Noticine
17/05/2012 12:49

Disipada la breve y fugaz niebla del humor en la jornada inaugural, el Festival de Cannes entra en lo serio, que suele ser por definición dramático, y de la mano del francés Jacques Audiard en su Metal y Hueso, melodramático, con una historia de perdedores enamorados en busca de redención que ha dividido a la crítica. También este jueves se vio el film egipcio (coproducido naturalmente por Francia) Baad el mawkeaa, de Yousry Nasrallah, que tiene como principal virtud ser el primero que lleva la revolución del país africano a la gran pantalla.

Un profeta

(2009)


Con su precedente Un profeta, Jacques Audiard logró hace tres años un Gran Premio del Jurado (amen de ser favorita a una Palma que se le escapó), y no es difícil imaginar que todas las miradas estaban puestas en su nueva cinta, Metal y Hueso, otro duro drama sobre la condición humana en situaciones extremas, por mucho que su escenario exterior haya cambiado radicalmente: de la cárcel a la Costa Azul y sus espacios abiertos.

Se trata de una historia de amor entre una entrenadora de orcas a la que han tenido que amputar las piernas tras un accidente, y un boxeador acostumbrado a salir adelante a golpes, que debe hacerse cargo de un hijo pequeño. Sus respectivos intérpretes, la ganadora del Oscar Marion Cotillard y el nada conocido fuera de este país y del suyo de origen, Bélgica, Matthias Schoenaerts, se enfrentan en un duelo interpretativo donde paradójicamente el segundo es quien sale mejor parado por la mayor riqueza y credibilidad del personaje.

Audiard, que vuelve a trabajar con el vascofrancés Thomas Bidegain, su coguionista en [#Critica,384], se ha basado en relatos del norteamericano Craig Davidson, aunque situa su acción en el otro lado del océano e incluso parcialmente en el mismo lugar donde se ha estrenado su película, Cannes (aunque la verdad es que en toda Francia puede también verse desde hoy el film en salas comerciales).

Según ha explicado en rueda de prensa, Metal y Hueso esconde bajo este -más bien pretencioso- título una historia de "reconciliación entre hombre y mujer, entre un padre y su hijo, un hermano y una hermana, entre el hombre y el animal". En esta ocasión, su objetivo ha sido abrir horizontes desde el ambiente claustrofóbico y carcelario de su anterior film: "Nos movió el deseo de una historia de amor, de espacio, de pantalla ancha, de luz y de color. La película cuenta la historia de estos personajes en un momento de crisis, donde la sociedad camina hacia la barbarie y hay gente obligada a buscar comida en la basura. ¿Qué más nos falta? ¿Quizás vender nuestros órganos?", afirmaba provocativo el realizador francés.

Otra pareja en la que la mujer está mejor preparada es la que se nos presenta en Baad el mawkeaa (Después de la batalla), una ficción metafórica integrada en unos hechos reales que convirtieron a Egipto en noticia de primera plana, su particular "Primavera árabe" que acabó con el régimen de Mubarak.

El es también un tipo primario, de origen rural y casi iletrado, un jinete de los que por encargo del dictador cargó contra los manifestantes de la plaza Tahrir en febrero del año pasado. Ahora se ha convertido en perdedor, tras la caída del "rais", y malvive sin trabajo en su barrio marginal cerca de las pirámides. Ella, por su parte, es una mujer joven, moderna, educada, divorciada, laica y de familia burguesa, que vive en un barrio acomodado y trabaja en publicidad, y es también una "revolucionaria".

Nasrallah ha contado que conoció a algunos de los reales jinetes que acosaron a los manifestantes contra Mubarak por un film anterior que había rodado en su barrio de origen, Nazlet El-Samman, y por ello se resistía a convertirlos en los "malos de la película". Al contrario, ha querido mostrar cómo -privados de su modo habitual de subsistencia (con caballos y camellos llevan a los turistas a visitar la zona de las pirámides)- fueron manipulados por el régimen, que les prometió trabajo a cambio de que reprimieran a la masa acampada en Tahrir.

El cineasta egipcio ha llamado la atención en su encuentro con la prensa al comentar que se opone a que se venda su película para ser exhibida en Israel.  "No quisiera que eso ocurriera mientras los israelíes mantengan ocupada Palestina. Grandes directores de ese país amigos míos, por ejemplo Avi Mograbi o Amos Gitai, pero no creo que en un momento en el que los egipcios estamos aún atravesando la primera etapa de nuestra liberación, luchando contra la opresión y unas autoridades militares, Israel sea precisamente nuestro mejor aliado".

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