Facundo Arana: “A mí el tren no me pasó por arriba porque supe correrme a tiempo”

El  galán que supo conquistar el amor de hijas, madres y abuelas estrena una película con un personaje totalmente disímil a lo que su público espera de él. Facundo Arana se compromete hasta las entrañas con cada uno de sus trabajos y El agua del fin del mundo (2010) no es la excepción. “Esta es una película de verdad que se contó con el alma”, dice el actor al referirse a la ópera prima de Paula Siero que protagoniza junto a Diana Lamas y Guadalupe Docampo.

¿Cómo es Martín, tu personaje en El agua del fin del mundo?
Martín en el momento que arranca la película está destrozado por la vida, no tiene ninguna razón por la cual vivir y está literalmente esperando a la muerte. Pero se cruza con el personaje de Guadalupe Docampo y encuentra una pequeña luz en el túnel a la que se agarra con toda su desesperación. Es la primera vez, en mucho tiempo, que encuentra algo por qué vivir.

¿Cómo te llega la historia?
El guión llegó por primera vez a mis manos en el 2004, yo estaba haciendo Padre Coraje, nos juntamos con Paula (Siero) a tomar un café y ella me dijo: "Tengo una historia que me gustaría que leas, la escribí y se llama El agua del fin del mundo". Ahí le dije bueno, dámela que voy a leerla. Yo había trabajado con Paula en Muñeca Brava, pero ella estaba como actriz en ese momento. Me sorprendió mucho que Paula hubiese escrito un guión. Además le pregunté quien la iba a dirigir y me dice 'yo'

¿Qué te gustó de la trama?
Es una historia muy conmovedora, una historia de amor, una historia universal, es una de esas historias que tiene que ser contada. No es una historia forzada, es una historia que va por sí sola. Esta historia está contada con sangre, con fuerza con vida, está contada con fervor. Me acuerdo como si fuera hoy que le dije 'Paula empecemos a filmar ya'. Y de a poco empezaron a sumarse voluntades.

El proyectó comenzó a gestarse en 2004 pero tardó siete años en ver la luz. ¿Por qué demoró tanto en concretarse?
Lo que pasa es que todos conocemos como es la realidad de la Argentina del 2004 a esta parte y la realidad de lo que es filmar acá del 2004 a esta parte. Para eso te tiene que acompañar mucho más que la suerte y esto fueron dos películas, no una.

¿Por qué dos?
Acá tenés la película que la gente va a ver en el cine y la historia de lo que fue filmarla. Fueron cinco meses de dos veces por semana ensayando durante tres horas que se hacían cuatro o cinco. Todo lo que se ve en la película está recontra ensayado y eso sirvió para que cada uno pudiera entender su personaje.

Por lo que contás hay un compromiso muy fuerte por parte de cada uno de los integrantes con la película.
Este es un trabajo que no se ve ni en el cine que viene de afuera y que tienen presupuestos que son de cine de industria. Esta es una película de verdad que se contó con el alma.

¿Fue un trabajo a pulmón?
Mucho, de hecho no teníamos la posibilidad de hacer cuantas tomas quisiéramos. Por el tiempo y el presupuesto que teníamos había que filmar la toma que iba a quedar y por más que lloviera había que filmar igual. Pasan muchas cosas en una filmación cuando la toma tiene que ser con sol y de pronto se larga la lluvia. De repente había que modificar todo y el compromiso de cada uno era tan fuerte que hacía lo imposible para que la escena del sol se transformara en una de lluvia. Teníamos una sola flecha para tirar y había que dar en el blanco.

¿El haber tocado en el subte te ayudó para componer el personaje de la película?
Tocar en el subte tiene toda una magia… Para poder hacer que uno toca en el subte el haber tocado ahí ayuda mucho y yo en el subte toqué, lo viví y lo viví de verdad.

¿Aprendiste a tocar el acordeón?
Hubiera sido más fácil… (Risas). En realidad vino el acordeonista de una banda que se llama Babel y me enseñó, con magia, a tocar el acordeón para que yo pudiera tocarlo en el subte y las notas que fueran necesarias para dar la sensación de que en realidad tocaba yo.

¿Sentís que en algún punto Martín, tu personaje, tiene cosas de ese momento de tu vida?
Hoy tengo un par de arrugas en la jeta que son años vividos. Martín tiene en 38 años en la jeta y el tren le pasó por arriba. A mí el tren no me pasó por arriba porque supe correrme a tiempo pero si yo no me hubiera corrido sería como Martín.

Nunca se sabe por qué el personaje de Martín llegó a ese estado
El que puede reír con toda su fuerza puede llorar con toda las lagrimas que tiene en la cara. Para poder salir de algo muchas veces hay que llorarse todo y Martín es un tipo que está pasando por ese momento. No sabemos lo que le pasó pero el está en una nebulosa que de repente cruza su mirada con alguien que está por entrar en algo similar y el resultado termina siendo positivo. Yo creo que nunca encontré una forma más poética de entender por qué menos por menos es más.

Tu personaje es algo diferente a lo que la gente está acostumbrada de vos. ¿Cómo creés que lo va a tomar el público que te sigue de siempre?
Para un actor no hay nada más lindo que un desafío tan fuerte como vos sos blanco y te voy a dar el papel de negro para que hagas una cosa totalmente diferente a lo que la gente está acostumbrada a verte. Todos te dicen "cuando te vamos a ver hacer algo diferente". Acá lo tenés y está buenísimo.

En el film hay una escena de sexo bastante fuerte, algo inusual para vos. ¿Cómo la trabajaron?
La ensayamos durante mucho tiempo, nos llevó mucho pensarla para ver cómo llegan a ella estos personajes ante la desesperación. En la película es una escena más, ahora si vos la cortás y la subís a YouTube eso a mí no me interesa. Me interesa que la gente la vea en el contexto de la película en dónde es poesía pura. En ese contexto esa escena es la que les salva la vida.

¿Cumpliste un sueño al rodar El agua del fin del mundo?
Estos son muchos sueños cumplidos al mismo tiempo. Es algo que ocurrió y es algo maravilloso. No hay nada más lindo que hacer las cosas por amor y esto es lo nos pasó.

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