Rolando Gallego
16/11/2020 10:18

Tras varios años sin dirigir, pero continuando con su tarea de montajista, Delfina Castagnino estrena Angélica (2019) ganadora como Mejor Película de la Competencia Argentina del último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Protagonizada por Cecilia Rainero, Antonio Grimau y Diego Cremonesi, en la narración de los hechos que le suceden al desbordado personaje central, se construye una épica sobre deseos e impulsos, a la par que se cuenta su desmoronamiento físico y emocional. EscribiendoCine dialogó con la realizadora para conocer detalles de una propuesta distinta.

Angélica

(2019)

La protagonista es una mujer empoderada, que no le importa nada, ¿cómo la imaginaste y luego cómo fue ponerle rostro?
Primeramente había pensado en Cecilia, veníamos ideando algunos esbozos, surgió el personaje para la película, después hubo castings, hubo posibilidad que la encarnara una actriz muy famosa, pero por las condiciones del rodaje no salió y luego volvimos a Cecilia, así que el guion se escribió pensando en ella. Lo hicimos con los otros guionistas, Agustina Liendo, Martín Feldman, Martín Mauregui, volcamos ideas en las que intentamos llevar al extremo algunas situaciones cotidianas, como por ejemplo cuando te tocan bocina en el tránsito, y que baje reaccione.

Pero no a nivel “un día de furia”…
Claro, puse el ejemplo de la bocina, pero tiene más que ver con “qué pasaría si”, si uno decide no mover y quedarse donde está, y acá al extremo quedándose en esa casa. La ficción permite alejarnos un poco del naturalismo o el realismo que vengo viendo en el cine nuestro y me gustaba ir por esos lugares, como espejo de muchas situaciones que uno no hace pero Angélica sí, como inmiscuirse en una fiesta, que es entre divertido y patético, más en un personaje de esa edad.

Ella es como una adolescente eterna, una Betty Boop, porque tiene algo de cartoon…
Sí, de cartoon y además es un personaje de ella misma, al disfrazarse, con esa peluca, juega, toma elementos reales y los lleva al delirio o de la fantasía. Uno construye su realidad en base a la subjetividad, por eso el personaje de Grimau se enfatizó tanto en el montaje, donde no sabes si es fruto de su imaginación o realidad, cuando se le quema le peluca pasa eso, no sabés si pasa o no realmente. El personaje tiene algo aniñado, para no construir una alegoría del derrumbe de la casa y su estado emocional, ella se abstrae de eso.

Ella nunca registra totalmente a su entorno…
Ella no le hace cuerpo a eso, es resultado de lo que le pasa íntimamente, y creo que la mirada de Cecilia, algo corrido, que me interesaba mucho. También el humor, que no sea sólo dramático al extremo, sino que me interesaba llevar esas situaciones al límite, donde aparece la comedia, el grotesco, lo patético, y tal vez se volvió más oscura en el rodaje, porque en la escritura nos reíamos mucho.

¿Tendrá que ver la locación?
Esa casa tenía una energía muy oscura, de hecho viví ahí y no la pasé bien, me terminé yendo, el DF me decía también eso. Nos jugamos 100 por ciento en el rodaje, dejando que se transmita en la película.

Hay una paleta de colores asociada a esto que contás…
Sí, Iván Gierasinchuk impulsó hacia ese lado y me fui sumando, por una cuestión que qué es realidad y qué no, un color ya te lo determina, y los tiempos del personaje me parecía que se atravesaban en el presente, todos sus pasados, el duelo, su infancia, y nos damos cuenta que cuando vamos viendo fotos o diapositivas hay algo del color que se pierde, el color no sólo representa el corrimiento a la fantasía y del deterioro que va manifestando en sí mismo.

¿Fue complicado imaginar al resto del cast?
Fue difícil en el sentido que con Cecilia venía trabajando mucho, ensayando, y de pronto entran jugadores a la chancha sin tanto trabajo previo, pero Cecilia timoneó todo. Al principio me chocaba ese contraste, pero el elenco fue muy generoso en acoplarse al resto del equipo. Que es algo que generalmente pasa en películas de bajo presupuesto, porque no podés bloquear mucho tiempo a una de las figuras, utilizando al máximo del tiempo. La combinación se dio muy bien el contraste, entre el adentro y el afuera, incluso con la escena de las jubiladas, que sentí en un momento que el barco se hundía, y luego uno se pregunta si sería atractivo para el resto. Me gusta sacar del lugar a la gente donde está y ponerla en otro es interesante esa dinámica

Por tu oficio de montajista sabías que podías llegar a hacer “magia” en la edición…
Sí, pero viendo el material me pasó que no podía distanciarme del material, y convocamos a Andrés Estrada, y con él se encontraron esos puntos de equilibrio entre lo real y no real, hasta dónde dejar un personaje, hasta dónde no, una mirada de afuera siempre ayuda muchísimo.

En la anterior sí fuiste vos la editora…
Sí, pero era más sencillo porque había como un plano por escena, y tal vez convoqué a que vea un armado, pero acá era más difícil, con opciones de planos, corte, de editar, y cambió mucho la estructura desde el guion a lo que quedó. Si bien el guion estaba muy armado, para hacerlo en tres semanas, en una locación chica, con los equipos durmiendo allí y por eso me ayudó mucho la mirada de Andrés.

¿No vamos a tener que esperar otros diez años para ver una película tuya no?
¡Por favor! Porque es lo que más me gusta hacer, y editar me enseñó el lenguaje del cine, pero dirigir es lo que más me completa. Tengo un proyecto con materiales que ya grabé y quiero editar para ver qué sucede. Sí lo que quiero es cambiar el esquema que propone el INCAA de cuatro semanas de corrido, me gustaría filmar en el tiempo, filmando más, durante un año, lo pienso para ejercitar dirigir, estar en el set, filmar, con un esquema chico, hay que ver cómo lo puedo resolver. Algo de escribir como filmando, esa sería la idea.

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