Benjamín Harguindey
15/04/2012 19:33

El realizador Gustavo Fontán presentó este domingo en el Centro Cultural San Martín, La casa (2012), culminación ritual de una trilogía iniciada con El árbol (2006) y Elegía de abril (2010). Se trata de “un cine más poético, más centrado en la metáfora,” según argumentó el propio realizador.

La casa

(2012)
6.0

La película, de apenas más de una hora, retrata el resquicio y demolición de la casa natal del realizador en Banfield. Sin actores ni diálogo, se sostiene sobre un contundente diseño sonoro y los movimientos de cámara que captan creativamente la atmósfera con juegos de luces, sombras y reflejos. “No hay un solo efecto de edición,” comenta orgulloso Fontán. Tras la proyección, el realizador refirió a la película como “el hablar del paso del tiempo, un ejercicio de mirar lo ya mirado, del momento de la fuga y la dispersión (…) y trabajar con la idea de lo fantasmal” (describiendo, sin nombrarlo, el concepto de imagen-tiempo postulado por el semiólogo Gilles Deleuze.)

Descartó toda noción autoral, comentando que “la forma es la expresión precisa de un contenido”, y, al sugerírsele que su obra parecía inspirada en la de Andrei Tarkovski y Alexander Sokurov, les calificó sin duda de “maestros impresionantes” pero prefirió hacer hincapié en sus inspiraciones literarias, particularmente en las de Juan José Saer y “su literatura de entramado, donde importa más lo que se sugiere que lo que se dice”.

Al final de la sesión, se le preguntó por qué se refería continuamente a “nosotros”. “El cine es un acto de reconocimiento grupal”, dijo Fontán y concluyó: “El deber del director es armonizar las sensibilidades de cada uno. Es imposible no hablar de ‘nosotros’”.

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