Noticine
13/02/2012 10:17

Una pequeña película suiza, país que no lograba concursar por el Oso de Oro desde hace una década, ha robado el protagonismo a la que parecía iba a ser la principal cinta del día, Jayne Mansfield’s Car, de y con Billy Bob Thornton, en el Festival de Berlín. Se llama La hermana y es la segunda cinta en esta edición de la bella y fuera del plató no muy expresiva actriz revelación del cine francés, Léa Seydoux, aunque quien estelarizada el film es Kacey Mottet Klein, en el papel de un "paternal" hermano pequeño.

Jayne Mansfield’s Car

(2012)

El drama franco-suizo retrata la peculiar existencia de dos hermanos, de clase baja, que viven en un valle industrial a los pies de la rica estación de invierno. Sin otros recursos, la hermana mayor gana unos francos entregando su cuerpo a clientes más o menos fijos, y muchas veces, al pillarlos, la pilla en serio, o sea, una borrachera de aupa que la lleva casi al coma. Por tanto, el "cabeza de familia" es el pequeño, de 12 años, Simon, quien se ha convertido por necesidad en un hábil ladronzuelo que arrambla con todo lo que encuentra allí donde esquían los ricos: desde guantes a esquíes, pasando por gafas de marca y lo que caiga. A diario sube a su "puesto de trabajo" y al final de la jornada, cargado con su botín, desciende para con el fruto de esa venta llevar comida a casa.

La directora, Ursula Meier, franco-suiza, de quien este es su segundo largometraje, ha reconocido que le apetecía mucho mostrar otra cara de la opulenta Suiza, que se ha acrecentado con la crisis económica que tanto ha golpeado a Europa.

Los críticos aplaudieron la audacia de la cineasta en contar sin tapujos un drama social capaz a la vez de emocionar y denunciar, dejando el resgusto amargo de unos personajes condenados a una vida triste que sólo puede acabar peor. Especialmente impactante fue la secuencia en la que el preadolescente acaba pagando a su hermana de la misma manera que lo hacen sus "clientes", para que ésta -que lo trata con absoluta indiferencia por no decir desprecio, a pesar de lo que hace en su favor-, simplemente le deje dormir a su lado.

Por su parte, el estadounidense Billy Bob Thornton, único representante de ese país en la carrera por el Oso de Oro (lo que nos hace recordar con nostalgia los viejos tiempos en los que en este festival se veían las mejores cintas de Hollywood de cada año), trajo Jayne Mansfield’s Car, su primera realización tras una década alejado de la silla. Aunque aquí navega por las dos aguas, porque también se ha reservado un papel de reparto en este drama familiar que posiblemente hubiese funcionado bastante mejor como comedia.

El punto de partida prometía: La esposa de un terrateniente sureño de Alabama lo ha abandonado para hacer una nueva vida lejos de los prejuicios del lugar, casándose en Inglaterra, donde formó una segunda familia. Sin embargo, al morir a finales de los años 60, su última voluntad es que la regresen para ser enterrada en su tierra natal. Y hasta allí se van los británicos, encabezados por su viudo (#5382 John Hurt]). Son acogidos por la otra familia de la fallecida, y su patriarca sureño (Robert Duvall), y allí surgen las relaciones de amor-odio entre unos y otros.

Thornton, cuya cinta ha sido financiada en gran parte por un magnate del cine ruso, a pesar de ser tan "americanísima", ha dispuesto de un elenco impecable, pero no es tan fácil ser Tennessee Williams, a pesar de los esfuerzos que el actor-cineasta, apoyado en el guión por su amigo de la infancia Tom Epperson, ha puesto en redondear diálogos y réplicas brillantes, que dan a la película un aire teatral que no la beneficia demasiado.

Por cierto, muchos periodistas se preguntan qué tratamiento de rejuvenecimiento ha hecho el norteamericano para lucir más joven que años atrás, con su pelo azabache y menos arrugas...

La jornada se completó con la presentación fuera de concurso de la superproducción china de Zhang Yimou, con Christian Bale, ya estrenada en varios países.

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