Constanza Tagliaferri
25/05/2012 22:41

En el segundo día de proyecciones del 14 Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos, se estrenó el documental Rawson (2012), dirigido por Nahuel Machesich y Luciano Zito, que cuenta la historia de un poblado que silenció, mediado por el temor o la complicidad, los años en que la cárcel de Rawson funcionó como lugar de detención y de tortura de presos políticos, durante distintas dictaduras. Luego de la exhibición, uno de sus directores charló en exclusiva con Escribiendo Cine.

Rawson

(2012)
8.0

De esta cárcel de máxima seguridad se fugaron, en agosto de 1972, miembros de organizaciones armadas que, más tarde, fueron fusilados en lo que se dio en conocer como Masacre de Trelew (hecho documentado por Mariana Arruti en su film Trelew).

La línea argumental viene a saldar un cuestionamiento que en los últimos ocho años se adueñó de Nahuel, quien confiesa, “era una obsesión que tenía y que se hizo película. La idea era contar lo qué me pasaba a mí con la cárcel de Rawson”. Nacido y criado en dicha localidad, el disparador para Nahuel fue una duda sobre sí mismo: cuánto lo había condicionado el viento incesante del desierto patagónico y el silencio de la comunidad entorno a la cárcel. El film incluye a su director dentro del encuadre y se convierte en la expedición de un investigador que entrevista a lugareños, familiares y amigos, a la vez, que es captado en otro viaje, más íntimo si se quiere, el que desanda el pensamiento de Nahuel en una voz en off.

Al finalizar la proyección, los directores dialogaron con el público y explicaron la metodología con la que decidieron incluir imágenes de Jorge Tomasso, un ex agente de la penitenciaria que posee una causa abierta por delitos de lesa humanidad, mientras jugaba a las cartas con amigos en un club barrial. “Para nosotros era importante que él aparezca en la película. Nos interesó indagar sobre lo que hoy pasa en la sociedad de Rawson con ese personaje. Por eso, cuando nos encontramos con él, no quisimos increparlo al modo de CQC, creemos que no era el propósito de la película y que de eso se encargará la justicia en su momento. A nosotros nos interesaba más ver qué pasaba alrededor de él, con la presencia de un represor que vive como si nada hubiese pasado.”

Más tarde Nahuel Machesich, uno de sus directores y protagonista del film, dialogó en exclusiva para Escribiendo Cine.

Crees que hubieses hechos este documental habiendo permanecido en Rawson. En este sentido, ¿tomar distancia de aquel lugar te ayudó a tomar posición e interesarte por filmarlo?
A los 18 años me vine a estudiar Ciencias de la Comunicación a Buenos aires. Dejé de vivir definitivamente en Rawson, sólo iba en vacaciones de verano. Creo que si no me hubiese ido, la distancia no me hubiese permitido ver lo que pasó. Recuerdo haber estado caminando por la calle Moreno de Buenos Aires, en el año 1996, y leí una pintada que decía “La sangre de Trelew no será negociada”. Ahí empecé a investigar sobre la masacre de Trelew y me metí en el tema. Primero de un modo más inorgánico y después con más rigurosidad. Si yo no hubiese tomado distancia de mi ciudad, no hubiese empezado a cuestionarla. Es inevitable que uno tenga ciertas tensiones emocionales porque uno increpa a tus padres, tus amigos, tus padrinos y gente que uno conoce de toda la vida.

Al comienzo de Rawson, resulta interesante el modo en que las entrevistas conservan la posición propia de un investigador que no media su mirada personal sobre el asunto ¿Cómo te planeaste abordar a los entrevistados?
Quería que las entrevistas sean fluidas como una conversación, sin señalarlos con el dedo responsabilizándolos. Ese no era el objetivo de la película. Yo quería correr del perfil de CQC, meter el dedo, cuestionar, hacer un show. En ese sentido, la película es bastante austera, desde la música, los planos, la puesta en escena, mi participación. Así es cómo se logró que los testimonios fueran auténticos. Con muchos ya había hablado antes unas dos o tres veces, aunque también surgieron preguntas en el momento, nunca antes charladas.

A lo largo del film, tu presencia se parece a la representación ficcional de un investigador. ¿Cómo se planearon hacer la puesta en escena?
Cuando empecé a investigar sobre el tema, le dije a Luciano que no quería aparecer en pantalla. Él me insistió que sí lo haga porque todo el tiempo sos vos el que atraviesa el conflicto de la cárcel en la ciudad. Hay partes claramente ficcionalizadas en donde yo hacía el trabajo de investigador en el lugar de los hechos. En este sentido, había una puesta en escena en la conversación con las personas. Las escenas en las que yo “hago de cuenta que”, es lo mismo que hacía cada vez que viajaba para allá. Por eso, no me sentía raro haciéndolo.

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