Matías E. González
29/07/2020 10:57

Día a día cada pareja afronta diversas circunstancias que ponen a prueba la solidez del vínculo que une a sus integrantes. En algunos casos ambas partes coinciden en la toma de decisiones pero, en otros, los intereses de cada persona son distintos y no logran conformidad mutua, tal como les ocurre a Bruno y Juliana en la película El encanto (2020). Ezequiel Tronconi conoce en detalle qué piensa y siente Bruno, ya que es quien lo interpreta en la ficción cinematográfica y, a su vez, comprende a Juliana (Mónica Antonópulos), porque también es el guionista y director del film junto a Juan Sasiaín. EscribiendoCine conversó con Tronconi acerca de la construcción de su ópera prima, la importancia de los vínculos y sus miedos e incertidumbres, entre otros temas. “Cada personaje es un desafío, lo que me genera una incertidumbre buena y necesaria, que tiene que estar en el trabajo pero no tiene que anular ni jugar en contra”, sostuvo.

El encanto

(2019)

CUESTIÓN DE TIEMPO

Cuando un proyecto culmina, hay ciertas cuestiones que permanecen vigentes más allá del paso del tiempo. Tras su elogiado trabajo en la película La Tigra, Chaco (2009), codirigida por Federico Godfrid y Juan Sasiaín, Ezequiel Tronconi mantuvo el vínculo con Juan. Un día, el cineasta fue a ver a Ezequiel a una obra donde no solo era actor, sino también escritor y director. Al concluir la función, Sasiaín le propuso hacer un film en conjunto, cuya idea fascinó a Tronconi. Se reunieron y plantearon diferentes aspectos que los unían y hallaron que ambos habían perdido a sus padres y, a su vez, ninguno de ellos había tenido hijos, por lo que pusieron el foco en la paternidad.

Arrancaron la escritura del guion de El encanto, que fue modificándose a medida que iba madurando y, luego, se lo presentaron a Diego Corsini, uno de los productores del film. Los pequeños cambios en el libro continuaron tanto en el proceso de preproducción como en el mismo rodaje, donde se seguía cierta estructura pero, también, había espacios libres destinados a la improvisación.

“Si bien me autodirigía y me veía en las tomas, me apoyé mucho en la ayuda, el entendimiento y el talento de Sasiaín como codirector, sobre todo en el momento del rodaje. En la preproducción propuse muchas reglas de juego, que de todos modos se podían romper, y pensamos cómo filmar viendo las locaciones y trabajando con el Director de Fotografía Eric Elizondo y su sensibilidad. En un comienzo, Juan quería tener todos los planos dibujados previamente y yo le planteé '¡Vayamos a jugar ahí!', para que también Eric pudiera encontrarlos en relación a lo que nos pasara con los personajes y la situación. Filmar la película fue una fiesta, no hubo ningún tipo de estrés ni de nerviosismo, y tuve la posibilidad de hacerla con un grupo humano muy talentoso y atento a que las escenas salieran lo mejor posible y hubiese un buen clima de laburo. Ver que eso se estaba logrando me dio seguridad y me permitió hacer bien mi trabajo como director y actor," explicó Ezequiel.

En su rol como actor interpreta a Bruno, el personaje protagónico de El encanto junto a Juliana, personificada por la actriz Mónica Antonópulos. Él es un hombre adinerado a cargo de una vinoteca, ella una simpática conductora de televisión y juntos conforman una pareja que atraviesa una complicada situación: Juliana quiere ser madre pero Bruno no está seguro de convertirse en padre. Este destiempo genera cruces entre ellos y, a su vez, varios replanteos en sus vidas.

“Queríamos que la película tuviera una poética interesante: laburamos sobre todo en los tonos azules y rojos, con una cámara que se mueve lentamente, hay muchas escenas que empiezan con reflejos en los vidrios entonces no se ve completamente a los personajes desde un comienzo, hay silencios en los que realmente pasan cosas en el interior de los personajes y en los vínculos entre ellos, hay varios planos secuencia más que en cortes y se llegó a algo muy naturalista, ya que no se forzaba el tiempo de las cosas”, describió.

RAZÓN DE SER

Si bien El encanto es la primera vez que Ezequiel dirige, escribe y actúa en una misma película, ya había realizado el triple rol en varias obras de teatro, más allá de que hay diferencias entre ambos lenguajes artísticos. A raíz de sus distintas funciones en el film que fusiona el drama y el romance, Tronconi tuvo bastante tiempo para analizar y conocer en profundidad a su personaje. Para la construcción de Bruno tomó tanto aspectos personales como de amigos suyos que fueron padres.

“En realidad, Bruno quiere ser padre, pero no sabe si este es el momento, como que lo quiere postergar un año más porque tiene miedo de perder la libertad y el encanto de esa vida que lleva, donde le va bien en el trabajo, su pareja es exitosa y tienen buena relación. Hay un destiempo, ya que Juliana quiere algo y él todavía no puede tomar esa decisión tan fuerte. Lo más complicado era laburar toda la zona en la que él empieza a tomar decisiones incorrectas por sus inseguridades y pone excusas que no lo van a ayudar, sino todo lo contrario. En esas escenas tan complejas me apoyé mucho en el trabajo con los actores. Cada día de rodaje iba a descubrir algo, yo como actor y Bruno como personaje, por lo que estaba relajado y abierto emocionalmente para que lo que pasara fuera lo más real posible”, contó el artista.

El protagonista del relato audiovisual transita sus treinta años, edad en la que aumentan ciertas presiones sociales en torno a la paternidad. Respecto a la existencia de posibles condicionamientos o mandatos en su vida personal, Tronconi señaló: “Por suerte mis padres nunca me dijeron 'Vos tenés que hacer tal cosa', cuando yo les dije que me quería dedicar a la actuación, me apoyaron. En relación a ser padre nunca sentí presión ni de una pareja ni de mis propios familiares, que es algo que pasa seguido. Imagino que mi madre, que ya es abuela, quiere que en algún momento sea padre, pero no tiene esa ansiedad o necesidad”.

La propuesta de Juliana desencadena en Bruno diversas emociones y sensaciones, incluso surgen en él ciertos temores e incertidumbres. En su caso, fuera del personaje, Ezequiel declaró: “En la vida en general mi miedo es que le pase algo malo a alguien que yo quiero, le temo más que si me pasara a mí. Por otro lado, en la profesión uno tiene inseguridades todo el tiempo. En general creo que actores y actrices somos seres muy inseguros y sensibles, de hecho, cuando termino de hacer una toma pregunto si estuvo bien, que trato de hacerlo cada vez menos porque como también dirijo, a veces esa pregunta constante, no sé si molesta, pero es de muy inseguro. Obviamente siempre se puede mejorar y está bueno que eso suceda. Para mí cada personaje es un desafío, entonces me genera una incertidumbre que considero buena y necesaria, tiene que estar en el trabajo pero no tiene que anular ni jugar en contra”.

Asimismo, el hombre ficticio a cargo de la vinoteca emprende un viaje introspectivo que le permite generarse múltiples interrogantes y bucear en su interior para hallar las respuestas que necesita, no solo para su vida individual sino también para la que comparte con su pareja. En cuanto a las cuestiones en las que considera una madurez personal y profesional, el artista confesó que se trata de su mayor confianza en ciertas cosas y también de su paciencia para que se cumplan, como ocurrió con El encanto. “Nuestra profesión genera ansiedad, ya que uno no tiene un trabajo fijo, termina un proyecto y está esperando a ver cuándo sale el otro, por eso yo también laburo mucho la autogestión y armo proyectos con amigos, más allá de como esté la industria, me gusta escribir y dirigir. Me respeto en la elección de los proyectos en los que quiero estar y si no aparecen intento generarlos”.

LAZOS ESTRECHOS

Ezequiel y Mónica se conocen desde mucho tiempo antes de El encanto, incluso previamente a sus trabajos como actores. Cuando era adolescente, Tronconi cantaba y tocaba la guitarra en una banda, donde el primo de Antonópulos era el baterista, por lo que el conjunto dio un show en el cumpleaños de 15 de la actriz. Tiempo después, la pareja protagónica del film se reencontró en la preparación de una obra de teatro que, aunque no llegó a concretarse, dejó las ganas de compartir un proyecto más adelante.

“Nos conocemos de toda la vida. De hecho, una de las primeras cosas que nos preguntó Juan fue cómo nos acordábamos el uno del otro en la adolescencia, como Monna me veía a mí cuando tenía 15 años y cómo yo recordaba a ella. Aunque no nos veíamos todo el tiempo, cuando surgió esta posibilidad de hacer la película juntos todo eso jugo a favor, porque nos mirábamos y aparecía nuestra historia”, relató Ezequiel y, luego, agregó: “Obviamente ella es una excelente actriz y por más que yo no la conociera desde antes también hubiese sido fácil y encantador trabajar con ella”.

El armado de los vínculos entre los personajes del relato cinematográfico fue artesanal, por lo que se abordaron en detalle las diferentes emociones. La actuación fue el eje principal que recorrió el desarrollo, ya que era indispensable para lograr la naturalidad y la verosimilitud en los lazos entre todos los sujetos de la ficción, tanto en aquellos que tenían un rol central como en los que contaban con una breve participación.

“Para una escena en la que había una discusión muy fuerte entre Bruno y Juliana, Juan nos propuso un ejercicio que consistía en llevar al set un objeto personal muy importante de nuestro pasado y, antes de dar toma, uno le mostraba el elemento al compañero, le contaba por qué lo había elegido, se lo daba para que lo tuviese en su mano, lo mirara y, luego, se devolvía. A continuación, nos mirábamos a los ojos y avisábamos que estábamos listos, por lo que hacíamos la escena con una gran carga emocional de un vínculo real entre los actores que, después, lo pasábamos al de los personajes”, detalló Tronconi.

Por otro lado, sobre la construcción del lazo con su padre en la ficción, interpretado por Boy Olmi, Ezequiel indicó: “Hacíamos ejercicios donde nos mirábamos un rato a los ojos, hablábamos de música, sobre todo de Soda Stereo, ya que Boy era amigo de Gustavo Cerati y yo soy fanático de él. De hecho, Boy trabajó en unas visuales de Dynamo y yo le contaba que fui a ver ese recital con mi viejo, por lo tanto había una conexión como personas”.

TIEMPO DE CAMBIOS

El encanto debuta en el marco del "Programa de estrenos durante la emergencia sanitaria", establecido por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) a través de la Resolución 232/2020. El filme se emitirá este jueves y sábado, a las 20, por el canal CINE.AR  y, desde este viernes, estará disponible durante una semana de forma gratuita en la plataforma CINE.AR Play.

Respecto a la modalidad del estreno, el protagonista destacó: “La verdad que lo veo como algo muy positivo y lo vivo con mucha felicidad, ojalá esto genere un cambio en la distribución y la exhibición de las películas argentinas de ahora en adelante. Está bueno porque mucha gente de todo el país la va a poder ver en la tele de su casa al mismo tiempo, por lo que será un estreno federal. Además, al otro día estará gratis para ver en la computadora. Me encanta lo que se generó con CINE.AR, una plataforma que vengo siguiendo un montón”.

El drama romántico será el segundo largometraje que Tronconi presenta al público de esta forma, ya que en mayo debutó en las pantallas de CINE.AR con el film El Maestro (2020), codirigido por Cristina Tamagnini y Julián Dabien, en el que compartía reparto con Diego Velázquez y Ana Katz. En dicho film personifica a Juani, quien deja su ciudad para alojarse en la casa de su amigo Natalio, un maestro de pueblo, y el vínculo entre ellos corrobora la suposición de la gente en torno a la homosexualidad del docente, lo que desencadena una serie de hostigamientos por parte de los habitantes del lugar.

UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA

El año pasado Ezequiel experimentó un viaje en tiempo y espacio, ya que se trasladó al convulsionado 1972 en Montevideo, donde transcurre la historia del film El año de la furia (2020), dirigido por Rafa Russo y con las actuaciones de Alberto Ammann, Joaquín Furriel, Martina Gusmán, Maribel Verdú, Miguel Ángel Solá y Tronconi, entre otros artistas. La historia se centra en Diego y Leonardo, dos guionistas de un conocido programa de humor de televisión, que luchan por mantener su integridad ante las presiones de sus superiores para que rebajen el tono de sus mordaces sátiras políticas y eviten ofender a los altos militares que se están apoderando del control del país. Mientras tanto, en el lado de los opresores, el teniente del ejército Rojas, que ha sido presionado para torturar a militantes o simpatizantes de la guerrilla de los Tupamaros, exorciza sus demonios con la prostituta Susana.

El año de la furia fue una de las experiencias más importantes de mi profesión, porque fue mi primera película en España y, además, trabajé con Maribel Verdú, una actriz a la que admiro desde hace mucho tiempo. Hace unos años había ido con Luis Fontal al Festival de Málaga por el film Congreso (2013), conocí a Maribel, nos sacamos una foto y, tiempo después, pude actuar con ella, compartiendo set y escenas, lo cual es realmente muy emocionante, de esas vueltas de la vida que uno dice ¡Qué loco! El largometraje me permitió conocer un director muy sensible y atento a los detalles, y actores y actrices increíbles, no solo por su calidad artística sino también humana”, valoró Ezequiel.

Comentarios