Ezequiel Boetti
15/11/2010 17:58

El segundo día de la Competencia Nacional de Festival Internacional de Mar del Plata continúo hoy en la sala Colón con El mal del Sauce (2010) y AU3 (Autopista Central) (2010), dos films disímiles en temática pero que mantienen una aceptable cuota de calidad.

AU3 (Autopista Central)

(2010)
8.0

Primer largometraje de ficción de Sebastián Sarquís, El mal del sauce cuenta la historia de un hombre (Jean Pierre Noher) que al despertar se percata de que está secuestrado en una solitaria casa en el Delta de Tigre. La sorpresa al descubrirse en esa condición es mínima cuando descubre que Lucas, su hijo de trece años, es un de los secuestradores.

La cita de Franz Kafka que abre la película ya anuncia que estamos ante una historia concebida con su matriz. “Incorporamos su universo por la situación que está el protagonista lo amerita. Por eso las frases, Kafka es un gran símbolo de la locura. Eso ayudaba a explicar el vínculo entre padre e hijo”, explica el también documentalista en la conferencia de prensa posterior a la proyección antes de referirse a la connotación policial de su film: “Una persona secuestrada siente que el tiempo avanza en círculos, que se mantiene estático. Se alimenta sólo del dolor”, reflexiona. La narración poco vertiginosa para los cánones que imperan la industria hizo que varios espectadores acusaran a El mal del sauce de “lenta”. “La historia tiene el tiempo que requiere para llegar a un desenlace que de algún modo conocemos desde el principio”, se defendió el hijo de Nicolás Sarquís, director que homenajeará el festival.

Apresado en una solitaria casa del Delta, para el personaje que interpreta Jean Pierre Noher es preponderante el sentido auditivo, quizá él único que posibilite un mínimo sentido de orientación. “El contracampo cuenta muchísimo sobre el universo de esa persona. Con Jean Pierre al comienzo tratamos de buscar un tratamiento que tenga que ver con eso, con pequeñas situaciones de cómo se mueve y como se expresa, que eso cuente qué está pasando por su cabeza. Sin que llegara a lo onírico, quería que nos hablara de un espacio extraño y sensible de la situación extrema él percibe todo a partir de los sonidos. Por eso también tramamos de dosificar la fotografía para que la belleza no interfiera con el mundo extraño”, explicó Sarquís.

El cosmos habitado por Franco (Noher) se limita a la casa a orillas del río. Su preponderancia dentro de la trama es inversamente proporcional al espacio reducido que ocupa. “El trabajo de locaciones fue arduo. Primero tuvimos que encontrar una casa que transmitiera de alguna manera esta cosa de encierro que el tenía, y después todo la cuestión de la ambientación el despojo también era una desafío porque cuanto menos elementos tenés se hace dificultoso. Pero de todas maneras necesitaba eso porque va mucho con la historia real”, analiza.

La segunda película del día no era ficción pero bien podría serlo. Porque la historia de la Autopista Central (AU3), opus dos de Alejandro Hartmann, es una auténtica tragicomedia. Concebida por el gobierno de facto de Osvaldo Cacciatore a finales de los 70, su traza abarcaba desde el barrio de Saavedra hasta Nueva Pompeya y partía en dos a la capital. La por entonces Municipalidad expropió miles de inmuebles y derribó otros cientos, hasta que los aires democráticos detuvieron su construcción. Sin techo, olvidados por el Estado, las familias desamparadas se reinstalaron en las mismas habían cedido a precios usureros unos años atrás. 

Hartmann recapitula la historia de este particular emprendimiento dándole espacio tanto a quienes usurparon los terrenos como a los vecinos que se quejan por el “afeamiento” del barrio. “Viví toda mi vida en esa zona, y todo el mundo quería contar su historia. Desde la gente de Belgrano R hasta los ocupantes querían ser escuchados. Siempre me preguntaba de qué lado estaba, lo que era difícil porque yo era propietario pero sentía simpatía por los ocupantes”, confesó el director, quien recordó la génesis de un proyecto en principio orientado al paisajismo. “La inspiración original eran los huecos y las cajas vacías. Pero cuando empecé en 2008 llegaron las grúas”, recordó el director de Clon (2001).

La situación de la AU3 está lejos de acabarse. El Ejecutivo porteño lazó el Programa de recuperación de la traza de la ex AU3 por el que el gobierno venderá el 80 por ciento de los terrenos expropiados a inversores privados y construirá edificios para los actuales ocupantes. La continua evolución del caso fue un escollo para determinar el momento de finalizar el rodaje. “Yo no sabía cuándo dejar de filmar, era enloquecedor. Pero sabía que si en 30 años no pasó mucho ni se solucionó, no avanzaría demasiado”, teorizó Hartmann.

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