Rolando Gallego
27/12/2020 17:59

Tras pasar por varios festivales y pantallas, finalmente llega La herida y el cuchillo (2019), de Miguel Zeballos (Un continente Incendiándose), una mirada sobre el proceso creativo de Emilio García Wehbi y el arte en general. EscribiendoCine dialogó con el realizador para conocer más detalles de una propuesta que llega a CINE.AR y que permite ver el detrás de escena de obras y creaciones.Emilio estaba atento, pero me dejó absoluta libertad para trabajar y salir del backstage”, dice.

La herida y el cuchillo

(2019)

¿Cómo fue ingresar en el universo de Emilio García Wehbi y depender de él para trabajar?
Desde 2012, que lo conocí, comencé a empaparme de su trabajo y ahí surgió la idea de registrar el proceso creativo, me junté con él, no sabía qué hacer, le propuse, supe que no iba a entrevistar, tampoco que iba a utilizar materiales de archivo sobre sus trabajos anteriores. Por suerte él es muy prolífico y tuve materiales para hacerla. Fue un proceso diferente a mis películas anteriores, en donde tal vez no eran los objetos tan conscientes del registro, acá Emilio estaba atento, pero me dejó absoluta libertad para trabajar y salir del backstage. Fueron dos o tres años sin timón y en el último tiempo encontré el rumbo.

¿Ibas editando? ¿cuánto tiempo de rodaje tuviste?
Edité poco y nada, y lo que sí, nada tiene que ver con la película actual, habrán sido 50 horas de rodaje, y en el último tiempo aparecieron líneas, nunca fui a buscar conflictos o algo importante a nivel narrativo.

Antes decías que no ibas a trabajar con archivo, pero ahora la película es un archivo de García Wehbi
El documental, para mí, hoy en día, con sus corrimientos, que a su vez Emilio lo hace en su trabajo estuvo presente, el archivo está ficcionado, y en la película se construye una clara ficción que dialoga con el documental y está todo atravesado, son capas mezcladas que no deja en claro dónde comienza el documental y dónde la ficción.

Hay momentos en los que lo mostrás a él sentado dando indicaciones, contrastando con aquellos momentos en los que se lo ve dirigiendo pero sin esa imagen pedagógica…
En un primer armado, estaba él dirigiendo, explícitamente, no me interesó, pero no quería dejarlo del todo afuera, y tampoco quería que sea todo abstracto o conceptual, por eso para mí era valioso cómo trabaja, sus devoluciones, nunca fue la intención dejarlo afuera. Lo incluí también para desarmar lo que se iba armando, me gusta que la película dispare ideas hacia otros lados, me interesa.

Tus proyectos cinematográficos son de largo aliento ¿qué sensaciones tenes cuando finalmente los presentás?
Los procesos son larguísimos, pero el estreno es poder dar vuelta la página y seguir, con alegría y cierta melancolía, porque se entablan relaciones, como con Emilio, no somos amigos, pero sí hemos compartido mucho, en la última etapa fue viendo cosas, me dio devoluciones, mantuvimos una relación que por el estreno se corta, porque está la obra terminada. En un punto se necesita. Porque en relación a lo que hace Emilio se podría haber seguido registrando, pero se tenía que dar un corte.

¿Estás con nuevos proyectos?
Sí, una película sobre Jean Genet, una docuficción entre Francia y Argentina, y un drama de ficción que se llama Los caminos abandonados, que quiero hacer con Vera Spinetta y Diego Velázquez, una historia personal que me gusta mucho.

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