Ezequiel Obregón
19/11/2010 13:13

Si el nivel había levemente decaído en la jornada anterior, las películas Essential killing de Jerzy Skolimowski, The hunter (Shekarchi) de Rafi Pitts, y Aballay, el hombre sin miedo, del local Fernando Spinner lo levantaron considerablemente. La violencia institucional pareciera ser el hilo conductor de estas tres apuestas fuertes.

Aballay, el hombre sin miedo

(2010)
8.0

Casi dos décadas completas pasaron para el polaco Jerzy Skolimowski sin hacer cine, dedicándose a su otra pasión: la pintura. En 2008 regresó con Cuatro noches con Ana (Four Nights with Anna), vista en la edición 23 del Festival de Cine de Mar del Plata. Essential killing lo reconfirma como uno de los directores polacos más relevantes, sin dejar de considerar a Andrzej Wajda y Roman Polanski, su amigo personal. Su último film pasó exitosamente por el Festival de Venecia, en donde se llevó el Premio Especial del Jurado y el Premio al Mejor Actor para Vincent Gallo. ¿Repetirá en Mar del Plata?

La película sigue a su personaje protagónico, un talibán capturado por militares estadounidenses que logra escapar tras un accidente en el coche en donde era transportado. Sorpresivamente el realizador llegó a la ciudad para presentar su film, y en conferencia de prensa dijo: “Tiempo atrás hice una película en contra del stanilismo y tuve que exiliarme. Yo vivo en un bosque, y una vez hubo un accidente muy cerca del aeropuerto. Entonces pensé que esa era la ruta en donde transportaban a los prisioneros, y me dije que podría haber pasado esta historia. Este no es un film político, eso es apenas una introducción. Lo que quise mostrar es cómo este hombre se convierte en un salvaje, en cómo actúa y debe matar para sobrevivir”. Mejor síntesis no existe. Essential killing sigue obsesivamente al penoso trayecto de ese hombre, que gracias a una conmovedora y visceral actuación de Vincent Gallo queda en la retina de los espectadores mucho tiempo después de la proyección. Lo veremos sufrir la persecución de sus captores, comer los pocos animales que encuentre, y también matar. La puesta en escena tiene una rigurosidad pasmosa, en la que vale destacar el trabajo de fotografía en paisajes áridos y desérticos al comienzo, y de temperaturas bajísimas más tarde. Se trata de un film minimalista en términos dramáticos, en donde poco importa el país en donde transcurren los acontecimientos. Como dato curioso, aparece en un pequeño pero decisivo papel la esposa de Polanski, Emmanuelle Seigner, quien echa un poco de humanismo en medio de este panorama salvaje. 

La iraní The hunter de Rafi Pitts también tiene un protagonista absoluto (el propio director), sólo que la mitad del ambiente en donde transcurre es el urbano. En plena contienda electoral y en medio de una manifestación, mueren la esposa y la hija de este ex convicto y eminente cazador en un episodio confuso y tristemente cercano a nuestra realidad. Casi de forma autómata, más tarde este hombre parco, ascético, disparará con su fusil contra un policía desde un alto edificio. El puntapié para otra persecución, más larga y viciada de autoritarismo. 

La riqueza en la ausencia de todo psicologismo maniqueísta impregna a la película de una tensión a flor de piel, sin dejar de lado (como sí lo hace Skolimowski adrede) el costado político. The hunter es una película de transiciones, de puentes oscuros que conectan autopistas, calles plagadas de silencio y oscuridad y –finalmente- un bosque que será el marco ideal para una resolución implacable. Una reflexión sobre el abuso institucional y el mal uso del poder contada con genuinas herramientas cinematográficas.

Por último, llegó el turno de la última película argentina de la Competencia: Aballay, el hombre sin miedo, en su premiere internacional. Fernando Spinner había pasado con éxito en la edición número 19 del Festival, cuando Alejandro Urdapilleta ganó el Premio al Mejor Actor por el film Adiós, querida luna. En Aballay retoma un sub-género bien nacional que tuvo sus grandes exponentes y parecía olvidado: el gauchesco. Imposible no ver Aballay sin rememorar imágenes de Juan Moreira (Leonardo Favio, 1973) o La guerra gaucha (Lucas Demare, 1942), aunque también está presente un género esencialmente americano, el western, con sus disputas, el abuso de poder, y la permanente sombra de la venganza. 

El joven Julián Álvarez (Nazareno Casero) ha crecido con la imagen del gaucho Aballay (Pablo Cedrón) grabada en su cabeza. Asesino de su padre en una contienda por el oro, el personaje deviene mítico en la rocosa geografía tucumana tras desaparecer por motivos que no develaremos. La venganza lo impulsará a buscarlo, pero en el camino se topará con una bella “chinita” (Moro Anghileri) que está a punto de ser arrebatada por (Claudio Rissi), un feroz caudillo que mete miedo con apenas respirar. De ese encuentro nacerán un romance apenas insinuado, nuevos obstáculos a superar y una extraña y conmovedora alianza. La película está atravesada por los núcleos dramáticos típicos del western, pero supera el maniqueísmo gracias a su logrado trabajo de imagen y actuaciones cargadas de emoción que sí, claro, capturan modismos y tonadas sin por ello perder autenticidad. Se trata de una apuesta nacional que ratifica la solidez en el cine más masivo que ha tenido la Competencia este año, y permite corroborar que junto con De caravana y Fase 7 hay muy buenas ideas en la cinematografía local.

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