Noticine
22/05/2012 11:32

En tono dramático el neozelandés afincado en Hollywood Andrew Dominik y en tono de comedia el británico Ken Loach, ambos han brindado este martes en el Festival de Cannes sendas fábulas sobre un sistema en crisis -o en casi mortal decadencia-, el que todos padecemos.

El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford

(2007)
6.0

El primero, con Matálos suavemente utiliza una historia de aparente cine negro, muy -tal vez demasiado- dialogada para explicarnos que entre los usos y maneras del capitalismo y el gangsterismo son muchas más las similitudes que las diferencias. Por su parte, Loach, repite de nuevo su crítica, ahora más justificada, sobre un sistema que no aporta soluciones y relega a los más jóvenes. Pero lo hace esta vez en un tono de comedia agridulce, no desprovista de moraleja optimista.

No hay que ser un lince para leer entre lineas en las dos propuestas del concurso "cannois" de este martes, aunque Dominik lo haga de forma digamos menos cotidiana para el común de los mortales (quiero creer que la mayoría no estamos tan familiarizados con el mundo del crimen profesional). Con un espléndido reparto encabezado por Brad Pitt, Ray Liotta, James Gandolfini y Richard Jenkins, el antes autor de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (también interpretada por Pitt) nos sumerge en los bajos fondos de Boston, donde una partida de poker organizada por la mafia y con mucho dinero encima de la mesa es atracada. No es cuestión en estos casos de llamar a la policía. Para eso está Jackie Cogan, un "especialista" en descubrir al culpable y "suavemente" (de ahí el título) quitarlo de enmedio.

Es cine negro, pero no es el típico "thriller" criminal y de acción al que Hollywood nos tiene acostumbrados, sino un drama con pocas -pero contundentes- secuencias donde suenan las balas y corre la sangre, y en cambio florecen los diálogos, algunos trufados de frases para anotar, inteligentes y facilmente extrapolables al sistema económico. No es nada personal... sólo negocios. Y en eso casi todo está permitido y poco o nada regulado. O más bien los que lo regulan son siempre los mismos y tienen patente de corso.

Dominik, que ha escrito el guión a partir de una novela de George V. Higgin, ha dicho en rueda de prensa que se enamoró de los personajes del libro: "Cuando empecé a adaptarlo, me di cuenta que de que estaba de alguna forma describiendo un mundo de criminales pero también una crisis económica, la del capitalismo. Es una historia eterna".

Para el cineasta neozelandés, su película es violenta "porque es la forma de mostrar los dramas. Los cuentos de los  Grimm son violentos pero dirigen un mensaje a los niños. Eso es un poco lo que intento con Matálos suavemente. En la película, todos los personajes saben hasta que punto matar puede inspirar un pensamiento de culpabilidad. Entonces intentan hacer su violencia indolora. Desean que sea lo menos cruel posible para sus víctimas".

Por su parte, Brad Pitt ha explicado sobre esos personajes que "tienen opiniones diversas en un país dividido. Los puntos de vista que abordamos en la película no son forzosamente los míos. No me molesta especialmente interpretar a un asesino, creo que me sentiría más incómodo haciendo por ejemplo de racista. Jackie Cogan busca matar suavemente, para no resultar demasiado doloroso para la víctima, que debe morir pase lo que pase. Este principio resulta ser el mismo en los negocios, donde en cambio no tiene por qué haber piedad".

Ken Loach, como siempre escoltado por su fiel guionista Paul Laverty, muestra en La parte de los ángeles cómo un joven padre de familia, que se ha librado por poco de la cárcel, encuentra en un educador la ayuda precisa para volver a lo que éste considera "el buen camino", gracias... al whisky y a su olfato. No es que se meta en la bebida, sino en un negocio -dudoso- basado en sus capacidades de "catador" de alcohol, ayudado por sus amigos, en su mayoría como él jóvenes sin un futuro claro.

Ganador ya de la Palma de Oro en 2006, y todo un veterano del festival, donde ya ha presentado nada menos que 17 películas, la mayoría de las de su carrera como cineasta, Loach y Laverty han explicado que a través de este asunto del whisky aspiran a mostrar que hay una generación olvidada que mantiene el espíritu de lucha. Su película es divertida y sobre todo esperanzada, lo que en los tiempos que corren no es de despreciar.

Comentarios