Matías E. González
16/05/2020 12:50

Hay docentes que dejan huellas en sus estudiantes, ya que no se limitan a enseñarles los contenidos curriculares, sino que, además, les brindan afecto y los auxilian frente a distintas inquietudes y necesidades. Este es el caso de Natalio, el personaje interpretado por Diego Velázquez en El Maestro (2020) que, durante años, recibió halagos y muestras de cariño por su compromiso y pasión con la profesión. Sin embargo, cuando los habitantes del pueblo confirman los rumores sobre su sexualidad, padece falsas acusaciones, discriminación y hostigamiento que atentan contra su vocación. Escribiendocine dialogó con Velázquez sobre su experiencia en el film codirigido por Cristina Tamagnini y Julián Dabien, su paso por la escuela y sus búsquedas artísticas. “El cine fue mi refugio”, sostuvo.

El Maestro

(2020)

EN LA MIRA

Cada película implica un proceso que puede llevar varios años desde la idea inicial hasta el encuentro con los espectadores. El primer conocimiento de Diego Velázquez respecto al largometraje fue tras la grabación de La Casa (2015), la serie donde conoció a Julián Dabien, que era uno de los técnicos de la ficción audiovisual. Julián le escribió para contarle sobre el proyecto y le envió una primera versión del guion que había escrito Cristina Tamagnini. Al actor le interesó la propuesta y fue en 2018 cuando cuadraron las agendas y se concretó el rodaje.

“Me interesaba el recorrido que hacia Natalio. Alguien que había encontrado una manera de convivir con la comunidad de la que forma parte, y además siendo respetado, pero con ciertas cosas que no podía dar a luz, en este caso, su sexualidad”, contó Diego y, luego, agregó: “Es alguien que ocupa un lugar importante en esa ciudad, no es un outsider, y cuando corre mínimamente el límite que le ponen, esa sociedad se le viene en contra y queda develada la hipocresía de la gente que hasta hace muy poco lo aplaudía y, ahora, lo señala con el dedo por un motivo que tiene que ver con un acto de discriminación liso y llano”.

El rechazo de varios habitantes del pueblo hacia Natalio surge cuando el docente recibe en su casa, que comparte con su madre (Georgina Parpagnoli), a un amigo (Ezequiel Tronconi). El vínculo entre ellos corrobora la suposición de la gente en torno a la homosexualidad de Natalio y, por esta razón, no solo pretenden apartarlo de su trabajo en las aulas sino, también, distanciarlo de sus alumnos, entre ellos de Miguel (Valentín Mayor Borzone), un niño que siente gran admiración por su maestro.

Si bien la historia está ambientada en la década del 90, la problemática que aborda continúa vigente en la actualidad, ya que diversas personas son discriminadas y violentadas por su orientación sexual. “Siempre tenemos noticias de ese estilo y en las ciudades del interior es aún más duro. Son necesarias muchas más películas mientras siga sucediendo. Lo interesante es que, esta historia está contada desde Salta, por gente de allí, no es una visión porteña más de la situación”, señaló Velázquez.

CAÍDA LIBRE

Para la construcción de Natalio, el actor partió del guion y, a su vez, miró varios films, entre ellos, El lugar sin límites (1977), de Arturo Ripstein. No obstante, en el largometraje mexicano la situación es diferente ya que hay un mayor nivel de exposición de la protagonista frente al pueblo. “Natalio es víctima de su propio conservadurismo, eso también me parecía interesante, porque es alguien que, en un punto, acepta la represión a la que es sometido, ya que no se fue de la ciudad, hasta que no la acepta más, creyendo que no hay riesgo en eso, y se le viene en contra”, consideró. Asimismo, planteó: “Tiene que ver también con ciertas dinámicas de ciudades más chicas donde quizás se sabe que alguien es homosexual pero como no se lo ve hacer nada, ni está con nadie y no lo expone, entonces, está permitido”.

Durante el transcurso del relato, el docente enfrenta el desmoronamiento de su vida, debido a que todo lo sembrado durante tantos años de profesión es destruido por los juicios de valor de la comunidad. Para el abordaje del camino que transita el maestro, el actor trabajó escena por escena, junto al resto del equipo, y pudo comprender todo lo que le ocurría al personaje.

“Considero que lo que él no puede creer, más allá de esta discriminación con la que lo señalan, es por qué, si él fue el mejor alumno de esa sociedad: hizo lo que tenía que hacer, progresó y logró respeto. Siente que esa comunidad lo traiciona en un punto, y lo ve claramente cuando le sacan la obra de teatro que tiene que hacer con sus alumnos, que era su sueño del año”.

UN VIAJE PARA RECORDAR

La ópera prima de Cristina Tamagnini y Julián Dabien se llevó a cabo en la localidad de La Merced, en Salta. Velázquez, Tronconi y Ana Katz viajaron desde Buenos Aires y se encontraron con los actores y actrices salteños, con quienes compartieron el largometraje. Para Diego, cada jornada de rodaje fue intensa, ya que al ser el protagonista de la historia estaba presente en la mayoría de las escenas. Por lo tanto, lo pasaban a buscar muy temprano por la mañana y retornaba al lugar donde se hospedaba por la noche.

“Hay algo de poder ir a filmar un mes al lugar donde vas a trabajar que está buenísimo. Te hace concentrar el trabajo mucho más, estás todo el tiempo pensando en eso y no hay ningún tipo de distracción”, destacó. Asimismo, mencionó: “No había posibilidad de muchas retomas, entonces, había que estar bastante atento, ser práctico y preciso, sin mucho tiempo de enrosques, sino a ir con las cosas en la cabeza lo más claras posibles, dejando que el momento de rodaje deparara las sorpresas que da siempre y ver si se podían tomar”.

En sintonía con la experiencia en suelo salteño, el actor manifestó su interés por compartir proyectos con colegas oriundos de diferentes partes del país. “En Capital Federal circula un montón de información, hay muchas escuelas y obras, y el teatro también sucede en el interior. Les es más difícil acceder al cine, que claramente es caro y requiere dinero, pero es necesario que se haga más. Imaginate en el país enorme que tenemos si se contaran historias desde todos lados y se escucharan otras voces. El concurso Raymundo Gleyzer es un intento en cierto modo. Es difícil pedirlo en este momento, pero es necesario”.

DÍAS ESCOLARES

Así como Miguel asiste a las clases dictadas por Natalio en el colegio, Diego viajó por un instante al pasado y recordó su paso por las aulas en Mar del Plata, ciudad en la que vivió durante su infancia y adolescencia. Los primeros años los cursó en la Escuela Primaria Nº19 y, la secundaria, la hizo en otra institución en la zona del Puerto.

“Me sacaba buenas notas, no siento que me haya costado. Lo recuerdo más como un lugar de encuentro con otros, con mis amigos. En la secundaria ya sos más grande y, por ahí, entablas otro tipo de vínculo con algunos compañeros o profesores. Los recuerdos más lindos que tengo de los docentes tienen que ver con alguien que te da espacio, te deja desarrollarte más allá de lo que se está pretendiendo aprender y te alienta a que eso que hay en vos, humano, artístico o lo que sea, pueda tomar vuelo. La vida pasaba por ahí, era algo que te armaba la rutina, no me imagino una niñez sin escuela, aunque sé que las hay”, sostuvo.

MÁS ALLÁ DE LOS SUEÑOS

Las expresiones artísticas acompañaron a Diego desde su niñez, por lo que dibujar estaba entre sus actividades preferidas. De más grande, se adentró en el mundo del cine como espectador, por lo que ocupaba gran parte de su tiempo en relación al séptimo arte. Como aún no había Internet, el acceso a la información era más acotado, entonces, cada dato cinematográfico que obtenía representaba un gran logro.

“No llegaban las revistas de cine a Mar del Plata, pero en la Biblioteca Municipal había, entonces, me iba a leerlas ahí. También estaba atento al suplemento que salía en El Cronista, que traía fichas de actores, información de películas y del cine en general. Además, es algo que abrís y no tiene fin. En mi caso, entré al cine por las películas de acceso más fácil, quizás las comerciales de los 80 y los 90 pero, después, descubrí todo lo que hay en cada país, toda la historia, y es infinito. Era ir a la escuela, volver y hacerme unos cuadernos de cine, que todavía los tengo, recortando las críticas y los afiches que salían en el diario, y haciéndoles el diseño”, rememoró.

Al culminar la secundaria, cursó el primer año de Artes Visuales y empezó a estudiar teatro en su ciudad, como una excusa para ver qué se le podía pedir a un actor siendo director. De todos modos, quedó fascinado al experimentar en primera persona las artes escénicas. Al año siguiente, se mudó a Buenos Aires con dos metas: intentar actuar y dirigir. Hizo un año en la escuela de cine de Avellaneda y, finalmente, ingresó de lleno en la actuación.

“No sé cuál fue el momento, si de ver Cuenta conmigo (Stand by Me, 1986) y decir 'Quiero ser parte de eso', o ya un poco más grande al ver Mi mundo privado (My Own Private Idaho, 1991). Son cosas que sentía también como refugio y cuando lo encontras, no te queres ir de ahí. Yo siento que el cine lo fue, la cantidad de horas que le dediqué a esos cuadernos, a buscar, a ver si llegaban películas nuevas al videoclub, era intenso”, desarrolló.

La lista de participaciones de Velázquez en obras artísticas, ya sea en el escenario, en la pantalla grande o chica, es extensa y, a su vez, ecléctica. El actor ha demostrado su versatilidad al interpretar personajes divergentes. “Es un camino en el que todavía siento que falta un montón, descubrí que me gusta y que me da placer encontrarme con las dificultades que tiene este trabajo para mí”, consideró.

Sobre sus principales motivaciones en torno a la profesión, indicó: “Me gusta formar parte de proyectos que me incentiven el deseo, que me den ganas e intriga, tengan riesgo para mí o intuya que ahí se puede desarrollar algo que no existe, ya que uno está creando con otros y le está dando vida a objetos nuevos, como son las películas. Encontrarme con otros que están queriendo lo mismo, algo similar, o están tratando de articular sus propios deseos”. Caso contrario, en cuanto a lo que menos le interesa, expuso: “Es cuando tengo que elegir por otras razones. Me gustaría poder mantener las elecciones siempre del lado del deseo, pero no es sencillo, primero, porque no todo el tiempo uno puede elegir qué hacer, y porque no soy tonto y tengo que vivir”.

La vocación es un eje que atraviesa toda la historia de El Maestro, de hecho, es el motor que mantiene viva la pasión de Natalio por su profesión. Fuera de la ficción y en base a su experiencia, Diego reflexionó sobre la cuestión: “La vocación existe relacionada al deseo, es algo que uno quiere mucho y que trabaja para conseguirlo porque le hace bien, es el lugar de felicidad propio, el refugio. En mi caso, tiene que ver con un deseo muy grande de querer, primero, ser parte del cine y, después, actuando. La ilusión hace que quieras y trabajes para eso y, si encima te va un poco bien y aparece la respuesta de los demás, decís 'Bueno, por ahí mi anhelo no era tan descabellado'”.

UN VERANO ENTRE CARPAS

Este mes, en CINE.AR Play- Estrenos debutará el film Camping (2020), dirigido por Luciana Bilotti, que también cuenta con la actuación de Velázquez. Allí, interpreta a Marcos, un hombre que se mantiene recluido en su velero durante un fin de semana que aparentaba ser familiar. Si bien había ciertas dificultades de agenda para concretar el proyecto en 2018, el actor pudo fusionar el rodaje de lunes a miércoles en Mendoza y, de jueves a domingo, hacía La Terquedad en el Teatro Cervantes.

“Tenía ganas de formar parte de la película porque el guion me había gustado y yo era el único que no era mendocino. Me interesa ver en qué andan otros actores, qué piensan de la actividad, cómo encaran un rodaje y esa era una posibilidad”, manifestó. Además, valoró: “Que te inviten a formar parte de una ópera prima, como también me pasó con El Maestro, es lindo y un gesto a considerar. Hay alguien que quiere que a eso que escribió o se imaginó durante tanto tiempo seas vos quien le preste el cuerpo. Para mí es un acto no menor y trato de ser cuidadoso con eso”.

Respecto a su vínculo con los campamentos, recordó: “Éramos tres familias y todas las fiestas íbamos al camping El Griego, en Mar del Plata. Pasábamos dos semanas y estaba buenísimo”.

UN RETORNO ESPERADO

Los siete locos y los lanzallamas fue una de las series destacadas del 2015, que tuvo su emisión en la TV Pública y cuya historia se basó en las novelas del reconocido escritor, periodista e inventor argentino Roberto Arlt. Sin embargo, la obra audiovisual protagonizada por Velázquez no concluyó en ese momento, debido a que los directores de la ficción, Ana Piterbarg y Fernando Spiner, tuvieron la idea de transformar la serie en un largometraje, que lleva el título de su personaje protagónico Erdosain (2020).

“¡Estoy re contento! Creo que a muchos de los que formamos parte de esa serie nos marcó bastante porque hacerlo fue muy gratificante y disfrutable. Con Fer y Ana se armó un vínculo de conversación que agradezco un montón, sentís que al otro le interesa trabajar con vos de manera más profunda. El proceso de adaptación que hicieron es descomunal y que haya quedado así es para aplaudirlos. El film no invalida la serie, quien lo ve y se interesa por la historia y los personajes, si mira Los siete locos… agrega un montón de información. Ahora existen las dos cosas y hay una excusa más para seguir celebrando a Arlt”, distinguió.

SANTOS Y PECADORES

Un nuevo viaje a los 90 pero, esta vez, en los bajos fondos de Buenos Aires. Allí se enmarca la serie Entre hombres (2020), dirigida por Pablo Fendrik y basada en la novela homónima de Germán Maggiori, que se estrenará próximamente por HBO. Diego y Gabriel Goity personifican a dos policías y también aparecen en las calles los maleantes, encarnados por Nicolás Furtado y Diego Cremonesi, entre otros personajes.

“Es una serie muy de duplas, por lo que prácticamente al único que vi actuar fue al Gabriel Goity. Armamos como un matrimonio de policías que son el terror del Conurbano”, adelantó el actor entre risas y, luego, añadió: “Es un policial híper explosivo y violento, donde no se salva ningún personaje, son todos muy desagradables. Para mí, es como una serie de villanos de cuatro capítulos, con muchos disparos y sangre”.

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