Ezequiel Obregón
10/04/2010 14:44

No sólo parece imperar un aire de renovación en el BAFICI. También hay un espacio central para otra consigna: diversidad. Siguiendo la senda del primer día (cuando se presentaron Ajami y Putty Hill) las películas austro-alemana The robber (Die Räuber, 2010) y la peruana Paraíso (2009) mostraron dos estéticas tan distintas como los territorios que exploran.

Cuando comienza The robber, el protagonista está por dejar la cárcel. Claro que no ha sido un recluso más. Beneficiado con una cinta para correr instalada en su celda, el ladrón está más que preparado para ganar una maratón. Y efectivamente eso ocurre apenas sale. The robber está basada en un caso real, pero tiene toda la autonomía y coherencia necesaria para no ser deudora de ningún vicio propio de las películas inspiradas en casos reales. El éxito del film consiste en cómo el espectador se compromete con la afectividad del hombre, una afectividad que tiene la lógica de la velocidad, y que sólo se quebranta cuando el componente amoroso cobra fuerza en medio de tantas corridas y re-incidencias en el mundo criminal. En ese sentido, el relato transita una amoralidad propia de las pasiones que lisa y llanamente “son” y un ethos que se impone cuando la peripecia del héroe involucra cada vez más la inestabilidad de los otros (su pareja, la policía, los habitantes). Sin lugar a dudas, hay chances para que el actor Andreas Lust se lleve un premio.

Filmada con una pátina de colores fríos, The robber cobra vida cuando su protagonista o corre o roba bancos. Se trata, en efecto, de una película kinética, en donde el movimiento y el vértigo definen al personaje y conmocionan su entorno. El director Benjamin Heinsenberg desarrolló una puesta en escena milimétrica, en la que se destaca el trabajo fotográfico. Estilizados travellings y planos secuencia (per)siguen al ladrón en sus travesías por una Viena desangelada, produciendo una notable proximidad con el espectador.

Paraíso, de Héctor Gálvez transcurre en medio de un territorio desértico, en donde la aridez del paisaje se fusiona con la aridez social. Suerte de relato coral e impresionista del mundo adolescente suburbano, la película alterna momentos de crudeza con momentos de una luminosidad propia de la edad, en donde las pulsiones amorosas y la necesidad de idealizar un porvenir están siempre a flor de piel.

Gálvez presenta secuencias por momentos un tanto redundantes, que los jóvenes intérpretes asumen con una naturalidad asombrosa. En sus tonos de voz y en los mínimos gestos está la riqueza de un relato que –en la mayoría del metraje- se hilvana sobre planos generales. Los tiempos del film remiten a la impronta del teatro de Samuel Beckett, en donde la espera es asfixiante y las perspectivas de cambio son cada vez más distantes. Se trata de una película “pequeña” en términos técnicos, pero que consigue generar en el espectador una melancolía afín con lo que le sucede a los chicos. Paraíso abrirá debates.

The robber: Sábado 10, 22:00, Atlas Santa Fe 1 – Domingo 11, 16:30, 25 de Mayo / Paraíso: Sábado 10, 15:45, Hoyts 6 – Lunes 12, 13:45, Hoyts 6
 

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