Rolando Gallego
07/01/2021 10:46

Renée Nader Messora y João Salaviza dirigen Chuva e cantoria na aldeia dos mortos (2018) película que puede verse en Puentes de Cine, tras haberse estrenado en la Sala Lugones. EscribiendoCine dialogó con Nader Messora en exclusiva para conocer detalles de esta poética propuesta, protagonizada por Henrique Ihjãc Krahô y Raene Kôtô Krahô y que habla de un joven de la aldea krahô que debe enfrentarse a un destino para el cual, cree, aún no estar preparado. “Tenemos al indígena mítico, que no habla, o dice tres cosas y listo, una figura muy anclada en el imaginario del buen salvaje, y por otro el indígena luchando para sobrevivir”, afirma.

Chuva e cantoria na aldeia dos mortos

(2018)

¿Cómo surgió la idea de rodar Chuva e cantoria na aldeia dos mortos?
Para contar esto tengo que contarte mi llegada a la aldea krahô, en 2010, donde logré introducir un pequeño equipo de rodaje para registrar una celebración de duelo, de un líder muy importante, por lo que la fiesta duró mucho tiempo. Fui con un amigo antropólogo, yo saqué fotos y eso fue un cortometraje. La experiencia fue muy fuerte y al regresar a San Pablo, a las dos semanas decidí ir con un amigo que me hice de uno de los miembros de Piedra Blanca, otra aldea, que vivía nuevamente en la aldea dando clases. Y entre los dos surgió la idea de poder utilizar el audiovisual como una herramienta de aprendizaje más. Armamos un proyecto educativo audiovisual, lo contemplaron y volví a la aldea, a esta y otras cuatro más, haciendo un taller muy básico de fotografía y cine. Yo recién había vuelto de Buenos Aires, donde me recibí en la Universidad del Cine, y conformamos un colectivo cinematográfico de la comunidad, que continua hasta hoy, con algunos cambios, pero la semilla quedó desde esa primera experiencia. Seguí con los talleres hasta 2013, luego me fui a Lisboa a rodar el primer largo de João, Montaña, y luego fuimos a la aldea juntos y en 2015, a través del proceso que vivió un miembro de la aldea, similar al que pusimos en la película, se nos despertó la idea para hacerla.

¿Cómo llegaron a la aldea y cómo seleccionaron al casting?
Fue algo que se dio natural, Ihjãc era uno de los miembros del taller, estaba siempre muy cerca de nosotros, con ganas de trabajar, era muy curioso e imaginamos que podía ser el protagonista, aunque en ese momento era muy joven. Realizamos un corto anterior al rodaje de la película en 16 milímetros y filmamos con él, como una especie de prueba del protagonista y las demás relaciones, porque en definitiva sabíamos que no íbamos a poder inventarlas en el rodaje, las premisas las teníamos claras, que deberíamos aceptar todo su núcleo familiar. Lo hicimos con él y con Kôtô, cosas que surgieron a partir de ella, y el personaje creció mucho y creemos que fueron grandes elecciones, aunque no sé si Ihjãc la pasó bien, porque fueron nueve meses de rodajes, y había veces que no podía participar.

¿Por qué sienten que sigue siendo tan difícil representar temas y a la identidad aborigen en el cine?
Creo que el problema es de la imagen indígena en la historia y lo que siempre se representa es un indígena como una figura fosilizada, en relatos de viajantes, europeos, rubios, que caminan sobre la selva amazónica, y el indígena aparece como una figura fantasmagórica con alguna frase profética, o el caníbal, que asusta a todos, y por otro lado el indígena frente al no indígena, en los conflictos culturales, políticos, y el genocidio que este gobierno aplica sobre los pueblos, y esta es generalmente la otra imagen que se ve hacia afuera. Tenemos al indígena mítico, que no habla, o dice tres cosas y listo, una figura muy anclada en el imaginario del buen salvaje, y por otro el indígena luchando para sobrevivir. Con la película quisimos derribar con estos mitos creando un indígena con su subjetividad y miedos, un joven que tiene que existir entre un mundo blanco, violento, que quiere atraparlo a toda costa, y el ancestral de sus creencias. Ihjack debe lidiar el proceso personal que le está pasando, que se está volviendo chamán, por qué no quiere, qué significa para él ser chamán, el día de hoy, en esta comunidad que vive, cerca de la ciudad y a la vez cómo la comunidad no indígena lo mira, con una mirada más holística sobre la salud, y cómo eso impacta en él y en su familia, en su pareja, el duelo por su padre. La película trabaja con estas cuestiones y se pierde en las huellas de Ihjãc.

¿Con qué les gustaría que la gente conecte con el film?
Este acercamiento desde la intimidad de esta familia y comunidad hace que todos se conecten con la película. Cuando estrenamos la película en Cannes, el Presidente del Jurado era Benicio Del Toro, y se acercó a decirnos que se conectó mucho con la propuesta porque había perdido a su padre muy temprano y el duelo es algo universal. Creo que si hay una comunidad que no atraviesa ese duelo de esa manera no la conozco. Cuando uno mira a una sociedad tan distante a la nuestra, que hace todo diametralmente opuesto a lo que hacemos, vemos que hay humanidad y por eso la gente se conecte. Es muy importante acercarse a la subjetividad del otro, a su intimidad, a lo que puede sentir en ese momento específico. Creo que el acercarse a una comunidad que quizás nos parezca muy lejana, pero nos damos cuenta que compartimos muchas cosas, creo que por ahí puede conectarse.

¿Están trabajando en algún nuevo proyecto?
La semana próxima volveremos a la aldea krahô para rodar durante todo el año nuestra nueva película, y hablará de una masacre que sufrieron en los años cincuenta en manos de un grupo de hacendados. También haremos otros trabajos.

Comentarios