Noticine
12/02/2012 22:53

Los protagonistas de las dos películas en competencia este domingo en el 62 Festival Internacional de Cine de Berlín eran profesionales de la religión, pero de los sufridores... Por un lado, la francesa Isabelle Huppert es secuestrada en Filipinas mientras está allí como misionera, y en la otra punta del mundo, en los calladas y agrestes tierras griegas, monje y monja, separados por el vacío, viven una historia de amor que aspira a algo más que la espiritualidad. Fuera de concurso, Clive Owen recibió aplausos por su Rey de ladrones, interesante "thriller" de trasfondo político de James Marsh.

Captive

(2012)

La diva francesa Isabelle Huppert asegura que aceptó sin siquiera leer el guión cuando el muy internacional cineasta filipino Brillante Mendoza le propuso protagonizar Captive, la primera cinta que el prolífico autor de Kinatay y Serbis filma en inglés. La actriz y el director se estuvieron cruzando por diferentes festivales del mundo hasta que en Sao Paulo, Mendoza le confesó que estaba escribiendo una cinta en la que podría haber un papel para ella, y no se lo pensó dos veces.

En Captive, como su propio título especifica, Huppert es una secuestrada, una misionera occidental tomada como rehén por una facción local de Al Qaeda junto con una docena de otras personas en un resort turístico. De ahí, y a lo largo de más de un año, el grupo se desplaza continuamente por la selva, un periplo que el realizador relata con su habitual caótico tremendismo y sin preocuparse demasiado por dar coherencia a la narración.

El es más bien un creador fascinante de ambientes, en general de los más sórdidos que puede encontrar, para en ese purulento caldo de cultivo resaltar la humanidad (o la inhumanidad). En este caso se trata de la extraña relación que se crea entre secuestrados y secuestradores en su inacabable paseo por la selva, entre peligros de todo tipo y un tiempo infernal.

En rueda de prensa, Huppert ha confesado que encontró inspiración para su personaje de la misionera Thérèse Bourgoine en la colombiana Ingrid Betancourt, y en sus memorias del cautiverio con las FARC: "Esa sensación de infinito cansancio, el sentimiento de que nada va a terminar y el continuo movimiento con rumbo desconocido o sin rumbo alguno me inspiraron mucho", explicó la protagonista de este film que han coproducido Francia, Alemania y Gran Bretaña junto a Filipinas.

El cineasta grecocolombiano Spiros Stathoulopoulos, del que nada se sabía desde que hace casi 5 años estrenó su opera prima, rodada en colombia y en torno a la violencia del país, "PVC-1", cambia casi completamente de registro para presentar a concurso por Grecia Meteora, una minimalista y esteticista historia de amor aparentemente imposible entre un monje y una monja, que residen en monasterios uno frente al otro, pero separados por un gran abismo, ya que se trata de la conocida región de Tesalia, donde las construcciones religiosas se edificaron sobre inalcanzables picachos, una especie de columnas naturales.

Así, lejos del suelo... y del público normal de fin de semana, desarrolla Stathoulopoulos entre cantos religiosos, lentamente, sin apenas diálogos, y con abundancia de símbolos pero ninguna acción la atracción más bien carnal entre dos religiosos de diferentes sexos. Puede resultar poética para algunos, pero aburrida para la mayoría.

Stathouloupoulos, de 34 años, explicó a los periodistas que desde la infancia estuvo familiarizado por parte de padre y madre con las dos principales religiones de ambos países, la ortodoxa y la católica y que "El alma y el espíritu nos dan las ganas de vivir y nos empujan hacia Dios, y el amor carnal es el amor de la tierra. La imagen de esos monasterios flotantes es una alegoría del alma humana suspendida perpetuamente entre lo espiritual y la existencia en la tierra. Mis héroes están suspendidos entre el cielo y tierra".

La jornada se completó con la dosis diaria de "glamour". Si ayer fue Angelina Jolie la que trajo fuera de concurso su opera prima como directora, tan conocida y comentada antes de llegar aquí, hoy le tocó el turno a un Rey de ladrones que se vió en Sundance y por tanto tampoco compite por el Oso. Con él llegó Clive Owen, que no para de rodar y rodar. Aquí es un agente británico que tiene que negociar con una terrorista norirlandesa para que venda a sus compañeros, en la etapa final del IRA. Para el común de los mortales, esta hubiera sido la película del día, por calidad e interés, pero el festival berlinés parece querer marginar todo lo que suene a cine popular, aunque eso sí, cuando tiene alguna estrella, se cuela por la puerta falsa...

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