Ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera en 2009, este film japonés pone el acento en el nokanshi, ritual fúnebre que consiste en entregar los muertos de la mejor forma posible al otro mundo -maquillándolos, vistiéndolos con su mejor traje- ante la presencia de sus familiares, demostrando el lado espiritual y conmovedor de la ceremonia e, incluso, ubicándola como un refugio ante la vertiginosidad del mundo diario.