Eduardo Pinto: “La realidad encuadrada desde otros puntos de vista se hace más poética”

El director de Caño Dorado dialogó con EscribiendoCine sobre su película, que se estrena el jueves luego de pasar por diversos festivales. El film es un relato que transcurre en el conurbano bonaerense. En palabras de Pinto: “Un retrato oscuro, perverso, enroscado de los personajes. Son marginales confundidos que rebotan entre la venganza, el amor y el odio”.

¿Cómo surge la idea de Caño Dorado?

La idea surge a partir de una noticia: una familia en Rafael Castillo fabricaba armas desde la herrería de su casa. Me llamo la atención cómo desde la célula original de una sociedad, nace y se fabrica el delito. El dinero sucio termina en la casa de una familia, con ese dinero se paga el gas y la luz. Era un buen punto de partida. Después la idea comenzó a crecer, era un momento muy particular, el 2002, la Argentina estaba quebrada y muchas familias tenían que sobrevivir. Me puse a escribir y le mostré el primer guión a Nicolás Batlle. Nico me dijo: “Hay una película”. Cuando vemos los noticieros nos muestran al delincuente dentro del patrullero. Tema terminado. Rewind, vayamos para atrás y contemos cómo llegó a esa situación. A mí me interesa humanizar a los marginales. Apareció la historia de amor y el triángulo del conflicto entre Panceta, Tacom y Clara, la estructura policial.

¿Cómo lidiaste con la gente del barrio para filmar?

La verdad no lidié, yo soy del Gran Buenos Aires y siempre me movilicé por sus calles. Recuerdo que en Moreno me iba al Río Reconquista en bicicleta y pasaba por el barrio Rifif, donde abundaban carpas de gitanos que se mezclaban con casillas y casas de gente de trabajo. El Gran Buenos Aires es lo más latinoamericano de la Argentina. El productor Omar Jadur, Lautaro Delgado, el protagonista, Daniel Ortega, el fotógrafo, todos somos parte de la cultura del Gran Buenos Aires. Un sector del barrio estaba a full con la peli. Nuestro contacto era Alfredo Bertazzoni, que interpreta al Melli, gracias a él pudimos ingresar al barrio San Jorge. Arrancamos la pre producción, que fueron un par de años con visitas espaciadas. Al otro sector del barrio no le importaba la película y estaba bien. Pero la gente actuó, laburó en arte, todos sabíamos que estábamos haciendo algo sincero y diferente, y cuando hacés arte generás una energía de unión y alegría, al menos en mi caso es lo que busco. Siempre mi idea es generar un grupo de trabajo, un buen clima. El cine es arte comunitario. Es verdad que hubo algunos inconvenientes pero fueron menores.

¿Trataste de ser fiel a la realidad o dieron rienda suelta desde la historia a la imaginación?

Yo tenía un guión y un story board de cada cuadro. Le daba vueltas y vueltas esperando el dinero del productor de Alfonso Cuarón (Y tu mamá también, 2001). Yo lo había conocido en Sundance, el tipo pedía pero no ponía un peso. Caño Dorado era otra película, era más hollywoodense, tenía helicópteros y grúas y escenas en animación. El tipo se bajó y decidimos arrancar con el poco dinero que teníamos. Ahí me di cuenta que tenía que hacer otra peli, más realista, más simple, más oscura, mas "documentalosa". A medida que me fui encontrando con elementos que la realidad me daba los fui integrando a la historia. La aparición del Gauchito Gil es un ejemplo. La relación de la chica con este santo no estaba en el guión, pero cuando llegué al barrio me encontré con ese altar maravilloso y lo tomé. Para la fundición de armas que ve Panceta en la TV, aproveché que iban a fundir toneladas de armas unos días antes y dije: “Agarremos una cámara” y lo registré.
Yo voy con el guión, que es columna de la obra, pero después estoy abierto a la realidad, la realidad siempre será más creativa que yo. Y ahí en caliente, en vivo, siempre suceden situaciones que hay registrar, como en una fotografía. Ésta historia necesitaba mucho de la realidad para que sea creíble.

Me parece un retrato original de la marginalidad, no vista desde la victimización. ¿Esto fue una idea central del film o algo que surgió desde la realización?

Tiene que ver con lo que te decía antes. Yo en los años ochenta militaba en el centro de estudiantes y caminaba por lo barrios. En los años noventa tenía una banda de rock y tocábamos en las sociedades de fomento y barrios. Caño Dorado es una historia de amor, de un tipo que está al borde de la locura y en tres días pierde el control de su vida. Alrededor está el Gran Buenos Aires y la marginalidad, pero nunca me interesó trabajar sobre la pobreza, abusar de las necesidades de los demás, para eso están los noticieros, ¿no?. Esto es arte y el arte está en Palermo, París o Moreno. El arte está ahí en la calle, sólo hay que filmarlo, pero el tema es cómo. Creo que la realidad encuadrada desde otros puntos de vista se hace más poética.

La propuesta estética y el montaje generan una sensación de peligro constante. ¿Trataron de plantear una estética del miedo? 

El montaje está al ritmo de Panceta, de su locura. El relato acompaña a Panceta. El montaje tiene la dureza del metal, el material de Panceta. Tomé como referencia la edición de Bailarina en la oscuridad (Dancer In The Dark, 2000) de Lars von Trier, con cortes marcados y elipsis permanentes. La edición estuvo a cargo de Mariano Dadwinson, muy bueno. El montaje mantiene la tensión del protagonista y se la pasa al espectador. La cámara en mano y los fueras de foco generan un sensación de subjetiva y tensión permanente. Recién en el río cuando la cámara se desliza en travellings naturales, está montada en los botes. Ahí relajamos, en la tierra la cámara está siempre en mano, enloquece por momentos. A mí siempre me gusta apoyarme en el género, en este caso la peli posee un suspenso enfermo, demente, molesto. Esa fue la idea, subir al espectador a las sensaciones de Panceta. Mi propuesta estética es narrar con imágenes, cada encuadre forma parte de un eslabón. Es una progresión, no está por que sí. Para mí Caño Dorado es una pintura, por eso me conecto mucho con el encuadre, no lo dejo pasar. Ahí intervengo siempre. Daniel Ortega, el fotógrafo, es un pintor, otro groso. Trabajamos el celeste de la Virgen de Luján para Panceta y el rojo del Gauchito Gil para Clara, dos opuestos pero en realidad están unidos por el misticismo y la Fe. Cada personaje tenía un color asignado. Estos colores se invierten hacia el final de la película.

Hay un homenaje a Psicosis de Alfred Hitchcock, ¿Te sirvió para retratar el bajo mundo en el que se sumerge el protagonista?

Yo creo que el cine está re contra inventado. En los primeros 80 o 90 años se cocinó todo; como en la pintura, los clásicos dejaron su marca. Ahora es un recicle permanente. Sí, hay un homenaje a Psicosis (1960), pero también a Werner Herzog y a todos los grosos que me volaron la cabeza cuando arranqué a ver cine. Creo que Caño Dorado es un retrato oscuro, perverso y enroscado de los personajes. Son marginales, confundidos que rebotan entre la venganza, el amor y el odio. El Tacom es un hijo de puta pero en el fondo también tiene sentimientos. Todos los personajes están humanizados, son reales. En las actuaciones trabajé con Esteban Mihalik como coach, desde el guión con Oscar Luna, un amigo psicólogo, donde reforzamos las relaciones psicológicas entre los personajes: la ausencia del padre de Panceta, el Edipo entre madre e hijo, etc.
 

¿Qué experiencia te deja la película? 

Uff, mucho tiempo de trabajo y espera, pero ésta es una película especial, única. Hice lo que quise, tuve libertad absoluta, trabajé con quien quise, a último momento cambié el protagonista. Una locura, pensé que se caía todo y me acordé de Lautaro Delgado, uno de los mejores actores argentinos. Para mí Caño Dorado es un trabajo importantísimo, es lenguaje audio-visual puro. Es una película que se destaca desde lo artístico, técnico y sobre todo espiritual. La hice, demoré un tiempo enorme, casi diez años, pero la hice.

¿Vas a seguir incursionando en historias marginales?

Claro, necesito poder mostrar siempre la realidad pero darle una vuelta más, llevarla hacia un costado, trabajar los bordes más psicológicos de los personajes. Pero desde el cuadro, desde la narración por imágenes, sin tantas palabras generar clímax y sensaciones. Quiero ir para ese lado: historias reales con matices poéticos. Es una fusión que me interesa seguir desarrollando.

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