Rolando Gallego
09/09/2020 10:58

La realizadora María Laura Dariomerlo estrena en CINE.AR Lejos de casa (2020) coming of age en el que una joven llamada Florencia (Cumelén Sanz) es obligada a convivir en un pueblo junto a su madre (Ana Celentano), debiendo exorcizar miedos y culpas para recuperar, de alguna manera, su pasado. Coprotagonizada por Gabriel Gallicchio, Abel Ayala y Daniel Kuzniecka, EscribiendoCine dialogó con la realizadora, sobre esta particular historia con personajes que se alejan de estereotipos y exigen otra identidad en el cine nacional. “Soy una contadora de historias y me gusta que lleguen a las personas”, afirma.

Lejos de casa

(2020)

¿Cómo recibiste la noticia de estrenarla online?
Me siento muy contenta que se estrene de esta manera, más allá de la coyuntura de pandemia que atravesamos todos. Soy una contadora de historias y me gusta que lleguen a las personas, a veces en una sala de cine, por streaming, plataformas online, otras por televisión, lo importante es que lleguen a las personas y que encuentren en ellas entretenimiento, empatía, representación, e incluso hasta consuelo, estoy contenta, nerviosa, con anticipación por el estreno, más allá de pactar el soporte del estreno. Quiero dedicarle este estreno a mi amigo Rodolfo Weisskirch, que falleció la semana pasada, un hombre joven arrancado de su juventud totalmente, de golpe. Era un tipo amante del cine, un gladiador del cine y quiero obsequiarle este estreno en su memoria.

¿Vas a hacer algo en particular para el estreno?
Generalmente mis películas son independientes y de producción propia, pero acá fui convocada, y todas las cuestiones asociadas a eso la manejan ellos, yo estoy a la espera si hacemos algo por zoom, o por whatsapp, a ver si de manera digital acompañamos al nacimiento del bebé.

Generalmente contás tus propias historias, ¿cómo fue trabajar con material ajeno?
Fue un viaje muy interesante, de muchísimo descubrimiento y de encarar algo con mucha humildad, porque siempre se requiere para contar una historia la idea que se tiene algo para decir, y es muy vivificante y conmovedor que alguien te diga esto tengo para decir pero quiere escucharte a vos. Javier Martínez Foffani es muy generoso, me enviaron el guion y pensé que era para que haya un feedback, dí mi devolución, me parecía un coming of age elegante, puntilloso, particular, y me dijeron que bueno porque queremos que lo dirijas. Javier, si bien es un personaje ficcional, la protagonista existe. Lo que más fácil me hizo entrar en ese código de rodar la historia de otra persona era sentir que estaba vivo lo que me habían cedido.

Es muy interesante Diana, que encarna Ana Celentano, con una mirada sobre la maternidad para nada idealizada ¿estaba así ya en el guion o pudiste aportar?
Fue un trabajo en conjunto, hubo mucho ensayo y aproximación a ella, colaboré mucho en su formación y conformación, y Javier estaba muy dispuesto a escuchar ideas sobre esta madre ausente, real, muy humana y amante de su hija, no ausente desde la irresponsabilidad, sino desde la responsabilidad pero manifiesta de otra manera. Esta vida de ejemplo que le deja a su hija se manifiesta de esa forma y no de manera convencional. Amo a Diana, me siento muy cercana al personaje, a los dos personajes. Pudimos armarla con una visión muy mixta y trabajada, comunicada y quedó esta hermosa mujer.

Uno está más acostumbrado al personaje de Florencia, pero no a alguien como Diana diciendo “mientras mi vida me pertenezca voy a seguir así”…
Creo que Florencia necesita escuchar eso, al principio era una coming of age de búsqueda y transformación, y su madre tiene algo importante para decir. No vemos personajes así en demasiadas películas, hay una visión de la maternidad o santificada o vilipendiada, nunca se puede ver a una mujer completa eligiendo criar o participando de la crianza de sus hijos de una manera diferente, valiente, los hijos necesitan lo que necesitan, pero hay una deshumanización de los deseos de las mujeres una vez que son madres, no les pasa a los hombres, y eso nos da arquetipos vacíos. Con esta decisión no dejan de ser menos madre o tienen un impacto negativo o inferior en la vida de sus hijos. Me gustaba contar a esta Diana que había entendido algo muy terrible o trascendente para su vida y había ido por eso.

Los personajes masculinos, se muestran ambiguos y no por eso ser objetos de deseo de los otros, es interesante también ese planteo…
Me encantaría tomar el crédito de eso, pero la realidad es que a veces creando con los actores aparecen estas vidas, Abel Ayala no quería hacer el típico personaje de dealer y malhechor y me pareció que él necesitaba otro tipo de expresión en la pantalla y empezamos a construir esa relación de amor con Sebastián, imaginando un universo que comprendía la amistad muy cercana, un afecto más allá de la amistad, viajes compartidos, el tráfico, la venta, tal vez, ese universo compuso de esa pequeña escena entre ellos dos, con un nivel de compromiso y sensibilidad que me la regalaron ellos, estando vivos frente a la cámara. El crédito es de Abel y Gabriel Gallicchio.

Gabriel Gallicchio sale a componer algo completamente diferente a lo que se lo veía en Simona ¿cómo fue elegirlo tras esa repercusión televisiva?
Yo no conocí el fenómeno de Simona, me avergüenza decirlo, pero soy una chica grande y hay cosas que ya no veo, ese tipo de fenómenos me elude. Alberto Trigo, que falleció un poco antes que rodáramos, me habló de él. Me gusta trabajar con gente buena, es mi responsabilidad traerlos a su mejor trabajo, lo conocí y en la prueba la rompió de una manera increíble, y además él es una persona extremadamente elegante en el trato.

Eso se ve también en la historia…
Yo soy del interior y me hizo acordar al trato del hombre provinciano, con mucho límite de lo que dice y hace, con un registro del otro muy potente, para que no se siente invadido, con un trato un poco reverencial. Y Gabriel se abrió totalmente, al look, quién era, de dónde venía, el entro en una cosa también sexy, encaró desde ahí. Fue un placer rodar con él, se lo dije muchas veces, y me hace acordar a eso que decía Fellini que rodaba con Mastroiani porque él no lo molestaba, y Gabriel tiene eso, una apertura a lo que necesita la escena, a lo que le decís, aún le pidas algo sonso, se abre, es un actor maravilloso.

¿Cómo fue trabajar con Cumelén Sanz?
Ella es una fuerza de la naturaleza, lleva adelante la película, prácticamente no hay planos donde ella no esté, es fantástica, el grado de disciplina, de entrenamiento, de compromiso, compuso a una Florencia que no tiene nada que ver en cómo ella se mueve o expresa, todo lo que ves es búsqueda, incluso trabajó con una coach para manejar su cuerpo, de manera tan joven y explosiva. Me encanta lo que hace, su physique es insuperable, la cámara la adora.

Estuvieron todos juntos en el rodaje en locación…
Sí, igual yo me retiré a dormir a otro lugar para tener distancia, y estar accesible para ayudar y contener, y correrte del camino para que empiece a funcionar.

Recuperás a Daniel Kuzniecka al cine ¿cómo lo convenciste?
Yo me entero que era una opción ya con la mayoría de los personajes y me agarré de uñas y dientes de eso, en los noventa era una especia de representante de la resucitación del cine argentino, era ir a ver siempre películas con él, recuerdo Cenizas del paraíso, éxito de taquilla, recuerdo la gente yéndola a ver, y me llenó de ilusión y me entusiasmé, y él también, logramos una conexión muy fuerte, intensa y linda, componiendo a este Carlos que quiere su vida y no decodifica más a su hija que necesita otra cosa. Me gustó mucho lo que hizo.

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