Diego Rafecas: “La película no tiene el dedito levantado contra las drogas sino que el problema está detrás"
Pantalla Pinamar fue el marco elegido por Diego Rafecas (Un buda, 2005), acompañado de Tomás Fonzi, Esther Goris, Willy Lemos y Romina Richi, para estrenar en Argentina Paco (2009), film que ya había pasado con éxito por el Festival de Valladolid. Sin duda, el estreno argentino más polémico y audaz de los últimos tiempos del que -para bien o para mal- todos van a hablar.
¿Cómo llegaste a tocar el tema de las drogas en tú película?
En principio fue una forma de expresión natural, es un tema difícil que había que meterse al cien por cien y no a medias tintas. ¿Y el porqué? Es difícil preguntarle a un pintor porqué pinta ese cuadro. Obviamente yo viví un tema muy profundo de chico con las drogas y tuve esa necesidad profunda de expresión. O pinto ese cuadro o me muero.
¿Cómo fue el proceso de trabajo con el guión?
Lo escribí hace cuatro años y fue bastante premonitorio ya que uno de los personajes es una senadora candidata a presidenta. Yo estuve en el Programa Andrés o sea que viví todo eso desde adentro. Siempre me interesó contar la historia de alguien que se rehabilita de una droga fuerte, como es que existe un callejón con salida. No es que todos mueren, la mayoría se recuperan. Esa fue mi experiencia y trate de iluminar un poco el tema. La película no tiene el dedito levantado contra las drogas sino que el problema está detrás
Yo estudié guión con algunos profesores, no mucho. Y el guión fue algo muy raro, lo escribís pero después muta en rodaje, muta con los actores, muta en la compaginación. Se dice que el guión se termina de escribir cuando se empieza a filmar, para mí se termina cuando se acaba de compaginar.
¿Los personajes están basados en seres reales?
Sí, es exactamente cómo fue en el Programa Andrés. Había un cura que era el Pastor Novelli que es el personaje de Norma Aleandro, después estaban los otros adictos, los psiquiatras, los psicólogos, una amiga mía que había vendido el cuerpo por droga toda la vida y termina transando con el psiquiatra. Todo lo que sucede en la película son situaciones reales.
¿Podría ser considerado un film de denuncia?
Sin criticar a nadie todo lo que cuenta la película es la descripción de la realidad, un aspecto de la realidad. No es una denuncia, aunque después se transforme en una denuncia a priori no fue esa la intención. Y si puede ayudar obviamente…
¿Hay posibilidades que se proyecte en los colegios?
Ahora se está por declarar de Interés Nacional y Cultural por los gobiernos de Nación, Provincia de Buenas Aires y Ciudad de Buenos Aires para que se pase en las escuelas y eso es muy importante. No lo había pensado y me puso muy contento. Justamente la directora del Nacional Buenos Aires es la esposa del director de fotografía Marcelo Iacarino y fue la primera que me dijo que iba hacer una función en Nacional Buenos Aires. La película no tiene moralina, no hace juicio de valor.
¿Cómo te asesoraste sobre el paco?
Nuestra fuente de información fueron las “madres del paco”. Había muchas fuentes, leímos un informe del ARI que me acercó Lilita Carrió y fuimos muchas veces a las casas de las “madres del paco” y nos pareció que era la fuente más seria ya que era gente a la que se le habían muerto los hijos. Son gente que se inmola, que van y le golpean las puertas a los dealers. Todo el mundo saben dónde están, yo director de cine, llegué en cinco minutos a un lugar que la policía no llega.
¿Pero es un problema solamente de Argentina?
Estuve investigando bastante y en Brasil existen cocinas también y le dicen bazuco de cocaína, y en las favelas al que agarran vendiendo bazuco lo matan, no porque son la Madre Teresa, sino que los chicos les sirven para trabajar y eso los anula. Entonces no quieren que fumen eso...
¿Cómo trabajaste los aspectos técnicos ya que se nota un especial cuidado de todos los rubros en la película?
Le pusimos mucho huevo, mucho trabajo. Iaccarino en la fotografía, Ruth Fischerman, en el vestuario, el arte de Coca Oderigo que venía de hacer Diarios de motocicleta, gente que labura. Un sonidista (Omar Jadur) al que le exigí un diseño de sonido. El sonido de las pesadillas, la música mezclada con el sonido, se trabajó mucho, mucho, mucho… y creo que eso se ve. Hubo un clima maravilloso de trabajo. El lema era: concentrados y contentos. El que no está concentrado se va, el que no está contento se va. Estamos haciendo lo que amamos.
¿Tenés algún referente cinematográfico a la hora de filmar?
No, me gusta Tarantino, me gusta cualquier cosa (risas). Yo nunca estudié cine, me guió por la intuición.

Facebook
Twitter
Enviar un comentario nuevo