Rolando Gallego
19/06/2020 12:34

El realizador uruguayo/húngaro Gabriel Szollosy (Adagio, Tango con Rodolfo Mederos) presenta Los versos salvados (2020) una producción documental que narra la lucha de Celina Galeano por mantenerse firme a sus convicciones, a sus ganas de vivir y a ideales que la sangrienta dictadura cívico militar le arrebató de joven junto a su familia.  Esta coproducción uruguayo/argentina se verá por CINE.AR con un mensaje que demuestra que las heridas siguen abiertas y que la poesía y literatura nos salva. "Hace muchos años que hago películas, y cada una deja una nueva enseñanza", dice en una charla con EscribiendoCine.

Los versos salvados

(2020)

¿Cómo conociste a Celina?
Un vecino fue quien me presentó a Celina. Vivo en una cabaña alejada, en la playa y ella, a la misma altura que yo, pero unos kilómetros tierra adentro, en el medio del campo. La llamé y al rato me estaba visitando. Nuestro amigo en común le había comentado que yo preparaba un buen café y esa fue la excusa. Tanto ella como yo vivimos una vida bastante tranquila y alejada. Para quien vive así, una invitación a tomar un café puede significar un acontecimiento especial. Y así lo sentimos, así lo vivimos, porque así es.

¿Qué fue lo que más te impactó de su relato?
A esta altura, Celina es de mi círculo más íntimo de amistades. Tenemos una relación muy horizontal, totalmente personal. Por eso, a este nivel, estoy más allá de “impactos de relato”. Ahora, desde el punto de vista del cineasta, y como documentalista, existe la empatía que, al nivel relato se traduce en el alter ego. El autor se reconoce a sí mismo en el personaje, a través de su historia puede comunicar sus propios desvelos, puede observar y asombrarse de su propia imagen. La posibilidad está siempre presente, y no solo para un cineasta, pero el relato del personaje funciona como un plumero que comienza a desempolvar un espejo. Ese espejo va devolviendo poco a poco, cada vez con más nitidez, la imagen de quien lo observa. El autor, en todo caso, decide cuánto polvo quitar y cuánto dejar. De la historia de Celina, con todo lo desgarradora que pudiera resultar, que lo es, sin duda, lo que me conmovió fue lo primero que hablamos con el café. Ella me contó que desde siempre escribía poesía y cuentos, y que desde hacía años estaba buscando que le publicaran pero no había tenido suerte. Vamos, para un documentalista es una historia archiconocida. Somos los patitos feos del cine.

¿Cómo la convenciste para que hiciera la película?
En ese primer encuentro terminé pasándole algunas de mis películas. Unos días después fue ella quien me invitó a su casa. Me dijo que le habían gustado mucho, que le llamó la atención mi poética y que quería contarme su historia. Llevada por la idea de salvar sus versos fue ella quien me dijo de hacer una película. Entonces recién ahí me contó algo. Conversando más tarde con un amigo, hablábamos de Celina y él me dijo algo que utilicé luego como guía o espíritu de mi escritura, el rodaje y el montaje de la película; me dijo: “¿viste cómo los que estuvieron presos o torturados por la dictadura nunca cuentan nada, siempre te enterás por otros?

¿Hubo algo que te haya pedido que no esté o no se muestre en la película?
Nada en absoluto.

¿Cuánto tiempo rodaste? ¿Conviviste con ella?
El proyecto completo duró unos cinco o seis años. Fue muy complicado conseguir fondos. El apoyo oficial en Uruguay fue casi nulo y la película se pudo financiar gracias a los coproductores de Argentina y Colombia. Durante todo este tiempo hubo cambios de gobiernos en los tres países, lo que significa enlentecimientos burocráticos y, a nivel personal, tuve un infarto dos meses antes de comenzar a rodar, luego perdí a mi padre y, apenas cerramos la post, murió mi madre. Todas esas cosas, creo, que están en la película, conviví con mi propia vida que está toda allí metida. Ahora, con Celina no conviví. Conviví con la película. En cuanto al rodaje tuvimos dos etapas fuertes en su casa, sumado a algunas visitas esporádicas, un rodaje en General Pico y otro en Buenos Aires.

¿Qué descubriste durante el rodaje?
Hace muchos años que hago películas, y cada una deja una nueva enseñanza. Con el pasar del tiempo se van convirtiendo en cosas más sutiles: cómo pega una luz, un pequeño gesto en un rostro, un auto que pasa por detrás en el momento justo… esas maravillas que tiene el cine y que luego nadie se da cuenta. Luego uno lo ve –el único que lo ve– y se le dibuja una sonrisita que es solo para uno mismo. Esas son las cosas por las que vale la pena de hacer películas. Con Los versos salvados aprendí algo que no me había dado cuenta: que cuando el director aparece delante de cámara, yo nunca había aparecido antes en una película mía, pasa a ser personaje. Eso me ayudó mucho a sobrellevar los momentos de cuestionamiento ético, que, por suerte, nunca faltan.

¿Qué dijo Celina cuando la vio?
Hicimos una presentación en mi casa. Estaba también su hija Fernanda, la coprotagonista de la película, sus hijos, y más gente de la familia. A mí se me hizo interminable. No se movía una mosca. La vieron y dijeron que “qué buena”. Menos mal que había unos sandwiches y gaseosas y estábamos todos con hambre. Rápidamente pasé a eso, estaba muy nervioso. Con el paso de los minutos me fui tranquilizando y en el uno a uno me fueron felicitando. O, mejor dicho, fueron elogiándose entre los diferentes personajes. Es bueno cuando no hablan del director, como cuando en el fútbol nadie habla del arbitraje. Estuvo bien. Vieron la película solamente esa vez. No les he pasado el link.

¿Qué te gustaría que pase con la película?
Soy un militante del cine documental. Ojalá que Los versos salvados esté aportando algo a este arte. Hemos pasado unos años de auge, pero siento que lentamente el terreno que habíamos ganado ha sido tomado por otras fuerzas que no son lo cinematográfico. La mutilación de una película de acuerdo a su temática, por ejemplo con festivales específicos, que hoy son la mayoría, ha complicado enormemente las cosas. Se pretende que una película sea solo su temática. Aunque yo no entiendo qué temática tiene Los versos salvados, ni ninguna de las otras que he hecho. En este sentido, soy un férreo defensor de la postura del ruso Andrei Tarkovski sobre que el cometido del cine, y él se refiere incluso más al documental, es “atrapar la vida”. Espero que en Los versos salvados haya podido lograr algo de eso.

¿Sensaciones de estrenar primero en TV?
No sé si es por lo anarquista, o por lo anárquico, o porque simplemente ya llego sin fuerzas a esta etapa, nunca estuve muy involucrado en las presentaciones de mis películas. Para mí, Los versos salvados ya fue estrenada en mi casa. Los cineastas uruguayos tenemos una ventaja frente al resto: de entrada nomás estamos liberados de la esperanza del éxito. Para un uruguayo, que te vean cuatro ya es una gran taquilla. Y en mi casa éramos una docena.

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