Rolando Gallego
23/07/2020 11:56

María Silvia Esteve debuta en el cine con Silvia (2019) un sentido documental que además de homenajear a la figura de su madre, se anima a desnudar el pequeño gran incendio que se replica en miles de hogares, a puertas cerradas, y en el que la negación y el silencio son los peores cómplices del asunto. EscribiendoCine dialogó con la cineasta para saber más detalles de una propuesta que interpela, conmueve y a la vez exige una mirada diferente sobre el asunto que trabaja. “Nuestras filmaciones sabían contar nuestra historia mejor que cualquier grabación mía. Tenía entonces que saber señalar el camino, para darle sentido al material”, sostiene.

Silvia

(2019)

¿Cómo surgió la idea de hacer la película?
En el 2012 empecé un largo documental sobre las historias de amor y locura de mi familia. Llegué a un corte de 72 minutos, lo llamé "Adioses", para poco tiempo después abandonarlo porque no lo sentía sincero. Tres años más tarde perdí a mi madre, y buscando entre filmaciones y fotos de ella, me reencontré con este documental. Al verlo entendí que a lo largo de esos 72 minutos, sin darme cuenta, el eje central del relato giraba en torno a la figura de Silvia, pero sin realmente ahondar en ella. Así que pasados los seis meses de su partida, y ante la impotencia de su muerte, el terror a olvidarla, me armé más o menos de coraje, y decidí re digitalizar nuestras filmaciones familiares. Empecé editando la secuencia del casamiento, y de a poco, fue surgiendo Silvia.

¿Cómo fue rever el material?
Fue realmente algo dual para mí. Porque por un lado era algo que dolía, y mucho, y por el otro era una necesidad, un respiro a la realidad. Rever el material era mi manera de tenerla a mi mamá cerca, conmigo. Y si bien de a ratos era desconocer su partida, a la vez significaba revisitar nuestra infancia y todo lo que dolía. Era ver cómo el tiempo fue ajando sus maneras, su espontaneidad, y cómo, tras pequeños detalles, gestos, se asomaba cada vez más un pasado ante el que yo era impotente y cuyo resultado ya conocía. Por eso fue también importante entender que tenía que encontrar la manera de valerme sólo de los VHS. Nuestras filmaciones sabían contar nuestra historia mejor que cualquier grabación mía. Tenía entonces que saber señalar el camino, para darle sentido al material y que quien no conociera nuestra historia, pudiera ver en las grabaciones familiares lo que yo veía.

¿Qué descubriste sobre tu mamá y cómo superaste las informaciones que iban apareciendo sobre sus vínculos?
Descubrí a mi mamá de joven, su frescura, su encanto de siempre. También comprendí su tristeza, lo difícil de su relación con su propia madre, con su padre, y la soledad que sintió a lo largo de su vida. El trabajar su historia como una “construcción”, el desglosar tan enorme infraestructura de pautas y mandatos, me permitió entender el entramado vincular de su vida, y por ende lo complejo de su relación con mi padre. Pero al desentramarlo, estructurarlo linealmente, y exponerlo, se volvió todo tan claro como doloroso. Y eso hizo que fuera un proceso terriblemente difícil, porque me exigía mucho, dolía mucho. Pero al mismo tiempo era algo que necesitaba hacer.

La película, además de trabajar el universo particular de tu familia, habla de un momento particular de la historia, deja legado también sobre eso, ¿cómo fue el proceso de contextualizarla?
Argentina post dictadura, la reinserción a la democracia, los tiempos de “bonanza”, los ‘90s, Sailor Moon, hasta la referencia de mi hermana a “los viajes a Disney”, son parte de una época, a veces muy argentina, latinoamericana. Esto era algo que hacía a Silvia, a cómo se sucedieron las cosas, y que decidí trabajar en la construcción total de la misma. Así como quise ahondar en la problemática de género como parte del entramado de film, y no como algo a explicitar en juicios y palabras concretas, lo mismo hice durante el proceso de contextualizar el relato. Y esto debía estar orgánicamente integrado con el racconto de los eventos, porque los mismos eran a su vez inseparables de su contexto.

Dentro del actual contexto de empoderamiento femenino y visibilización de situaciones familiares violentas ¿cómo crees que dialoga la película con eso?
Busqué que la película tratara el ser mujer dentro de una generación, la noción de la maternidad como una figura inherente al “sacrificio”. Por años se nos inculcó la concepción de un “amor romántico”. Pero este amor inherentemente incondicional, lleva consigo una ceguera muy grave y que en ciertos casos, y de diferentes maneras, pienso que habilita a que se justifiquen y perpetúen actos violentos en el marco de lo privado. Y si bien la violencia de género no es el eje del film, es parte de su construcción. Silvia busca exponer y visibilizar no aislando esta problemática como tema en sí mismo, sino inscribiéndola en una diégesis más compleja, más grande. Me era importante que se pudiera comprender desde un lugar que se sintiera más próximo, humano. Por esto era necesario ir de lo particular, para hablar en profundidad de lo general.

¿En algún punto sentiste que tal vez exponías una verdad que se calló por mucho tiempo y que alguien te podía reprochar algo?
En un Work in Progress se me dijo que esta película iba a ser algo de lo que me iba a arrepentir toda mi vida. Meses más tarde, en un festival en Italia, uno los jurados se paró en medio del Q&A, y me gritó, "¿y tu padre? ¿tu padre qué piensa de que esto que hiciste?" Sin embargo, puedo decir que soy consciente y me hago responsable de todo cuanto está en el film. Cada información cumple una función específica y es producto de mucho tiempo de debate conmigo misma, de andar y desandar dos años y medio de montaje. De entre todos los caminos que podría haber tomado, elegí el que creí más justo para quien hoy no está acá para defenderse. Porque sí, callamos mucho por mucho tiempo. Pero cuando perdí a mi mamá entendí que ya no había lugar al silencio. Entonces esta película trata sobre mí, mis hermanas, mi padre, mi familia. Pero a fin de cuentas, trata sobre Silvia.

Tu familia vio la película? ¿Qué devolución te hizo?
Temblaba el día que le mostré la película a mis hermanas. Hice una proyección en casa, entre las tres. Las había hecho sufrir tanto durante el proceso de hacer Silvia, de escarbar en lo que les dolía, de exponer porciones de su vida. Tenía tanto miedo de mostrársela. Al terminar la película, Victoria lloraba, me decía que había hecho algo hermoso. Alejandra no pronunciaba palabra. Estuvo una semana mal después de ese día. Me dijo que era tan difícil ver nuestras vidas de esa manera, expuestas ordenadamente, pero que entendía que éste había sido mi proceso, mi manera de amar a Silvia. Con las proyecciones en festivales y en el intercambio con diferentes personas que se nos acercaban para contarnos sus propias experiencias y vidas, mis hermanas vieron que con la película existía la posibilidad de resignificar nuestra historia, de que Silvia viviera a través de otros. Mi padre por su parte no la vio, y tampoco creo que le haría bien verla. Hay cuestiones que pertenecen a una vida que elegimos, decisiones que tomamos, que pueden no tener un cimiento ya en nuestro presente, pero que no por eso dejan de existir. Y a fin de cuentas, es como me dijo mi hermana, se trata de mi proceso. Silvia es una representación de un luto de casi tres años, donde antepuse a mi mamá, el que pudiera ser entendida, escuchada.

Uno logra imaginar a Silvia desde aquellos detalles que mostrás y contás, de todo eso, de los cumpleaños, de los bailes, de la música ¿qué es lo que más extrañás? ¿qué otros recuerdos tenías de ella y que por alguno motivo no llegaron a ser parte del relato?
Es difícil definir en palabras lo que más extraño de ella. Silvia era mi madre, mi hija, mi hermana, mi mejor amiga. La que te sostenía cuando caías bien profundo, la confidente de cosas vergonzosas, la nena adulta, la nudista sin vergüenza porque “teníamos que amar nuestros cuerpos”. Hay tantísimo de ella que quedó fuera de Silvia. Es que realmente me era imposible resumir nuestra vida, definir y encasillar a mi madre en la configuración de una película. Transformarla en “forma y contenido”. Silvia era inabarcable. Y las imágenes que me dio de mi infancia, de mi adolescencia, son preciosas y tantísimas, pero no hacen a una película que en hora y media tiene que dar al menos un atisbo de la complejidad de lo que pasó. Porque si bien un documental lleva consigo la ilusión de la realidad, es una construcción sobre la misma.

La película iba a tener su estreno en salas, ahora pandemia mediante se hace en Puentes de Cine, ¿cómo crees que ayuda a amplificar el mensaje y su sentido?
Creo que toda esta situación actual está cambiando la manera de consumir y recibir el cine. Si bien el estrenar online hace que Silvia sea más accesible, quita también la posibilidad de poder interactuar con el espectador tras la proyección, de tener un intercambio y nutrirse del diálogo. De alguna manera también me priva de cualquier tipo de control sobre la obra, y esto puede tal vez llegar a ser lo mejor para el film, para amplificar su mensaje. Porque a fin de cuentas están mis intenciones, lo que quise o no comunicar, y luego está la película, y la interpretación del espectador. A su vez, pensé la imagen, diseñé el sonido para que se vea y escuche en ciertas condiciones. Pero entiendo que el que pueda verse desde el hogar, desde lo privado, cuando se trata de una película tan íntima, tiene de alguna manera más sentido. Realmente espero que sea lo mejor para Silvia. Aunque supongo que a fin de cuentas es sólo cuestión de esperar y ver.

¿Estás con algún nuevo proyecto?
Llevo un poco menos de dos años trabajando sobre mi próximo proyecto llamado Mailin. Se trata de un viaje, un ir hacia atrás, hacia la infancia y adolescencia de Mailin Gobbo, quien sufrió 15 años de abuso en manos del sacerdote de su escuela. La película busca reflejar el proceso de reconstrucción de la memoria de un evento traumático, para reflexionar sobre el ser madre, la infancia, y el cuerpo femenino como no pertenencia. Mailin es un gran collage de materiales, con un fuerte costado experimental, que mezcla archivo, filmaciones familiares de celular, fotos, y animaciones de dibujos hechos por la protagonista y su hija Ona. El proyecto hoy cuenta con una coproducción francesa, y ha tenido ya su camino en laboratorios y Workshops, como La Bienal Arte Joven Buenos Aires, e IDFA Summer School.

¿Qué vas a hacer el día del estreno en particular y a distancia?
Vamos a hacer videollamada con mis hermanas. Porque en este día en particular, pienso que el que estemos unidas a pesar de la distancia, es muestra del hogar que nuestra mamá nos creó. Es un hogar ambulante, cambiante, que no tiene raíces, sino cimientos que no requieren de una tierra a donde arraigarse. Y mientras exista este hogar, Silvia estará siempre presente.

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