Noticine
04/09/2011 18:40

Al Pacino no necesita muchos más reconocimientos.  Pero el actor ha disfrutado a tope este domingo del estreno de Wilde Salome en el Festival de Venecia. Mientras, en la competencia oficial, dos golpes bajos muy efectivos. Steve McQueen confirma que no sólo sabe sacar arte de las imágenes, también de las historias, en Shame, Sin Reservas, mientras que el italiano Emanuele Crialese abre la presencia doméstica con Terraferma, un alegato contra la actitud oficial inhumana de su gobierno hacia la emigración ilegal.

Hunger

(2008)

Al Pacino  es un monstruo de la actuación, y un obseso del teatro, al que ha dedicado la integridad de su por el momento escasa producción como realizador. Aparte de recibir honores en el Lido, firmar autógrafos y lanzar sonrisas y besos por doquier, ha mostrado su última película, Wilde Salome, en la que se olvida un rato de Shakespeare para fijarse en otro maestro británico de la escritura, Oscar Wilde. Se trata de nuevo sobre todo de un documental, que describe su personal aproximación a su pieza teatral Salomé, que ha representado en varias ocasiones. El interés de la cinta resulta bastante relativo si no se es un "fan fatal" del teatro y ya se ha visto la bastante parecida Ricardo III.

Es moneda corriente entre los amantes del cine sacar el crucifijo (o la pistola) cuando escuchan las palabras "Videoartista" o "director de videoclips", ya que cuando esos profesionales pasan a dirigir cine de ficción en general mantienen sus manías estéticas en detrimento de lo básico de cualquier buena película: una historia bien contada. No es este el caso del británico Steve McQueen, quien debutó brillantemente con la poderosa Hunger.

El mismo espíritu desgarrado de su opera prima está en esta Shame, Sin Reservas (Verguenza), en la que repite con el mismo actor protagonista, el alemán criado en Irlanda Michael Fassbender. Se trata de la historia atribulada de un soltero adicto al sexo, cuyas aventuras eróticas se ven interrumpidas por la llegada a su apartamento de su hermana. Entre desnudos integrales -de ambos- y escenas de cama, McQueen va desvelando la dolorosa existencia de su protagonista, torturado por sus deseos confesables e inconfesables. La cinta ha cosechado calurosos aplausos.

Según la ley italiana (que no tiene parangón en otros países europeos, por ejemplo en España, país que también recibe numerosos emigrantes por vía marítima), quien recoja -y salve- en el mar a los "simpapeles" y no los denuncie a las autoridades es considerado cómplice de tráfico de personas. Esto es lo que denuncia Emanuele Crialese en Terraferma, primero de los tres films nacionales en la carrera por el León de Oro.

"La respuesta del estado italiano es inadecuada y va contra todas las reglas morales y civiles. Dejar morir a la gente en el mar es incivilizado y parte de la responsabilidad recae también en los medios de comunicación que falsean la información", ha reafirmado el autor de Nuevo Mundo en su rueda de prensa.

Rechazó Crialese cualquier comparación entre la emigración que retrató en su anterior cinta recién citada y la de esta Terraferma: "Lo que vivió Italia entre fines del siglo XIX y mediados del XX era una emigración, pero lo que está ocurriendo ahora con los africanos es un verdadero holocausto. Somos nosotros los que hemos dado la clandestinidad a este fenómeno tratando a estas personas como forajidos y encerrándolos en campos como criminales".

La cinta italiana ha sido muy respaldada por los medios locales y recibido con mayor frialdad por la crítica internacional, dado que las intenciones son más estimables que su realización en el celuloide, sin dejar de brindar un film sin duda interesante y digno de ver... pero enfrente estaba McQueen y su Shame, Sin Reservas, y eso eran palabras mayores.

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