Rolando Gallego
05/08/2020 11:39

Finalmente, y tras años de gestación, Natalia Oreiro (Wakolda, Gilda: No me arrepiento de este amor, Infancia Clandestina) estrena en Netflix Nasha Natasha (2020), de Martín Sastre (Miss Tacuarembó), un viaje íntimo y personal sobre su profunda conexión con Rusia, la pasión y lo sueños. “Cuando surgió la posibilidad nunca pensé que efectivamente esto se iba a mostrar.”, dice en una charla con EscribiendoCine.

Nasha Natasha

(2020)

¿Cómo se vive el estreno de este proyecto?
Tengo algunas sensaciones encontradas, porque sinceramente cuando surgió la posibilidad nunca pensé que efectivamente esto se iba a mostrar. Sin el tipo de vínculo que tengo con Martín Sastre no podría haberse hecho. Nos conocimos hace años en un cumpleaños mío, él era parte de Movimiento Sexy, un grupo de artistas uruguayos, ahí nos conocimos, estaba con Dani Umpi. La instalación que hicieron tenía que ver conmigo, me dieron el manuscrito de Miss Tacuarembó y me dijeron que íbamos a hacer la película. No lo leí, años después en una librería vi un librito violeta y era Miss Tacuarembó, lo compré, lo leí y lo llamé a Martín y le dije que tenía razón, que era un peliculón y que lo íbamos a hacer. Por trabajo viajé a España, y empezamos a gestionar la película. Nos hicimos amigos, encontramos muchos puntos en común, de similitud, encuentro, nos gusta la misma música, las mismas películas, somos de la misma época, él tiene abuelos rusos. Yo tengo un vínculo con Rusia que no sé cómo expresar, es algo emocional, es un sentimiento, recíproco, y cada vez que viajo llevo a alguien conocido, de mi círculo más cercano, amigos, vínculos, Ricardo (Mollo), Atahualpa, incluso viví allá haciendo una serie en ruso, pero para mí hacer la gira era especial, porque era la primera vez que iba a atravesar todo el país arriba del transiberiano, tengo algo de fijación con los trenes, sentía que iba a ser algo especial, iba a tocar en lugares donde nunca había estado, en lugares en donde ni siquiera hay espacio para hacerlo, y toqué en circos, porque no hay teatros, y el circo era como el espacio más formal para hacerlo por ejemplo, y hablé con Martín para registrar esto, pero si hubiera tenido conciencia que se iba a estrenar tal vez no lo hubiese hecho, quizás Martín tenía otra idea, pero yo pensaba ¿a quién le puede interesar ver esto?

A todos Natalia, a todos…
(Risas) Yo estoy acostumbrada a interpretar a personajes, en series, y películas, me apasiona eso “hacer de otro, no hacer de mí”, e incluso soy reacia a las redes sociales y por eso recién hace 15 días me abrí Instagram para mostrar cosas de la película, y otros proyectos, siempre pensé que a nadie le interesaría el proyecto y a mí no me interesaba mostrarlo, y por esa certeza, de no mostrarlo, y creyendo que lo compartiría con Atahualpa y sus hijos para que vean a su abuela loca haciendo cosas. Porque Martín es amigo ayudó a abrirme y mostrar cosas.

Él me dijo que por momentos no sabían qué filmar y qué no por la relación…
Claro, porque no queríamos a hacer un reality, y la idea era estar juntos, recuerdo cuando a las dos de la mañana del día donde tocaba en Moscú, donde iba a ser el show más fuerte, donde iba a venir la crítica, y yo no podía ni dormir me puse a coser lentejuelas que se habían saltado y lo llamé a Martín y le pregunté "qué hacés" y le dije "venite". También hay otro momento muy yo, cuando volví a la casa de mi abuela, cierro los ojos y soy eso, al regreso de España, todo lo que viví ahí, el desarraigo siempre fue un tema en mi vida, siempre fui la nueva, y de chica fue una prueba muy grande, aun siendo yo muy sociable. Al regreso de España, donde no teníamos dónde vivir, fuimos a lo de mi abuela, que fue para mí el momento más feliz de mi vida, que vivía en la falda del cerro de Montevideo, yo volvía de la escuela, iba a la Escuela 30 Pública del Cerro, y me iba a la fortaleza del Cerro a jugar sola o con amigas, en el galpón me disfrazaba con la ropa de mi tía y jugaba.

¿No habías vuelto ahí?
No, falleció cuando yo tenía 18 años y recién había llegado a Argentina. El galpón era mi camarín, mi abuelo escuchaba tangos, y me encanta el tango porque mi abuelo José ponía tangos y me los sé todos por él, mi tía me introducía en otra música, me regaló un casette de The Beatles, tenía 10 años, me hablaban de política, de otras cosas. Esa era mi esencia y creo que Martín pudo capturarla, eso del inicio, del retorno, emocionalmente. Martín estuvo trabajando muchísimos años en el documental, hicimos un WIP en el Festival de Moscú, porque en una película tenés una estructura para filmar, pero en el documental está abierto, tenés un papiro para trazar una línea de vida, distintos ejes, y un poco creo que el vínculo de amor que tenemos con los rusos es como lo que te marca en la infancia. Martín vino muchas veces con varios cortes, y yo el último no lo ví, se lo pasé a Ricardo, él lo vio, le encantó y ahí le dije a Martín dale para adelante, no necesito yo verlo, supuestamente lo veré cuando se estrene o no.

Más allá del vínculo que tenés con Martín, que ayudó mucho a que hagas la película ¿dudaste en algún momento de seguir avanzando?
Fue muy extraño, es un poco lo que te digo, creo que no era consciente que se iba a estrenar y menos Netflix en todo el mundo, tal vez pensaba que era algo más personal, para mis nietos, seguía con mi propia vorágine y no me detenía a pensar que se iba a estrenar, entonces está bien, y por eso no fui reticente a mostrar y compartir el nacimiento de Atahualpa, dándole la teta en el sanatorio, el casamiento con Ricardo, bailo embarazada, creo que está bien, o no lo sé, no tengo una respuesta.

La película trasciende todo, muestra tu vínculo con Rusia, inexplicable, pero también tu camino hacia la concreción de los sueños…
Sino terminaba siendo una publicidad de mi trabajo, no sé si hubiera valido la pena hacer eso, me cuesta abrirme. Yo creo, es lo que me pasa a mí, no creo que esté mal o bien, creo que los actores cuanto menos nos mostremos en lo personal más relevancia tiene la composición de un personaje, con todo lo que a mí me costó interpretar a Gilda, un personaje que debía despegarse de mi recorrido propio musical, si la gente iba al cine y me veía a mí y no a Gilda, es un peligro, creo que la gente tiene cierta simpatía con el actor, ayuda para que la veas, pero lo más importante es lo que se está contando y la mirada del director, y te lo digo yo que empecé a los 12 años y supe que mostrar era contraproducente a lo que hacía, y aun sabiendo que los personajes tienen mucho de uno, uno trata de esconderse detrás. Con Nasha Natasha sé que es algo que también sienten muchas personas de Rusia, y acercar la posibilidad de concretar sueños. De chica yo también sentí eso, y en el recorrido hubo trabas y piedras, pero fue una vida muy común, genuina, real, es lo que siento.

Hay algo también que se cuela que tiene que ver con la contención de la familia para acompañar, tu madre cuenta lo del aviso y que te dijo que no y después tu padre te escucho…
Sí, pero también dejan en claro que no veían nada especial en mí, y eso me encantó cuando lo ví, él dice “para mí era una chiquilina más”, de hecho mis padres no están pendientes de lo que yo hago, hay cosas que ni saben, e incluso mis amigos, por ejemplo cuando empecé a salir con Ricardo, ni él, me preguntaba cómo me había ido en un show y yo le decía bien, bien, y uno de los músicos grabó algunas cosas en video y Ricardo después vio eso y se dio cuenta qué pasaba en la gira. Eso sucede un poco con mis padres también, yo rescato la libertad que me dieron, cuando me vine a Argentina a mis 16 años, para mí era todo maravilloso, la habitación de servicio donde vivía, el personaje sin letra que hacía, todo maravilloso, y ellos se tragaron el sufrimiento que no esté ahí, entiendo que los hijos son hijos de la vida, igual si me preguntás si quiero para mi hijo lo mismo y te digo que no, porque si bien no padecí nada, un poco lo cuenta una de mis amigas de la infancia, el bullying por hacer publicidades y estar en la televisión, no lo hice carne, yo preferiría para la infancia y adolescencia de mi hijo el anonimato, que estudie, y cuando tenga 18 años que decida qué hacer. Para mí el anonimato en la infancia es super necesario, igual mi infancia no es esta, la de hoy, la de las redes y estar superconectados. Es muy importante que los niños tengan el juego en la infancia.

Tenés pendiente de estreno tres películas ¿cómo esperás ese momento?
Es muy raro, y es mundial. Nuestro rubro es el último que va a volver. Tengo tres películas pendiente de estreno, de hecho una de ellas, La noche mágica, de Gastón Portal, con Diego Peretti, Esteban Bigliardi y Pablo Rago se iba a estrenar en marzo, después tengo Las Rojas, de Matias Lucchesi, con Mercedes Morán, y tengo un participación en Hoy se arregla el mundo, de Ariel Winograd, con Leonardo Sbaraglia, iba a rodar Santa Evita, con Rodrigo García, pero ya se pasó a marzo, los libros son muy buenos, la novela ya es muy buena.. Tengo ganas de volver a trabajar, pero no se sabe cuándo ni cuando estos estrenos se harán, si por cine o en plataformas.

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