Jon Apaolaza (Noticine)
30/07/2020 15:16

El cineasta peruano Alvaro Delgado Aparicio canta a los cuatro vientos su satisfacción por la reacción que ha merecido su ópera prima, Retablo (2017), estrenada en la Berlinale, y nominada al Bafta y a los Spirit Awards, un drama sobre la intolerancia y la homofobia en la zona rural de Ayacucho, que puede verse en Netflix. "Creo que el interés por el cine peruano cada vez está creciendo más y, de nuevo, hablando de la diversidad, hay cine para todos, para todos los gustos y de todos los colores", dice.

Retablo

(2017)

¿Cómo definirías Retablo?
Es la historia de amor de un padre y un hijo en los Andes, donde Segundo Paucar, nuestro protagonista principal, está siendo entrenado por su padre, un maestro retablista ayacuchano, para que continúe con el legado familiar. Un día, Segundo, por accidente, descubre un secreto de su padre que hace que todo su mundo se le venga abajo y tiene que manejar eso en silencio para poder ver qué hace. Esa es la película Retablo en general.

¿Se hizo difícil hablar de un tema controversial como es la intolerancia y la homofobia?
Yo creo que Retablo va más a lo complejo que es tolerar la diversidad, en general, y tolerar "lo otro". Normalmente, lo otro o la otra persona es diferente a uno, y aceptarlo como es y como piensa ya es difícil. Yo creo que es una complejidad que no solamente lo podemos encontrar en el Perú, lo podemos encontrar en muchos países, en muchos rincones del mundo.

No obstante, Retablo va más allá de una reivindicación...
Sí, hubo dos fuerzas importantes que nos inspiraron para hacer esta película. Lo primero es que Retablo trata de un chico de 14 años que idealiza a su papá, lo quiere con todo su corazón y quiere ser como él. Y un día se da cuenta de que su papá no era la persona que imaginó, y todo su mundo se le viene abajo. El tiene que lidiar con eso, y es un contexto muy tradicional situado en los Andes. Una inspiración que me movió para contar esta historia es que, a veces, podemos estar en relaciones complejas, pueden ser relaciones con un padre, con una pareja, con un familiar… y entramos a una relación de dependencia, y nosotros queremos encontrar la libertad, queremos salirnos de ahí, y a veces la dependencia es más fuerte. Esa sensación fue algo que me llamó mucho la atención para explorar en esta película. Y la otra es, como mencioné, a veces cuando idealizamos a alguien y que no termina siendo como es, ¿si podemos reparar todavía esa imagen?, y los retablos nos ayudan como fuentes folclóricas, son como portales de vida, son como representaciones de la vida cotidiana que son intercambiables, reparables. Y creo que el cine también es una forma de reparar imágenes, de reparar imágenes de situaciones que ocurren, y de ahí la relación metafórica con el artefacto del retablo, que es algo maravilloso.

¿Resultó complicado obtener la financiación?
Siempre hacer una película, sobre todo independiente, es complejo. Tuvimos la gran oportunidad de ganar el primer fondo del Ministerio de Perú, y con eso arrancamos y de ahí a ganar un fondo en Noruega, uno en Alemania y uno en EEUU. También hicimos una campaña en Indiegogo, un crowfunding donde un buen grupo de gente nos apoyó, y, después, también hicimos un crowfunding en offline con un grupo de embajadores que también nos apoyaron. Y de ahí, en la postproducción nos ganamos otro fondo, ganamos varias becas afuera, que nos ayudaron con la mezcla de sonido. Tuvimos soporte del Instituto Sundance para hacer esta película, el fondo de Sorfond, entre otras.

¿Por qué elegiste rodar la película en quechua?
Originalmente el guion estaba escrito en español. Yo no sé hablar quechua, y mientras más avanzábamos, pasaron como dos cosas espectaculares. La primera es que Magaly Solier, una de las protagonistas de nuestra película, me empujó a tirarnos a la piscina y hacerlo en quechua, porque siempre estábamos buscando representarlo más auténtico en la historia y, por otro lado, para los tres protagonistas principales, su lengua materna es el quechua. Entonces es un recurso que ellos traían al proyecto. Comenzábamos a ensayar y nos dimos cuenta de que la naturalidad era más orgánica, la relación entre ellos, la convivencia entre ellos, la complicidad… era un recurso importantísimo que teníamos que aprovechar, y ahí nos concedimos un intérprete que convivía con nosotros pues 24 horas, y con bastante paciencia repasábamos todo y ensayábamos ya en quechua, en español, y ahí ya nos íbamos organizando y, bueno, al final, la película terminó saliendo, yo creo que un 95% en quechua.

¿El cine peruano está en pleno auge?
Yo creo que el interés por el cine peruano cada vez está creciendo más y, de nuevo, hablando de la diversidad, hay cine para todos, para todos los gustos y de todos los colores. Pienso que cada vez más gente está interesada, no solo en el cine comercial, sino también en el cine independiente o cine que también se está haciendo en las regiones, y ese interés espero que continúe creciendo. Pero si lo estamos notando en nuestro país.

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