Rolando Gallego
24/11/2020 10:42

En El cuaderno de Tomy (2020), de Carlos Sorín, Valeria Bertuccelli encarna a María Vázquez, una mujer que enfrentó la noticia de su muerte con humor e ironía, dejando un legado único para aquellos que la sobrevivieron. En diálogo con EscribiendoCine la actriz y directora cuenta el proceso de creación del personaje y adelanta, en exclusiva, sus próximos proyectos, uno de ellos, con Graciela Borges. “Es una historia en donde no podías dejar el cuerpo, el espíritu y la mente afuera, era 100 por ciento adentro, no podías resguardarte ni protegerte un poco, era entrega absoluta”, dice.

El cuaderno de Tomy

(2020)

¿Cómo te sentís con el estreno online, aunque ya sabían que iba a ir directamente a plataforma?
Lo rápido que nos adaptamos a todo, porque cuando no era la pandemia pensaba que raro que iba a ser el estreno online, y ahora es como que ni me doy cuenta. Siento que es igual que siempre y con las mismas expectativas, espero que guste y lo llevo como un estreno habitual.

¿Conocías la historia de María? ¿Investigaste sobre ella? ¿Qué hiciste en la previa del rodaje?
No, no conocía nada, no la supe en su momento, me llega con el guion, me cuentan la historia, me parece increíble, me dicen que la iba a dirigir Sorín, me encantó, es un director al que admiro y tenía ganas de trabajar con él hace tiempo, Esteban Lamothe, el elenco, todo me entusiasmaba mucho, me parecía una historia intensa e interesante. Paralelamente con el guion pedí El diario de Nippur para leerlo, leí guion y diario a la vez, el guion me encantó, pero con el diario terminé de entender a la persona y me enamoré, es raro hablar de personaje, me enamoré del personaje pero de la persona. Después fue super intenso, creo que nunca tuve un personaje tan intenso de transitar y que me haya dejado para mí real tanto.

¿Es el primer personaje real que encarnas?
Sí, pero además esta historia, fue un viaje, me siento como si hubiera ido a un retiro a la montaña, ese nivel de intensidad.

La película no apela al golpe bajo ¿eso sumaba?
Sí, eso era lo que más gustaba, le decía a Esteban que el género es “punk amoroso”, es muy cómo era ella, era lo que más me interesaba y no tenía dudas que de la mano de Sorín no iba a haber golpe bajo, era algo que estuvo él muy atento. Después estuvo el tema de la preparación física, que fue mucha, bajé un montón de peso, médico, nutricionista, pero también tuve encuentros con Criado, el médico de María, que me coucheó mucho sobre su estado mental y físico, y tuve también encuentros con Sebastián, su marido, y con Vanesa, su mejor amiga, que es el personaje que encarna Malena Pichot en la película, y de esos encuentros, rescaté eso de punk amoroso, donde a los dos les interesaba mucho transmitirme esa esencia de María y que tenía que ver con no caer en el golpe bajo.

¿Fue complicado el proceso de cambio físico? Estamos acostumbrados a verte siempre con tu melena…
Fue perfecto, porque fue como una manera gradual de aterrizar un avión, como que venías volando y llegar así a hacerte carne, con la rapada final fue aterrizar por completo. Es una historia en donde no podías dejar el cuerpo, el espíritu y la mente afuera, era 100 por ciento adentro, no podías resguardarte ni protegerte un poco, era entrega absoluta. El cambio físico, el tener que bajar de peso, que empecé con tiempo para que no sea abrupto, y me hizo mucho ir entrando, de hecho cuando bajo de peso estoy más debilucha y te vas acercando a algo más liviano, y que tu cuerpo pese menos, que tu cabeza también, se va a acercando a de a poco ir dejando el cuerpo. En filmación me sentía un ser, ni mujer, me había ido muy a la esencia del ser humano, dejando el cuerpo ahí y que cada vez seas más espíritu.

Hay algo clave en la película que es la conexión con Julián Sorin, ¿cómo fue el trabajo con él?
Juli es increíble, primero es un niño increíble, y además es un actor increíble, y es un niño muy especial, nunca lo ví, ayudó que Carlos era su abuelo, pero también eso puede distraer. Tiempo antes me puse en contacto con Lula Bertoldi, su madre, que es lo más, tuvimos encuentros en su casa, primero para conocernos, después para jugar, quedamos conectados, con ella, con Juli, hicimos una relación de confianza, de juego, de conocernos los dos, y él aparte es lo que tendía que ser un actor realmente, puro juego y verdad, él juega todo el tiempo, conecta, y actúa, hacemos una escena, improvisamos, Carlos nos dejó en claro eso, hablábamos de un tema, proponíamos, yo lo iba llevando y sobre lo que se improvisaba yo actuaba, hacíamos eso, sacaba el tema, el improvisaba, yo lo seguía, y por momentos cosas increíbles, Carlos venía, le decía algo al oído, abrazala, acostate, hacete el dormido, que es lo más difícil para un actor, y el cerraba los ojos y dejaba la mano caída, mucha entrega entre los dos, amor, una bola muy fácil para actuar y Carlos con una muñeca de director increíble, para todos, pero especialmente con él, veías ahí más todo. Carlos te dice lo justo, algo que no imaginás por dónde viene, entré a la clínica y tuve una primera escena, me habló de cuán enojada estaba, y después me empezó a hablar del tiempo, cómo transcurría de otra manera, las cosas que te decía sobre dirección o actuación tenía que ver más con eso, ideas más abstractas de las cosas, amé eso.

¿Eso te lo vas a apropiar para tu próxima película como directora?
Sí, total, no podía parar de observarlo todo tiempo. Él estaba en el set y no te dabas cuenta, tal vez escuchabas su risa, pero no lo veías, estaba mimetizado con todos y atento a todos, en silencio, muy de director de orquesta, a lo tano, con señas en el aire, más alto, más bajo, con mucha suavidad, sin necesidad de estar presente, guiaba con mucha sutileza.

Hay una gran actriz argentina que dice que se va a retirar del cine pero que quiere hacerlo con vos, y que sabe que estás escribiendo algo para ella…
Es una película que estoy escribiendo, Graciela Borges (risas), y encima voy lento con esa, estoy escribiendo dos cosas, esa y otra más, tengo ganas. Ojalá lo antes posible, estoy a pleno con la escritura. Ella eso lo dice pero tiene que seguir trabajando, no puede retirarse nunca.

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