Noticine
30/12/2012 18:12

Este 2012 fue un gran año para el cine chileno. Pero no en Chile. Salvo por el fenómeno de que una cinta local -Stefan v/s Kramer-,  se convirtiera en el film más visto de la historia, los triunfos de la cinematografía local fueron a nivel internacional y numerosos, pero lamentablemente, con poca repercusión real en el propio territorio chileno, donde se estrenaron con resultados en general mediocres o malos.

Violeta se fue a los cielos

(2011)
6.0

El 2012 comenzó con el triunfo de dos films chilenos en el Festival de Cine de Sundance (Violeta se fue a los cielos y Joven y alocada) y continuó con una presencia excepcional en prácticamente todos los encuentros cinematográficos importantes del año. Raúl Ruiz estuvo póstumamente en Cannes con su película 100% hecha en Chile La noche de enfrente y Pablo Larraín con No estrenó en la Quincena de Realizadores y obtenía por primera vez un premio para Chile en dicho festival. La presencia de los cineastas locales continuó todo el año en diversos festivales-incluyendo el premio de De jueves a domingo en Rotterdam-  y concluye con el anuncio que Gloria, de Sebastián Lelio quedó seleccionada para la Berlinale el 2013 y con No entre las finalistas para las candidaturas al Oscar a mejor película en lengua extranjera.

Y no sólo eso. Este año hay un record de películas chilenas estrenadas en salas (27) y muchas de ellas no sólo tuvieron estreno y premios en festivales extranjeros, acapararon excelentes reseñas y auspiciosas críticas internacionales. Como Bonsái, El año del tigre y Carne de Perro. También aparecieron nuevas voces con una propuesta a tener en cuenta, como Mi último round, de Julio Jorquera y Pérez, de Álvaro Viguera. Y hubo varias películas jugadas en su propuesta, estrenadas en el cada vez más activo –y atractivo – circuito alternativo para el cine local: El lenguaje del tiempo, de Sebastián Araya; El circuito de Román, de Sebastián Brahm, y Verano, de José Luis Torres Leiva.

Todo esto está muy bien. Pero mientras Stefan v/s Kramer hizo más de 2,3 millones de espectadores rompiendo todos los récords de asistencia al público –no sólo en el cine chileno, sino de cualquier tipo de estreno- , el resto de las películas chilenas tuvieron una muy baja convocatoria de público. Salvo contadas excepciones, la mayoría hizo incluso menos de 10 000 espectadores. ¡Y hasta menos de mil! Paradójicamente, mientras más éxito y reconocimiento  hay del cine chileno en el extranjero, y a pesar del aumento en la producción y la variedad de propuestas –hubo cintas que ganaron festivales, pero también documentales, comedias, fantástico y hasta western-, cada vez el público parece más distanciado de la producción nacional.

Mientras se exige más cultura en TV –y series como Los 80 y El reemplazante, logran gran éxito de rating-, el cine chileno sigue teniendo pocos espectadores. El tema es el gran pendiente del cine chileno. Mientras los productores cuestionan a los dueños de las multisalas por la falta de espacios para estrenar y el poco tiempo que duran en cartelera, los distribuidores acusan a los realizadores a su vez de no estar conectados con los intereses del público, y de no ponerse de acuerdo entre ellos para estrenar. Este año por ejemplo, por primera vez, coincidieron dos películas chilenas el mismo día de estreno, y en octubre hubo 5 films chilenos en el mismo mes. Cuatro en solo 14 días.

Hay mucho que discutir sobre el tema aún. Faltan mayores y mejores diagnósticos. Salirse del lugar común de que el cine chileno sólo "habla de política", "tiene muchos sexo" o "se habla con puros garabatos" (todos mitos falaces), monsergas tan añejas y dañinas como incitar a verlo "porque es chileno".  Y trabaja en reencantar al espectador, pero sobre todo, en educar a las futuras generaciones sobre cine en general, y sobre el valor e importancia del cine chileno en particular. La formación de audiencias se vuelve un tema urgente y prioritario.

Comentarios