Noticine
04/09/2012 17:44

La jornada de este martes en la Mostra de Venecia estuvo protagonizada por dos reconocidos maestros, en espíritu el ya fallecido Raúl Ruiz, quien ideó la coproducción franco-portuguesa Linhas de Wellington, finalmente dirigida por su viuda y también cineasta Valeria Sarmiento, y el coreano Kim Ki-duk, quien volvió a sus mejores fueros con Piedad, un drama urbano sobre las depravaciones a las que conduce el cada vez más descarnado capitalismo. Ambos tuvieron buena acogida, especialmente el segundo.

Piedad

(2012)

Linhas de Wellington, que no de haber fallecido Raúl Ruiz hubiera sido probablemente distinta, algo que reconoce su propia viuda, Valeria Sarmiento, lo que puede echarse de menos no es mucho, puesto que apenas son 20 minutos lo que diferencia la larga versión cinematográfica, mostrada en Venecia, de dos horas y media, de la serie de tres capítulos que totalizan 170 minutos.

El presupuesto (más bien) o la elección dramática del guionista Carlos Saboga, hace que este relato sobre la invasión napoleónica de Portugal en el siglo XIX esté orientado hacia la retaguardia, a los efectos colaterales de la guerra o a las vivencias más íntimas de los protagonistas históricos, más que a las grandes batallas y las escenas de masas. Especial hincapié se hace en el sufrimiento de las mujeres, pero posiblemente el espectador acabe echando de menos un poco más de acción, ya que el film parece encaminarse al climax de una batalla final que apenas se ve.

El homenaje al chileno Ruiz que hace su viuda se percibe sobre todo ante la cámara, con un desfile de grandes nombres de la actuación internacional, muchos antes empleados por el cineasta, en el que están el norteamericano John Malkovich, la española Marisa Paredes, varios portugueses y un paquete de astros del cine galo (Francia es la financiadora principal) entre los que encontramos a Catherine Deneuve, Isabelle Huppert, Michel Piccoli, Vincent Pérez, Mathieu Amalric, Melvil Poupaud o Chiara Mastroianni.

De la mano de Sarmiento, Linhas de Wellington se hace más clásica y tradicional que lo hubiera sido bajo la dirección de su difunto marido.  "Él hubiera hecho otra película, probablemente más larga y con más historias o personajes", ha dicho la cineasta chilena afincado junto a Ruiz en Francia. "Me interesaba sobre todo el destino de las personas corrientes, los exiliados, la vida cotidiana durante la guerra, y especialmente las mujeres, que sufren tanto durante los conflictos bélicos", añadía Valeria Sarmiento.

Tras la decepcionante Amen, estrenada el año pasado en San Sebastián y presuntamente rechazada por Toronto y Venecia, el reconocido cineasta coreano Kim Ki-duk, retoma su pulso y los guiones coherentes con Piedad, que toma su título de la famosa "Piedad" de Miguel Angel, símbolo del amor materno-filial. Es la historia de un joven matón a sueldo de un usurero, que se gana la vida amezando y mutilando a deudores para intentar recuperar lo prestado y sus intereses. Esta rutinaria, solitaria y cruel existencia se verá sacudida por la llegada de una mujer que dice ser la madre que lo abandonó tres décadas atrás, y que le hará retomar cierto sentido de la humanidad.

El realizador ha asegurado que ha hecho una parábola sobre "el capitalismo extremo", y su efecto en las relaciones humanas. "Hoy el dinero es el principio y el final de todo" llega a decir uno de sus personajes, y el propio Ki-duk sentenciaba que "En nuestra época la gente está obsesionada con la idea de que el dinero lo puede resolver todo, y acabaremos siendo nosotros mismos dinero a los ojos de los demás, aplastados en el asfalto, si Dios no tiene piedad de nosotros".

La edípica Piedad recibió calurosos aplausos y algunos consideran a su actriz protagonista, Cho Min-soo, una seria candidata a la Copa Volpi de interpretación femenina.

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