Noticine
16/02/2011 16:52

Los elementos más negativos de su opera prima, El custodio, quedaron potenciados en la nueva propuesta del argentino Rodrigo Moreno presentada este miércoles en la competencia de la 61 Berlinale sin la aquiescencia de la crítica internacional. Un mundo misterioso acaba perdiendo cualquier tipo de misterio.

Un mundo misterioso

(2011)
6.0

Ha de confesar este cronista que tras asistir aquí mismo al estreno, hace cinco años, de El custodio no comulgó con el modo de hacer cine de Rodrigo Moreno, y quedó sorprendido por el premio que luego le dieron, el Alfred Bauer por su contribución a "nuevos lenguajes cinematográficos". Dos elementos que salvaban de ser un simple corto estirado durante hora y media a ese film ya no están en éste: el golpe de efecto que culmina la relativa tensión de la historia, y el gran trabajo de su protagonista, Julio Chávez, un actor que por sí solo llena pantalla.

Nada de eso se repite en Un mundo misterioso. Moreno ahora nos cuenta la historia de un tipo bastante más corriente que aquel custodio (guardaespaldas) al que un día se le fundían los plomos recalentados durante largo tiempo. A Boris (Esteban Bigliardi) lo dejan tirado. Su pareja, Ana, un día le dice simplemente que necesita tiempo (forma educada que tienen algunas mujeres de mandarte al carajo...), y el tipo, sin caer en la depresión, el cabreo o el reproche, se lo toma con envidiable filosofía tras el inicial desconcierto. Boris parece tener leche condensada en lugar de sangre en las venas, y sólo se le ocurre tomarse el tema como una oportunida de abrirse al mundo -el misterioso del título- para intentar ver qué hay más allá de su antiguo mundo de pareja que supuestamente le llenaba.

Sin embargo, el misterio se acaba demasiado rápido, y tanto Boris como Moreno se concentran en cosas mucho más tangibles, como el coche de segunda mano fabricado en un país del Este europeo que el personaje se ha comprado, y cuyas constantes reparaciones y fallos se convierten en su específico entretenimiento-ocupación. Sin la tensión que -con demasiados tiempos muertos- se percibía en El custodio, sin un personaje-actor potente y sin el estallido final de rabia de aquella primera presencia en la Berlinale, Un mundo misterioso sólo deja lo que ya había de negativo en la opera prima de Moreno: abulia, inactividad, tiempos muertos, hierba metafórica que crece... La Berlinale cuida a sus hijos, y Rodrigo Moreno lo es, pero de vez en cuando éstos merecen un rapapolvos e irse a purgar los errores a un apartado paralelo, en lugar de repetir opción de Oso de Oro.

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