Óscar Ruíz Navia: “Yo tengo muy claro que me interesa seguir desarrollando las cosas que empecé a elaborar en El vuelco del cangrejo”

El vuelco del cangrejo (2009) resultó ser una de las películas latinoamericanas más premiadas internacionalmente en el circuito de festivales de 2010. Tras conseguir el Premio FIPRESCI en la última Berlinale, lleva cosechados más de una docena de galardones. Durante enero y febrero la ópera prima del colombiano Óscar Ruíz Navia se proyecta en Fundación Proa. En exclusiva dialogamos con el realizador con más futuro de Colombia.

¿Cómo fue que decidiste largarte a filmar este proyecto?
Es un proyecto que nació cuando estaba en la universidad, era mi tesis de grado, y así fue como empecé a trabajar en la idea de cómo hacer la película. Luego fundé mi productora y me di cuenta que podía ser una película de verdad, con una salida internacional.

¿A raíz de que hechos te interesás en los temas que desarrolla El vuelco del cangrejo?
Empecé a investigar y llegué a un lugar que se llama La barra. donde conocí a Cerebro que es un hombre que existe en la vida real y que tiene un hostal para turistas. Estando con él le propuse que hiciéramos una película sobre algo que había sucedido un tiempo atrás acerca de un hombre que había venido a adueñarse de la playa y poner música a todo volumen. Entonces le planteé que a partir de esa idea construyéramos una película que retractara la situación del pueblo con esa llegada de lo moderno, algo que representa un peligro permanente para la desaparición de tantas cosas culturales que hay en estos sitios.  

Por lo que contás la película se rodó en un lugar lejano ¿Cómo resolviste el tema de la producción para trasladar todo un equipo hacia La barra?
En paralelo iba tratando de conseguir los recursos. A pesar de tener varios socios que me apoyaron, yo lideré mucho la película a nivel producción desde un principio. Como también era el guionista, desde el guión mismo trataba de hacer una película sencilla que abarcara pocos espacios. Si bien era un lugar lejos, toda la película sucede en el mismo sitio.

¿Los personajes están interpretados por gente del lugar?
Toda la historia de Lucía, la niña, es una historia que yo viví estando ahí pero no pude trabajar con la original porque creció mucho y ya no daba con el personaje. Pero conseguí una niña muy parecida que tenía como el mismo universo. Los chicos, en cambio, si son ellos, los conocí ahí. También hay dos actores formados y una actriz de un pueblo vecino a la que mimeticé con ese universo. En la misma película había una distancia entre los foráneos y los locales que yo quería aprovechar para la puesta.

¿Cómo trabajaste la dirección actoral considerando que la mayoría no eran actores profesionales?
Evité que ninguno de los que trabajaban conociera el guión. Conocían de que iba la película, lo que quería transmitir, pero si yo les deba el guión ellos todo el tiempo iban a fingir, no se iban a sorprender de nada. Así que les dije “vamos sin guión”. Ellos tenían mucho temor pero cada día íbamos construyendo un pedacito de la película.

¿La rodaste de manera lineal?
No. No, porque yo sí tenía la película en mi cabeza pero ellos no. Entonces se volvía interesante ya que ellos no tenían que pensar en lo que había antes o después, sólo tenían que pensar en el presente. No tenían que imaginar ni racionalizar algo, sólo vivirlo. Es el montaje el que va creando el personaje en la película.

¿Tatás de evitar que el actor piense su personaje?
El actor en cine no debería pensar mucho. En teatro es distinto porque el actor está solo en un escenario. En una película, el director es el que va llevando al actor. Yo no quería que vivieran, que se pudieran sorprender, que no tuvieran consciencia de las cosas sino simplemente dejarse llevar.

¿Quedaste conforme con haber trabajado de esa forma?
Hay momentos que no me gustan tanto pero pienso que en algunas situaciones se logró el grado de naturalidad que yo quería. Son ellos mismos, no están siendo otros sino ellos mismos. Yo siento que esto es importante no sólo a nivel estético sino ideológico también.

¿Por qué?
Ahí hay una señal de que ese sistema de estrellas y de representación es muy lejano al mundo como es. El mundo está lleno de imperfecciones, de seres humanos de carne y hueso, no de héroes ni nada de eso. Para mí era súper importante que a pesar de hacer una película ficcionalizada haya una esencia de lo real mucho más cerca a la imperfección de la vida cotidiana que puede respirarse más.

¿Hay un cambio en la forma de hacer cine en Colombia?
Creo que sí. Nosotros estamos apostando a ese cambio desde nuestra película que es muy sencilla. Yo quisiera que hubiera más directores en Colombia que sean arriesgados, que se salgan de esa tradición televisiva. Hay un contexto dado, hay una serie de apoyos estatales buenos. También hay mucha atención de los festivales y los fondos internacionales viendo que puede pasar en Colombia. Hay mucha responsabilidad para no decepcionar y ver el tipo de cine que se va hacer.

¿Y vos en lo personal como vivís esta presión?
Yo tengo muy claro que me interesa seguir desarrollando las cosas que empecé a elaborar en El vuelco del cangrejo. Quiero seguir haciendo películas sencillas, que hablen de uno mismo. Creo que si uno habla de uno mismo puede hablar del mundo. En lo personal está lo universal.

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