Rolando Gallego
30/06/2020 10:53

La directora chilena María Paz González (Hija) presenta Lina de Lima (2019), una premiada obra protagonizada por la peruana Magaly Solier (La teta asustada) que narra la historia de una mujer luchando por sus deseos en un lugar ajeno a su idiosincrasia. "La película es efectivamente la historia de una migrante pero también de una trabajadora, la de una madre y la de una mujer que observa sus deseos y les da un espacio lejos de su casa”, cuenta en una charla con EscribiendoCine.

Lina de Lima

(2019)

¿Cómo nació el proyecto?
A partir de observar cómo está cambiando el proceso migratorio, que en la última década venía cambiando nuestra cultura, haciendo que nos relacionáramos más con los países vecinos y del resto del continente. En Chile éramos un país bastante aislado y eso ya va quedando atrás. Me interesaron las mujeres peruanas por la cercanía con historias que conocí. Partí investigando un documental y terminé haciendo una ficción con episodios musicales. No sé bien cómo pasó. Fue mutando la película, encontrando su forma, no fue un desafío hacer una primera ficción sino que se convirtió en eso.

¿Fue difícil encontrar a la protagonista?
Me demoré en llegar a Magaly Solier un poco porque estaba buscando algo más cercano a las mujeres que conocía acá. Pensé mucho en actrices naturales, pero no era fácil pues se trata de una historia donde la protagonista está en todos los planos de la película y tiene muchas exigencias de diálogo. Trabajar con Magaly fue fundamental. Ella conoce muy bien la realidad que retrata y fue ella quien terminó de desarrollar el personaje.

¿Siempre quisiste mezclar “el realismo mágico” con la ficción más tradicional?
Siempre fue una idea trabajar con episodios musicales, no sabía bien cómo, la forma específica fue apareciendo en el proceso. Más que realismo mágico, siento que se trata de espacios de ensoñación que tienen un lugar bien específico en la historia. No es que la realidad se transforme, irrumpa o se distorsione. Es una forma de visibilizar el mundo interior y las contradicciones de la protagonista, un espacio colorido que se relaciona con el imaginario de Perú, su país de origen.

Más allá de sus necesidades, Lina es un personaje femenino fuerte, que va a por sus deseos y pasiones ¿cómo fue desenmarcarse del tradicional estereotipo sobre la empleada doméstica en la región?
Me importaba mucho mirar al personaje de Lina desde una perspectiva de género. En ese sentido la película es efectivamente la historia de una migrante pero también de una trabajadora, la de una madre y la de una mujer que observa sus deseos y les da un espacio lejos de su casa. Los mujeres migrantes tienen un motor interior que es especial, no es gente que se queja, es que gente que le hace frente a la vida en todos los planos y quise plantear la película desde ese lugar. Creo que ese tipo de mujeres son las que se encuentran en la vida real y ellas fueron mis referentes, mucho más que las construcciones de migrantes que se puedan hacer en las películas.

¿Qué fue lo más difícil de rodar?
Los musicales de todas maneras. Filmamos uno en Perú con un equipo muy reducido y muchísimos niños. Una locura. Pero fue muy lindo también, aprendí muchísimo.

¿Cómo fue congeniar la producción siendo que hay varios países y actores de varios lugares involucrados?
Para mí fue un placer la verdad. Creo que en una película que habla de la migración es bien natural coproducir con los países vecinos y con productores amigos. En el rodaje el trabajo fue mucho más con Perú, mientras que el montaje y toda la postproducción fue toda en Argentina. Estoy muy agradecida de Edgardo Castro y Cecilia Cartasegna, actores argentinos que fueron muy generosos y que aceptaron sumarse a pesar de tener pequeñas apariciones.

¿Cómo seleccionaste las canciones, también claves del relato?
Salvo la canción final de los créditos, toda la música fue compuesta y trabajada especialmente para la película. En cada una de las letras se trabajan diferentes conflictos interiores del personaje. Los fuimos armando inspirándonos en distintos ritmos de Perú. Sonidos que tienen que ver con colores y también con paisajes. Fue un trabajo colectivo que tuvo varias etapas y en los que participaron músicos chilenos y peruanos super talentosos.

¿Cómo te sentís al estrenar la propuesta en CINE.AR?
Uno sabe que no hay como una sala de cine pero en estos tiempos internet está convirtiéndose en un gran aliado para acercarnos a nuevos públicos. Hay un gran público que muchas veces es prejuicioso sobre el cine latinoamericano, lo tildan de aburrido, de lento y creo esto nos da una posibilidad de acercarnos a una audiencia que está en su casa y que esta vez está dispuesta a ver. Me encantaría que esta película la pudieran ver migrantes por ejemplo, que suelen ser personas que tienen poco espacio para consumir cultura. Es una linda posibilidad dentro del actual escenario actual.

¿Estás con algún nuevo proyecto?
Si, varias cosas. Trabajando en algunos proyectos documentales que están parados porque íbamos a filmar este año y también estoy trabajando en Morir de Pie, una nueva ficción que estoy desarrollando y que combina algo de thriller con un como de humor negro. Creo que en la ficción me interesan los géneros, pero soy lenta para trabajar y me demoro en entender a los personajes y sus mundos.

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