EscribiendoCine
23/05/2012 10:54

El argentino Pablo Trapero, habitual en la selección oficial del festival de Cannes, vuelve con su estilo social realista comprometido y viril en Elefante blanco, estrenada ayer en Un Certain Regard. El largometraje trata la situación de los monjes de los suburbios treinta años después del Movimiento de sacerdotes para el Tercer Mundo. El film fue recibido por un aplauso sostenido por casi cinco minutos, de toda una sala repleta.

Elefante blanco

(2012)

“Espero que Elefante blanco sea capaz de emocionar, que los espectadores se sientan implicados, los espectadores de muchos países, los críticos de cine y los curiosos”, declaró Trapero acompañado por Jérémie Renier.

La película empieza mostrándonos la enfermedad de Julián (a quien da vida el conocido actor argentino Ricardo Darín), al que le hacen un escáner cerebral. A continuación vemos una masacre paramilitar en un pueblo en la selva ("¡Quema todo!") de la que Nicolás (el belga Jérémie Renier) consigue escapar. La cinta cuenta cómo los dos hombres, que en realidad son sacerdotes, unen sus fuerzas en el suburbio de la Virgen, en las afueras de Buenos Aires, donde se apiñan casi 30.000 personas y los religiosos intentan dirigir el proyecto de construcción de un hospital llamado "Elefante blanco" que se comenzó en 1937 y fue interrumpido en numerosas ocasiones antes de suspender su edificación. Ayudados por la asistente social Luciana (Martina Gusmán, esposa del director), Julián y Nicolás, muy integrados en la población local, ejercerán sus servicios espirituales haciendo las funciones de motores e intermediarios (entre el ayuntamiento y el obispado) para conseguir el capital necesario para el proyecto (los trabajos ya han comenzado), pero también harán de enfermeros, profesores e incluso de pacificadores entre los traficantes de droga que se disputan el territorio. Sin embargo, los dos sacerdotes atraviesan una crisis de vocación: uno de ellos está debilitado por su enfermedad (de la que nadie sabe nada) y el otro comienza una aventura con Luciana. ¿Hasta qué punto podrán implicarse como sacerdotes en esta acción social? Este es el tema principal y peliagudo que la película plantea en un entorno en el que abundan los tiroteos, chicos fumando "paco", policías infiltrados y otras intervenciones de los antidisturbios.

Pablo Trapero transmite a la perfección la realidad de la vida en los suburbios, avanza en el dominio de la narración como una máquina excavadora y crea un clima de thriller documental (emblemática la secuencia en un laboratorio clandestino de droga). Su sentido de la puesta en escena ofrece también impresionantes secuencias nocturnas e intensas sensaciones físicas en las que no se abusa de la violencia. A pesar del guion simplista que no da a los actores pie a profundizar en sus personajes, Elefante blanco consigue transmitir enérgicamente su mensaje: "Es más difícil trabajar todos los días que ser un héroe".

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