Rolando Gallego
03/08/2020 12:29

El multifacético Martín Sastre (Miss Tacuarembó, 2010) presenta este 6 de agosto a través de Netflix Nasha Natasha (2020) un apasionante documental protagonizado por Natalia Oreiro que desanda los pasos de la actriz y cantante durante una gira a bordo del tren transiberiano, por 16 ciudades rusas, pero que eso es sólo la excusa para habar de otros temas. Configurada en cuatro partes, Sastre propone un íntimo retrato a partir de reflexiones e imágenes, que además hilvanan el camino atravesado desde su Uruguay natal al éxito sin precedentes en Europa del Este. "Miss Tacuarembó me llevó nueve años, esta seis, así que tal vez en tres años tengan novedades”, dice riéndose a EscribiendoCine en exclusiva.

Nasha Natasha

(2020)

¿Cómo estás viviendo el estreno online en medio de esta situación extraordinaria?
Es bastante curioso porque nos llevó seis años hacer la película y tuvimos como distintas propuestas para estrenar en cine y nunca cerraba nada. Que justo en este momento llegue, además una película sobre un viaje, cuando viajar es una utopía, me parece que va a alegrar a mucha gente, a salir un poco de esta situación de incertidumbre.

¿Cómo convenciste a Natalia para que acepte hacer el proyecto, que además mutó desde que presentaron una primera versión en el Festival de Cine de Moscú?
Tiene varias respuestas, en Moscú presentamos un WIP, después seguí editando como un año y medio más. Había una necesidad de hacer una devolución a toda la gente que sigue a Natalia, me acosaban por redes sociales (risas) que querían verla. Las fans son parte fundamental de la historia y fue como darles una devolución y ver qué pasaba. Lo ruso a mí no me es ajeno porque mi abuelo era ruso, participar de ese Festival tenía una carga emocional, lo hicimos, la respuesta fue increíble, tiraron la taquilla abajo, la organización no lo podía creer. Con Natalia hicimos Miss Tacuarembó y a partir de ahí siempre mantuvimos la amistad, incluso estando yo en España y ella en Buenos Aires. Seguimos trabajando juntos, participó de otros proyectos, uno que se llamó Protocolo Celeste, para auspiciar a Uruguay como sede del Mundial de Fútbol 2030, hicimos el videoclip de Me muero de amor, un spot para una campaña de 100 años de cine argentino, por el estreno de Amalia. Siempre estuvimos en contacto y mi primer llamado de atención sobre el fenómeno de Nasha Natasha, que cuando iba a visitarla a su casa de Palermo, había siempre gente de Rusia, con regalos como Mamushkas con la cara de Natalia, que habían llegado desde Rusia específicamente para eso. Natalia lo tiene naturalizado, sabemos que ella es famosa en Rusia, pero no tenemos una idea real sobre eso, cuando supe que iba a hacer esta gira arriba del transiberiano, asociándolo también a mi abuelo, le dije que estaba bueno ir a registrarlo, pero ella no le veía interés. Fuimos hablando, lo posponíamos, era complicado porque eran 18 personas que iban a ir a Rusia, meter a dos más era complejo. Pero lo que detonó esto es que cuando ella fue a hacer la gira, hacía muy poquito que había fallecido mi abuela, a la que estaba muy unido, que estaba casada con mi abuelo ruso, y lo último que hablé con ella por teléfono fue “que increíble que tu conocerás Moscú y viajarás en el transiberiano”, y al otro día falleció y la contacté a Natalia y le dije que había que hacerlo porque se lo había prometido a mi abuela y ella me dijo que sí. También estoy seguro que aceptó por la relación de amistad que tenemos, y ella fue sugiriendo entrevistados, abriendo su archivo.

Es la primera vez que ella muestra tanto de su intimidad, su casa, su familia, seguro es por el vínculo…
A mí me pasa muchas veces que estamos tomando un café en Buenos Aires y le pregunto “¿por qué nos están mirando?”, y ella me explica: porque estás con una actriz. Muchas veces por nuestra relación yo no siento eso, sé que por ejemplo se ven cosas de su casamiento por primera vez, e incluso rodando me pasó que había veces que no sabía qué filmar, por esta relación, entonces le proponía dejar la cámara encendida filmando hasta que aparezca algo, y después eso fue terrible para visualizar, porque fueron como siete meses de ver material, eliminando nuestras charlas previas, quería que la cámara fuera como el ojo de un amigo viendo una parte íntima de ella que nunca se ve.

Eso es interesante porque muestra además del fanatismo otra cosa…
Cuando fui a Rusia la realidad me desbordó, porque es más que una celebridad o un famoso, es un ícono nacional, no tiene que ver con el concepto de la cultura estadounidense del famoso como producto de consumo, Natalia llegó allá sin una multinacional atrás, es algo que se forjó ella, allá hablan de seguidores, no de fans. De adolescente, cuando iba a la Cinemateca de Montevideo, fui muy fanático de los cinematógrafos vanguardistas rusos, y si vos ves en la película hay referencias a El hombre de la cámara, de Dziga Vértov, porque Rusia no cambió, hay una parte que nunca cambió, la vía del tren, las ventanas que pasan. Decidí llevar algo de cineojo, como decía Vértov, llevar la cámara con el ojo de ella y luego imágenes tranquilas de paisajes, y cuando comencé a armar la parte narrativa me faltaba cómo presentarla a ella, que además conozco muy bien, y ahí sumé cosas de Gimme Shelter, la referencia de Natalia mostrando a la señora con las figuritas que en la película es Mick Jagger mostrando algo.

Está el fenómeno Natalia, pero también hay una reflexión que se desprende que tiene que ver con un momento del audiovisual argentino que exportaba desde la telenovela figuras y sueños y hace tiempo no lo hace…
La película es cómo se da el fenómeno Natalia Oreiro en Rusia, la gran premisa a contestar, y hay algunas respuestas, una periodista hablando del fenómeno sociológico, las fans, tratan de dar una respuesta racional, pero hay algo que tiene que ver con el género, las mujeres en Rusia cuando fue la época de la caída del muro quedaban solas en las casa, veían las novelas de Natalia, nunca habían visto a una mujer empoderada, porque las telenovelas que llegaban tenían a la heroína llorando por el varón, y en Muñeca Brava, donde Natalia compuso el personaje a su imagen y semejanza, le tiraba los platos por la cabeza al varón, jugaba al fútbol, por ejemplo, esa fuerte identificación que tuvieron las rusas con la novela, que además responde a factores sociopolíticos, como el acuerdo entre Carlos Menem y Boris Yeltsin para exportar telenovelas, está escrito, lo que ellas percibieron es lo que ellas percibieron en la esencia del personaje, que es más, como dice Ricardo Mollo por ahí, es Natalia que sigue cautivando, que además en la televisión es como Los Simpsons, en la televisión está en el prime time ella en varias telenovelas compitiendo con ella misma.

Te saco de Nasha Natasha y te pregunto, sé que vos hacés muchas cosas con el arte ¿pero por qué demoraste tanto en volver al cine?
Antes del documental había empezado con un proyecto que lo dejé, pero realmente no encontré el vehículo para eso, por una cosa u otra se iban postergando, para Miss Tacuarembó nos apoyó el Instituto de Cine de España, hacerlo desde acá es más complicado, para Nasha Natasha nos presentamos a varias ayudas y nos rebotaron, creo que tiene que ver con que, por ejemplo, el cine que hago, tiene que ver más con el cine español al que estamos acostumbrados a ver en el Río de la Plata, por algo terminó en Netflix y no en otro lado, Miss Tacuarembó me llevó nueve años, esta seis, así que tal vez en tres años tengan novedades.

No tardes tanto, sabés que tu cine ha influenciado, por ejemplo, a realizadores como Los Javis en España…
Hace poco me llamaron ellos para hacer algo juntos, y salió el tema, me dijeron que son fans de Miss Tacuarembó, y me sorprendió, de hecho en España una crítica de El País dijo que La llamada era una copia de mi película, y nada que ver, así que para mí es algo muy copado que me hayan llamado.

En este momento que se vive tanto boom de series, por ejemplo, podrías hacer algo asociado por ahí…
Presenté un proyecto de serie a Netflix, y eso es así, por ahora un proyecto nada más, con Los Javis estamos viendo de hacer algo. Con el lenguaje me siento muy cómodo, porque las películas se me hacen muy largas y creo que las series es un formato que da muchas posibilidades, más libertad, a nivel narrativo y de ideas, me gusta desestructurar géneros y en un formato más corto es mucho mejor, mucho más divertido.

Siempre supiste que Natalia tenía que ser la protagonista de Miss Tacuarembó? ¿Cómo fue el germen del proyecto?
Fue algo emocional, yo vengo del campo del arte y estoy acostumbrado a involucrarme al cien por ciento en los proyectos, mi cabeza me lleva más a las emociones y a vivir en los proyectos. Dani Umpi me dio la novela aun antes de ser novela, él fue uno de los primeros que se me acercó y me dijo que era fan mío, nos veíamos, Montevideo es chico y tras leer la novela lo llamé y le dije “esto va a ser una película y con Natalia Oreiro, yo recién empezaba en el videoarte y Natalia ya la rompía en Rusia, me fui a España y después de un cumpleaños de ella en el Centro Cultural Recoleta empezamos a trabajar en la película.

¿Hay algún género en el que te gustaría explorar?
Como espectador y realizador me gusta salir de los cánones del género, me viene algo muy estructural entre la Historia del Arte y la Cultura Popular con la que crecí, me gusta la mezcla entre lo académico y explosivo de lo popular, esa cosa de fusión entre cultura alta y baja me gusta mucho, me gusta mucho el humor, la música, la sensación metafísica de la vida, lo paranormal, por eso la película tiene a ese lucutor ruso hablando de la vida de Natalia como una cosa alquímica de transformación.

¿Qué te gustaría que pase con el documental?
Me gustaría que sirva para aliviar a la gente en este momento triste, ni sabemos qué va a pasar el año que viene y de alguna forma la vida de Natalia es inspiradora, así que ojalá ayude e inspire.

¿Cómo estás viviendo este momento?
Estoy en Montevideo, más relajado que en Buenos Aires, es una crisis del sistema de consumo, por eso creo que esto afecta más a las grandes ciudades, y si bien Montevideo es grande, no es lo mismo que otras ciudades. Acá está más tranquilo, la cuarentena no es obligatoria, pero creo que la nueva normalidad llegó para quedarse.

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