Gustavo Fontán: "Nos interesaba registrar las imágenes que surgen en los intersticios de las referencias"
El realizador de El árbol (2006), La orilla que se abisma (2008) y La madre (2009) se ha ido forjando un merecido lugar en el panorama del cine independiente argentino. Sus relatos oscilan entre el intimismo y una poética fuertemente vinculada con el registro de la imagen y las emociones que éstas suscitan. Este jueves se estrena Elegía de abril, singular trabajo en donde indaga sobre la memoria de su familia.
La película no existiría –al menos no como la conocemos- de no haber existido el libro de Salvador Merlino, Elegía de abril. ¿Cómo tomaste contacto con el libro, y qué motivaciones te llevaron a trabajar cinematográficamente sobre él?
Salvador Merlino se muere cuando su libro de poemas Elegía de abril estaba en imprenta. Se muere de pronto, muy joven. El dolor hace que los paquetes de libros tal como salieron de imprenta permanecieran durante años guardados en un ropero de la casa familiar. Yo había visto de todas maneras un ejemplar. Me sorprendió siempre que sus últimos dos libros, bellísimos los dos, sean una elegía a la muerte del padre, Elegía de octubre, y un canto a la muerte de la madre, Elegía de abril. Cuando se cumplieron cincuenta años de la muerte de Salvador, en marzo de 2009, me pareció que era justo darle un destino a esos libros.
En la película se encuentran tres generaciones que deambulan, investigan, interpretan el libro. ¿Cuál es tu interpretación de este objeto artístico? En tu film accedemos a él desde un aspecto muy poco referencial, se cuelan “fantasmagorías” que tienen que ver con la propia percepción y lo biográfico.
El libro es tangible, un objeto que podemos tener entre las manos, leerlo, olerlo. Tiene poemas y unas hermosas xilografías. Pero también es una huella de un momento de la vida de Salvador. Repone, sobretodo para sus hijos, un conjunto de recuerdos y emociones. Hablar del padre que ya no está es hablar de lo ausente y el lenguaje es precario para semejante tarea. ¿Qué se puede decir sobre lo que ya no está? Sólo referencias imprecisas: cuando creo que me acerco noto que me alejo. Por eso nos interesaba registrar las imágenes que surgen en los intersticios de las referencias. Es decir, el verdadero objeto de la mirada de la película creo que no es Salvador sino los modos en que los recuerdos impregnan el presente y los legados.
¿Cómo fue el proceso de rodaje? ¿Existió un guión? ¿Siempre estuvo la idea de abordar otros formatos?
Existía una estructura a modo de guión. En estas películas aquello que llamamos guión es un mapa para acercarnos a lo real, una hoja de ruta. La película se construye en el encuentro de esas decisiones y lo que se descubre en lo real.
En cuanto a los distintos formatos estuvo decidido desde el principio. El final de la película está filmada con película de 16 mm, vencida hace diez años, sin probarla. Queríamos dejar que el azar, el velo del material, las “fallas” en las respuestas al color, por ejemplo, nos permitieran profundizar la idea de lo fantasmal.
Tu película reflexiona –dentro de mi punto de vista- sobre la relación entre memoria e historia, poesía y registro, algo que ya está en Duras, Godard, entre otros artistas. ¿Cómo se fueron entrecruzando en tu vida lo vivencial y los diversos formatos (videos, fotos, películas, etc.)? ¿En qué medida estos “cruces” te llevaron a ser cineasta?
Confío profundamente en que el cine puede ser instrumento de poesía. No hablo del poema literario, sino de la poesía como capacidad de sugerencia. Así fue para mí desde el principio el contacto con el cine. Creo que todo se puede transformar en cine, en la medida que lo entendemos como una forma de explorar el mundo y al hombre. El arte está regido por esa curiosidad vital.
Por otro lado está el tema de la memoria. Entiendo que el presente está construido por un entramado de memorias. Esa memoria es fragmentaria y compleja. Por ejemplo, tu madre te cuenta algo que hiciste a los dos años. Vos no te acordás de ese episodio, pero lo asumís y empieza a ser parte de tus propios recuerdos. Nuestra memoria es también memoria de los otros.
Dado que la película apunta a lo biográfico y a la percepción de los recuerdos, más que preguntarte por el espectador, me gustaría que me cuentes algo de cómo este film fue recibido por tu familia-intérprete y por Lorenzo Quinteros y Adriana Aizemberg.
La familia intérprete todavía no vio la película. Adriana y Lorenzo sí. Los dos son grandes actores, pero también generosísimas personas. Aportaron no sólo su oficio sino también sus sentimientos Para todos nosotros todo el proceso fue riquísimo y perturbador. Cuando la vimos todos juntos nos reencontramos con todo eso. Ahora esperamos que Elegía de abril resuene en los otros, es decir que dispare en los espectadores cosas de su propia historia.

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