Rolando Gallego
22/11/2020 12:58

La nueva producción original de Netflix, El cuaderno de Tomy (2020), inspirada en la historia real de María Vázquez, una mujer que enfrentó la adversidad de manera estoica y con humor, y que supo volcar con ironía y coraje, tanto en sus redes sociales como en el libro El cuaderno de Nippur, su experiencia ante un cáncer terminal, tiene a Carlos Sorín comandando un relato que protagoniza Valeria Bertuccelli junto a Esteban Lamothe. “Sabía que trabajaba con material explosivo, con un filo muy finito que hay que correr con sutileza y es muy fuerte emotivamente, por eso traté de no caer en golpe bajo”, dice el cineasta en diálogo con EscribiendoCine.

El cuaderno de Tomy

(2020)

¿Cómo vivís tu primer estreno online?
Estoy feliz porque es entrar en una dimensión de una escala que no tiene nada que ver con mis películas, lo hacíamos en cuarenta salas, tantas en CABA, otras en el interior y esto es lo mismo pero con el mundo a una escala inimaginable, yo siempre pensé que cuando entrara Internet en el cine iba a patear el tablero, y la pandemia potenció esto, yo estoy feliz de haber hecho esta película de hacerla para Netflix.

Sabiendo que se vería en simultáneo en muchos países, ¿modificaste tu forma de trabajo?
No, no hubo ningún condicionamiento, ni autocondicionamiento, para nada, de cualquier manera sabíamos que contábamos con un material y una historia de otra naturaleza a lo que vengo filmando, es una historia de otro impacto emocional, con las ventajas y con los riesgos. Donde estás siempre en un borde donde siempre podés caer en golpes bajos, hay que tratar de mantener cierta dignidad y sobriedad para presentar el tema, es una película muy emotiva, mis otras producciones no son así. Y pensando en la puesta en escena, que lo hago en paralelo al guion, sabía que iba a transcurrir en una locación, con el personaje principal inmovilizado en la cama, y me tuvo preocupado hasta rodar, inquietándome.

Además siempre tus películas se valen de la majestuosidad de los paisajes, particularmente del sur patagónico…
Claro, acá eran cuatro paredes, pero la película pasa por otro lado, y ese fantasma lo tuve hasta las primeras jornadas de grabación.

¿Conocías la historia de María antes de la película?
No, un día me llaman los Bossi, con quienes hice en coproducción Joel, me dijeron tomá este libro, léelo, y te mandamos un link, hablemos después para hacer una película. El libro era El cuaderno de Nippur, un libro muy conmocionante, por lo cierto, por las cosas que dice, lo duro que es y lo tierno, al mismo tiempo, y el video era una charla TED que dio su viudo Sebastián, y yo pensé que si podía agarrar ese espíritu, el de María, burlón, irónico, sarcástico, emotivo, la película podía aportar una mirada distinta para una película sobre el cáncer, que es casi un género. Y eso me guió bastante, para hacerla ágil, sobre la vida, que es lo que decía ella. Ayudó a los parámetros generales del guion y cuando filmamos la película.

¿Cómo fue acercarse a Sebastián y sus amigos?
Horas y horas con ellos y también con su médico, que la atendió al último tiempo, para no inventar términos, y con eso construí el guion, hubo varias versiones, pensamos muchas cosas, ideas, ensayo y error, hasta la filmación donde ya eso no funciona.

¿Cómo fue armar el casting?
Surgió más adelante pensando quiénes podían ser, primero la pareja protagónica, cambiamos figuritas, tuve entrevistas, hasta que surgió lo de Valeria Bertuccelli, que es una actriz excepcional con un nivel de entrega increíble, y ella apareció dos meses antes de rodar.

Volves a trabajar con niños, y acá con tu nieto, ¿cómo fue trabajar con él?
Fácil, él es así, desfachatado y ocurrente, dice cosas increíbles, y eso es por sus padres, vivió desde siempre en escenarios, acostumbrado a luces y gente, y establecimos semanas antes un nexo con Valeria y Esteban Lamothe y luego lo dejé, con algunas estrategias para que pasen, y pasaban, y él decía cosas desde un juego que en el contexto de la película significaban otras, y estoy muy contento por él.

Para él era sagrado rodar…
Si, y me preguntaba después de filmar ¿“estuve bien en el acto abuelo?”, porque para él era eso, como un acto.

¿Se complicó rodar en locación y funcionamiento?
Quería hacerlo, y no en un estudio, y tuvimos la suerte de conseguir ese hospital de La Matanza que en el tercer piso no funcionaba nada y allí construimos las locaciones, con las ventajas que se asemejaba a un estudio pero era algo real, con la ventaja que el hospital seguía trabajando independientemente de nosotros, porque he rodado comerciales y hay que circunscribirse a horarios.

¿Cómo fue evitar caer en trazo grueso y cosas obvias?
Traté desde el primer momento de hace eso, porque sabía que trabajaba con material explosivo, con un filo muy finito que hay que correr con sutileza y es muy fuerte emotivamente, por eso traté de no caer en golpe bajo, sabiendo el material emotivo, pero supe tras ver la charla Ted que el humor, que tenía María, me podía evitar caer en golpes bajos, fue una preocupación, no sólo mía sino de los productores.

La película trae a escena un tema sobre el cual no se ha hablado mucho, y de hecho tuviste contacto con el médico real…
Con el médico dialogamos mucho porque queríamos saber cómo era físicamente la cosa, para no inventar, él participó mucho porque conocía a una María distinta al marido y amigos, él la tuvo 30 minutos diarios todos los días, conocía otros aspectos de ella. Cuando apareció el tema de la eutanasia me aferré a eso, pero después supe que era un tema muy invasivo y atrapante e iba a hacer perder fuerza al cuaderno y el vínculo con su marido e hijo, por eso lo dejamos para el final, porque además ya se han hecho películas soberbias sobre el tema como Mar Adentro, por eso todo lo dejamos al final.

¿Sebastián y los amigos de María vieron la película?
No lo sé, supongo que lo harán antes, a Sebastián le gusta mucho el cine y sabe que esto es una película “basada”, no es una docuficción.

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