EscribiendoCine
10/02/2013 17:21

El Festival Internacional de Cine de Berlín encontró hoy a su heroína en Gloria, del chileno Sebastián Lelio, el retrato de una mujer sin complejos, inmersa en una sociedad asimismo ansiosa de demostrar que no le teme a la vida, que aportó luz a la competición.

Gloria

(2013)

Informa Efe, que película se desmarcó de lo visto hasta ahora en una Berlinale que su director, Dieter Kosslick, ha plagado de personajes de mujeres poderosas, aunque hasta el momento sin el factor de positivismo que emana esta producción chilenoespañola.

"Es un canto al derecho a disfrutar de la vida de una generación, la de los ya mayorcitos, en medio de una sociedad enfermizamente obsesionada por la juventud", explicó Lelio, tras el paso de la película, la primera a concurso que se llevó una cerrada ovación.

Aparentemente, todo gira en torno a la mujer que interpreta Paulina García -recibida por la prensa de la Berlinale como "la Meryl Streep de América Latina"-, una mujer que se acerca a los 60 saboreando lo que le ofrece la vida, incluido por supuesto el sexo.

"En realidad, es un retrato interconectado con el ansia de libertad y de ser por fin feliz, compartido por toda la sociedad chilena", añadió Lelio.

No se trata solo de esa Gloria, una mujer estupenda que tal vez bebe demasiado como para poder tomar siempre las decisiones correctas, en el momento adecuado, pero que "acaba encontrando el camino correcto".

Se trata de todos los personajes "que genera en Santiago de hoy", desde esa generación de "mayorcitos" a los que alude el director a los estudiantes que salen a la calle a clamar por sus derechos, telón de fondo del filme.

Paulina García es una mujer que canta al volante, que se ríe, que se enamora de un hombre que no está a su altura -es difícil estarlo- y que tiene su lucha diaria con un vecino drogadicto y con el gato de este, con más aspecto de murciélago que de felino.

Disfruta del sexo, lo que inscribe a "Gloria" en la corriente actual de films que muestran cuerpos desnudos ya entrados en años, por mucho que eso "pueda costarnos algún rechazo en los sectores machistas, hipócritas, de nuestra sociedad", apuntó Paulina García.

Lelio, argentino de origen, crecido en Chile y residente en Berlín -donde acabó su film, con una beca de la sociedad de intercambio DAAD-, devolvió a la competición de la Berlinale el cine chileno, ausente desde 1991 -entonces, con La Frontera, de Ricardo Larraín, Oso de Plata a la mejor ópera prima-.

Gloria es su cuarto film -tras La sagrada familia, Navidad y El año del tigre- y llegó con buena estrella a la Berlinale, tras haber obtenido en San Sebastián el premio Cine en Construcción a su proyecto, lo que le abrió la puerta a la coproducción española.

Brindó la dosis de positivismo que precisaba el festival, en una jornada a competición compartida con La religiosa, de Guillaume Nicloux, interpretada por Pauline Etienne y Isabelle Huppert y centrada en la estricta, hasta brutal, vida tras los portalones de un convento.

Es la historia de la rebelión de una de esas monjas, minuciosamente contada, desde la perspectiva de la que se subleva contra el poder de la madre superiora.

El film, sin embargo, no gira en torno a ella, sino de la joven colega de convento y de profesión.

La tercera película a competición era la canadiense Vic et Flo ont vu un ours, de Denis Côté, estaba asimismo centrada en dos mujeres, una lesbiana "auténtica" y su novia -a la que en realidad gustan los hombres-, en una historia oscura en que se mezclan pasados carcelarios, venganzas y amenazas.

Entre los frondosos bosques canadienses y los altos muros del convento, Gloria aportó el resplandor de la mujer que sabe sonreírle a la vida, desde un Santiago de Chile que asimismo se sacude los corsés del pasado.

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