, terminado el rodaje, volvió a quedar en desuso.

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