Rolando Gallego
13/10/2020 11:14

Rodrigo Sepúlveda (Aurora, Padre nuestro) estrena Tengo miedo torero (2020) en que tiene la novela de Pedro Lemebel como centro y los protagónicos de Alfredo Castro y Leonardo Ortizgris, y las participaciones de Luis Gnecco, Amparo Noguera, Julieta Zylberberg y Ezequiel Díaz, entre otros. Una mujer fantástica se pudo hacer gracias a lo que empezó Lemebel 30 años atrás, y vienen otros realizadores que están trabajando de una manera notable”, dice en una charla exclusiva con EscribiendoCine.

Tengo miedo torero

(2020)

¿Cómo tomaste la decisión de largar la película online?
En un principio ni se me había ocurrido, porque es lindo estrenar presencialmente, con público, donde la gente se ríe en lugares que in imaginas. Acá en Chile se vio en lugares donde ni siquiera hay salas, así que se armó una muy buena red.

¿Tenías pensado venir a presentarla a Argentina?
Sí, para estar con Ezequiel Díaz, Julieta Zylberberg, los productores.

¿Por qué demorás tanto tiempo entre película y película?
Son varios elementos, y las tres últimas las escribí yo, y me tomo mucho tiempo, de hecho Tengo miedo torero tiene como 15 versiones, eso es un problema, y luego conseguir los fondos. También a mí me gusta mucho trabajar la preproducción, incluso antes que los locacionistas.

Acá la casa era clave, ¿cómo la encontraron?
Ese era un inconveniente, porque Pedro Lemebel describía al detalle ese lugar, y también había que justificar por qué un personaje como "La loca del frente" viviera allí, y recordamos lo del terremoto, que justifica la casa por la desocupación del lugar y ella lo ocupa. Fue complicado porque la fisonomía de la ciudad cambió mucho en los últimos 10 años.

¿Fue complicado el cast? ¿Cómo llegaste a Alfredo Castro?
Para mí era clave entender que una cosa era la novela y otra el guion, y dejé cosas afuera, una vez que entendí eso me liberé. Alfredo estaba ya en una producción que iban a hacer italianos, con Lemebel vivo, incluso, convocado por él mismo y le dijo “tú vas a ser la loca”. Así que fue sencillo tomar la decisión. Para el resto de los actores hicimos castings, en Santiago, en Argentina y en México. En Chile era complicado encontrar a alguien para encarnar a Carlos, porque la mayoría de los actores están en teleseries y es complicado que puedan trabajar en este tipo de producciones, y en México conocí a Leonardo Ortizgris.

Y por coproducción aparecieron los argentinos…
Sí, a Julieta Zylberberg la ubicaba de Relatos salvajes, y ella me presentó a Ezequiel Díaz. Además la música la hizo Pedro Aznar y se montó toda en Argentina.

¿En algún momento tuviste miedo que recibiera críticas por la figura de Pedro Lemebel o la adaptación?
Tuve muchísimas dudas y miedos al principio porque pasa mucho cuando escritores muy queridos, que han muerto, tienen grandes albaceas de su obra y pensé que iban a decir que no estaba realizada la novela tal cual, pero uno como director no es una fotocopiadora, así que me tomé licencias con el mayor respeto al mundo de Lemebel.

¿Lo conociste a Lemebel?
Lo ví tres veces, nos presentaron, pero era difícil. Sí conocí su obra, lo vi actuar con La yegua del apocalipsis en Santiago, había una relación al menos mía para con él, de admiración y mucho respeto.

La película habla de la doble moral de la sociedad, presente en la región…
Para mí era importante meterse en el contexto histórico, pensando el momento de hoy, y Pedro fue fundamental para el movimiento de liberación de temas sexuales, fue un gran cronista y también aparecía con tacos y pintado en un Chile que por ley prohibía la homosexualidad hasta 1989. Hoy día es distinto, pero la izquierda chilena fue muy homofóbica, y eso lo muestro. Lemebel es clave para nuevas generaciones, pero en su momento era visto como peligroso, en un acto llegó a besar en la boca a Ricardo Lagos. Hoy lo quieren mucho pero por ejemplo nunca se le dio el premio nacional de literatura. Es una deuda que tiene Chile con él.

Hace días aquí se publicaron algunas notas polémicas, en contra de la película por no ser fiel con Pedro y su historia, ¿estás al tanto?
Me parece que figuras y escritores tan fundamentales como Lemebel merecen muchas películas, esta es una, pero ojalá haya otras y todo sería compatible y que esa mirada que echan de menos sobre él puedan estar presentes.

El cine chileno reciente está abierto a mostrar otros cuerpos y disidencias…
Claro, se pudo hacer gracias a lo que empezó Lemebel 30 años atrás, y vienen otros realizadores que están trabajando de una manera notable.

Como decís tu película es un primer acercamiento…
Claro y yo no quería caer en el cliché de la loca ni en el altar kitsch, gay, Frida Kahlo, hubo un acercamiento desde la actuación, desde otro lugar, y los que critican echan de menos la locura de Pedro, pero esto es otra cosa, no es la novela, es la película.

Reiterás con algunos actores ¿cómo es volver?
Es interesante, con Alfredo Castro hicimos la versión local de En terapia, dos temporadas, antes habíamos trabajado en televisión, con Luis Gnecco y con Amparo Noguera trato de trabajar siempre, porque a mí me gusta conocer a los actores con los que trabajo, saber qué le estoy pidiendo a quién. Cuando ensayo y trabajo con ellos, más del guion, hablamos de la emocionalidad y lo humano antes de actuar. Yo sé las carencias de la Amparo, los miedos del Alfredo, me gusta eso.

Antes hablabas de En Terapia, pero también adaptaste Los Simuladores…
Sí, estuve en Buenos Aires, conocí a Damián Szifrón, a los actores, pero la adaptamos a nuestra idiosincrasia, porque Buenos Aires tiene 20 millones de habitantes, acá somos 18 en todo Chile, entonces era complicado eso de cruzarte con una persona y no reconocerla, te cruzás siempre por todos lados, y eso fue lo entretenido.

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