Rolando Gallego
04/06/2020 11:37

De acá a un tiempo la guionista, directora y actriz Jazmín Stuart se ha posicionado en el cine y la televisión local gracias a una cuidada selección de participaciones en diferentes proyectos. En La fiesta silenciosa (2019) de Diego Fried encarna a Laura, una mujer que decide ir por sus deseos sin saber lo que desencadenaría. “El desafío más grande del personaje para mí era cómo hacerlo de manera orgánica, que no sea sólo acción, que tenga un trasfondo psicológico”, cuenta en una charla con EscribiendoCine.

La fiesta silenciosa

(2019)

Se estrena en CINEAR pero vos la viste en pantalla grande en Mar Del Plata…
Verla en pantalla grande fue movilizante, no la había visto con el sonido terminado, con el trabajo de sonido y la música ganó mucho. Fue distinto verla en el cine, la película me encanta, amo la película.

Uno dice eso pero a Laura le pasa de todo…
Sí, y cada vez que la veo le encuentro más capas de lectura e interpretación, se generó en proyecciones charlas sobre la violencia y el vínculo entre Laura y su padre.

Que eso no está del todo desarrollado en la propuesta…
Sí, y lo bueno es que la película interpela, incomoda, sacude, genera que te agarres del asiento, es una sensación muy interesante, que te pase algo en el cuerpo cuando ves una película. Es muy inquietante.

¿Por qué aceptaste el rol?
El contraste es lo que más me interesa y es lo que más quiero como actriz. El personaje femenino de La fiesta silenciosa se desmarca del rol habitual, el ejercicio de la violencia en un personaje femenino sigue siendo tabú, me encanta eso, que se violenta, acciona desde el desgarro, había algo que me parecía muy interesante, y también el punto de partida del personaje, una mujer, de cuarenta años, que recién a esta altura de la vida decidió casarse, pero que en el fondo no le cierra, se siente incómoda en ese vestido de novia, se siente ahogada, y ese planteo y también el triángulo vincular entre el padre todopoderoso, y el novio, débil, frágil, y ella en el medio.

Y ese triángulo que se espeja del otro lado de la ligustrina…
Sí, totalmente, me parecía muy interesante trabajar todo ese entramado de cosas, con cosas tan extremas, todo, cuando decide accionar es muy extrema la valentía que tiene, la forma en la que lo hace, el desafío de cómo lo ejecuta, el desafío más grande para mí era cómo hacerlo de manera orgánica, que no sea sólo acción, que tenga un trasfondo psicológico, que todo el tiempo veas cómo le funciona la cabeza, qué le está pasando.

Además la fuerza con la que dialoga con la agenda…
Tiene muchas aristas la película y el personaje pasa por tantos estados distintos que era imposible decirle que no, era una oportunidad enorme y fue un placer. Hace poco participé la película de Agustín Rolandelli, y en la nueva película de Sebastián Perillo, Perro demonio, un entrecruce de géneros, junto a Luciana Grasso y Esteban Lamothe y mi personaje, es una madre super incorrecta, muy fallida.

Por suerte aparecen algunas en el cine argentino…
Claro, me interesan esos personajes que generan cierta incomodidad. Hasta el personaje de Las buenas intenciones (2019) lo tenía, como una falta de calidez, que se me escapaba en el rodaje y Ana, la directora, me decía más fría.

¿Cómo hacés, como interprete, para descargar la tensión de un rodaje con un rol tan cargado como el de Laura?
Cuando era más joven me despegaba más fácil, tal vez porque iba menos hondo, y ahora que voy más hondo me cuesta despegarme. Es difícil de entender para el que no es actor, pero uno se autogenera estados de ánimo y sensaciones y eso impacta en el cuerpo y cuando la escena terminó uno quiere salir rápido pero a veces el cuerpo no puede. Hoy me permito no apurarme para salir. En La fiesta silenciosa me paso que decían corte y me iba alejando 100 metros a caminar y llorar, es saludable, y si no me lo permitiera me quedaría algo dentro, es importante que las emociones drenen, antes no lo hacía.

¿Cómo sigue el año?
Se tienen que estrenar varias películas, pero tengo que definir mi cuarto largometraje.

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